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Publicado el 5 Abril, 2018 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

JERUSALÉN. Bajo la bota sionista

Una decisión unilateral yanqui en contra del estatus de la ciudad sagrada ha vuelto a hurgar en una herida emocional que todavía no tiene cura. Mientras, Israel la ocupa por la fuerza

 

En esta panorámica de Jerusalén se observa el área del monte del templo que alberga la Cúpula de la Roca y la mezquita Al-Aqsa, sagrada para musulmanes. Para los judíos es asimismo parte del segundo Templo (elperiodico.com)

En esta panorámica de Jerusalén se observa el área del monte del templo que alberga la Cúpula de la Roca y la mezquita Al-Aqsa, sagrada para musulmanes. Para los judíos es asimismo parte del segundo Templo (elperiodico.com)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Con más de cinco mil años de historia humana documentada, Jerusalén suele ser sitio de inspiración de poetas y de devoción por las tres principales religiones del mundo: el cristianismo, el islamismo y el judaísmo. La también llamada ciudad santa es asiento de pueblos diversos que, a pesar de la veneración a los lugares sagrados, están enfrentados entre sí a partir de una injusticia histórica que data de 1948, momento en el cual la comunidad internacional apoyara firmemente la creación del Estado de Israel, descuidando igual perspectiva para los palestinos.

La Asamblea de las Naciones Unidas vislumbró y definió a Jerusalén como un cuerpo separado o un “tercer Estado”. El 29 de noviembre de 1947 la organización mundial aprobó la Resolución 181, conocida como el “plan de partición”. Este designio pretendía dividir el área geográfica de Palestina en dos Estados distintos: uno israelí y otro árabe, con Jerusalén como una entidad separada y administrada internacionalmente.

Al recordar en 2017 los 70 años de aquella propuesta, la especialista canadiense Liora Chartouni señala que inicialmente, tanto judíos como árabes se sorprendieron por la idea. “El movimiento sionista suponía a Eretz Israel como un patrimonio judío, mientras que el movimiento nacional palestino, consideró a Falastin como una parte integral de la gran patria árabe”. Sin embargo, sus reacciones al plan se diferenciaron significativamente. Según la experta, proclive a justificar a los judíos, afirma que estos lo aceptaron con una mezcla de alegría y vacilación, en tanto los árabes lo rechazaron con energía.

A esa clara actitud de resistencia se le empezó a estigmatizar con el apelativo malsano de terrorismo, desconociendo oportunistamente la verdad histórica de que, tras la conquista de Palestina por Gran Bretaña durante la Primera Guerra Mundial, Londres echó a rodar el mito de que estaban en una tierra sin pueblo, lo cual fue y es totalmente falso.

No obstante la inconformidad árabe, el plan de partición tuvo un aparente único beneficio: el fin del mandato británico. La perspectiva de las Naciones Unidas consideraba que Jerusalén debía ser administrada por un Comité Ad Hoc por espacio de 10 años, después de los cuales los residentes celebrarían un referéndum para decidir sobre su soberanía. Árabes e israelíes se someterían a un gobernante designado por la ONU, que no pertenecería a esas comunidades, y que podría formar un cuerpo policial mixto para velar por los santuarios, con la contratación de cuadros administrativos entre los vecinos sin importar su filiación religiosa.

Esa visión idílica sobre la urbe no pudo concretarse y entonces la población palestina quedó en un limbo; peor aún, el régimen sionista de Israel durante la guerra de 1967 se anexó más de 20 barrios orientales de la ciudad, los que originalmente la ONU otorgó a los palestinos, además de los 104 kilómetros bajo su jurisdicción. O sea, Jerusalén está bajo la bota sionista.

Elementos cruciales

La gran disputa israelo-palestina para poder ser comprendida debe ser enfocada en su esencia, la cual pasa por un acuerdo definitivo sobre las fronteras de Israel y Palestina, mientras esto siga sin resolverse la comunidad internacional considera que es mejor no reconocer la capitalidad de Jerusalén.

Soldados israelíes intentan impedir que los palestinos accedan al territorio sagrado que les corresponde dentro de Jerusalén. (monitordeoriente.com)

Soldados israelíes intentan impedir que los palestinos accedan al territorio sagrado que les corresponde dentro de Jerusalén. (monitordeoriente.com)

Un capítulo tremebundo del destino de esa gran ciudad comenzó casi al cierre del pasado año. Con su prepotencia habitual, el presidente estadounidense Donald Trump colmó la copa al anunciar el traslado de la embajada de su país de Tel Aviv a Jerusalén.

Además de racista, parece que Trump tiene mala memoria o está mal