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Publicado el 7 Marzo, 2018 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

ÁFRICA

Tillerson tiene pica pica

Le precede su fama como presidente ejecutivo de Exxon Mobil, como negociador e impulsor de acuerdos en países africanos. Ahora se las quiere dar de comerciante pero China le duele demasiado como para ignorarla en su reciente gira

 

El secretario de estado norteamericano Rex Tillerson es recibido por el ministro de relaciones exteriores de Etiopía Workneh Gebeyehu (mcclatchy-wires.com)

El secretario de estado norteamericano Rex Tillerson es recibido por el ministro de relaciones exteriores de Etiopía Workneh Gebeyehu (Foto: mcclatchy-wires.com)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

En 2009 la Historia cambió: China superó a Estados Unidos, convirtiéndose en el mayor socio comercial africano. Esto se hizo más fuerte tras la visita del presidente del gigante asiático, Xi Jinping, en el año 2013 y del primer ministro Li Keqiang. Entonces el llamado Gigante asiático mostró su disposición de reducir el papel de los recursos naturales en las relaciones con el llamado continente negro para centrarse más en la cooperación sobre el desarrollo, incluida la infraestructura, recursos humanos, redes de transporte y medicina.

Sería muy efectivo para lograr un clima de confianza y paz a nivel internacional, que Occidente y Estados Unidos dejaran de señalar a China como “otra potencia colonizadora” porque con eso solo pretende crear una matriz de opinión muy negativa, y relegar a segundo plano la esencia del asunto: El gobierno y el Partido Comunista chino, e incluso los empresarios privados que invierten en África, no le exigen ningún condicionamiento político y mucho menos procura, como la Casa Blanca de todos los tiempos, que siga sus mismos preceptos de democracia.

Pero sería como “pedirle peras al olmo” que el imperio cambie de actitud. De manera que el secretario de Estado de los Estados Unidos, Rex Tillerson, previo a su gira africana criticó el compromiso económico de China. Durante su discurso en la Universidad George Mason en Virginia, poco antes de emprender su visita de una semana a Chad, Djibouti, Etiopía, Kenia y Nigeria, el flamante funcionario, del mismo estilo empresarial que Donal Trump, aseguró que “China fomentaba la dependencia, utilizaba acuerdos corruptos y ponía en peligro los recursos naturales”.

La vida nos ha enseñado que el Tío Sam no hace nada por gusto.

O sea para redondear la idea, que esos objetivos a la Casa Blanca no se les cruzan por la mente en relación con la región. Y como de costumbre ofreció una curita en vez de asumir el atraso secular de África como herencia del colonialismo, y en períodos recientes a la implementación del neoliberalismo como esquema de gobierno a pesar de los esfuerzos individuales de muchos gobiernos, honestamente preocupados por sus pueblos. Sin embargo, muchos de los presidentes africanos se ven frenados por trabas financieras de las transnacionales y los reales círculos de poder que no han renunciado a las riquezas africanas.

Ahora Tillerson también anunció un millonario paquete de ayuda humanitaria que deberá socorrer  a las personas afectadas por la escasez de alimentos y el conflicto en Somalia, Sudán del Sur, Etiopía y la cuenca del Lago Chad. El imperialismo yanqui se caracteriza por el asistencialismo en previsión de cambios reales, y a estas horas no sabe qué otra cosa hacer frente a la pujanza de China por esos lares. Nada, como decimos en Cuba: Al Secretario de Estado le entró pica pica, por lo que en un amago de sinceridad admitió que “la seguridad y la prosperidad económica de nuestro país están vinculadas con las de África como nunca antes”. Muy bien que lo sabe de primera mano debido a sus múltiples viajes a África en su anterior carrera como ejecutivo petrolero.

Entonces frente a la preponderancia china, Washington se ha percatado que ha perdido terreno en un área geográfica bendecida por la naturaleza, blanco de botín de cuanto mercader ha tenido la humanidad, exceptuando aquellos que siguieron y siguen normas limpias en el juego del trueque. Ante la independencia ganada en lo político por las masas africanas en los 60, 70 y hasta 80 del Siglo XX, Estados Unidos y Occidente buscaron estrategias menos invasivas en apariencias pero que comprometían la unidad nacional de muchos países aprovechando las divisiones étnicas, religiosas y tribales.

Contextualizando la gira de Tillerson no por gusto este personaje se dirigirá hacia algunas naciones que se han caracterizado por los conflictos antes mencionados o por representar economías boyantes como la de Nigeria o proyectos sociales de altos vuelos como el etíope, a partir de la notoriedad de sus universidades y la de su comunidad científica.

Legado remoto versus oportunismo imperial

El volumen comercial entre China y los países africanos aumentó un 16,8 por ciento interanual en el primer trimestre de 2017 y se situó en 38 mil 800 millones de dólares (WWW. RT. ES)

El volumen comercial entre China y los países africanos aumentó un 16,8 por ciento interanual en el primer trimestre de 2017 y se situó en 38 mil 800 millones de dólares (Foto: www.rt.es)

Desde tiempos remotos ha habido diferencias sustanciales entre chinos, estadounidenses y occidentales. Los primeros ojos rasgados llegaron a África Oriental en el siglo XV, en lo que fuera una misión comercial, pero la presencia de China en África comienza a ser significativa a partir del período de descolonización. al aumentar progresivamente su cooperación con el continente africano, para llegar en esta última década a convertirse en uno de los principales socio comerciales. Fue el Primer Ministro del entonces presidente Mao, Zhou Enlai, quien anunció, en 1964 en Ghana, los tres principios que guiarían sus relaciones mutuas: igualdad entre los socios, la búsqueda de beneficios mutuos y el respeto por la seguridad nacional. Y en esto no ha habido tregua ni impasse, ni cuando los encontronazos con la ex Unión Soviética y su visión del continente y sus luchas emancipatorias. Por ello es posible afirmar que China ha representado para África una opción de intercambio de mutuo interés y beneficios, donde se hace evidente para los países africanos la cooperación en diversos sectores socioeconómicos.

Este pragmatismo se revierte luego en un mejor clima a lo interno con perspectivas de armonía. La línea blanda del gobierno y partido comunista chino contrasta con las de Estados Unidos. Tal y como sostiene Fergal Keane, editor de BBC África, los comentarios de Tillerson han tenido lugar “en un contexto de recortes potencialmente abrumadores a las contribuciones estadounidenses al mantenimiento de la paz y las operaciones de ayuda, en un momento en que las crisis en la República Democrática del Congo, la República Centroafricana y Sudán del Sur, entre otros, han ejercido una enorme presión sobre las operaciones de la ONU”.  Dicho sea de paso, Trump y Tillerson son fervientes oponentes de las Naciones Undias en sus desempeños por lograr equilibrio y sosiego en regiones que así lo necesiten.

Tal vez Tillerson este avizorando mayores y más lucrativos compadreos con sus compinches del complejo militar industrial y sueñe con trascender el accionar de AFRICOM en el continente

Según Keane “en una administración que a menudo ha luchado por la coherencia en su política exterior, y que vive según la máxima de América Primero, no sería realista esperar que el Secretario Tillerson realice una transformación en la relación entre Estados Unidos y África”. Existe, en mi opinión, otra pieza en este tablero geoestratégico que debe verse a partir de 2013 en su vínculo con el anuncio de la creación del AFRICOM, fuerza militar yanqui para África, la que encontró fuerte resistencia, pues ningún Estado africano aceptó acoger la sede del nuevo comando, que finalmente ha tenido que permanecer en su sede en Alemania.

Tal vez Tillerson este avizorando mayores y más lucrativos compadreos con sus compinches del complejo militar industrial y sueñe con trascender el accionar de AFRICOM en el continente, que se ha limitado a la participación conjunta en ejercicios militares marítimos y terrestres, en acciones contra la piratería en el Índico, el Golfo de Adén, el Mar Rojo y en el Golfo de Guinea, pero sin que se haya agrietado hasta hoy la unidad del continente sobre ese tema.

La vida nos ha enseñado que el Tío Sam no hace nada por gusto.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda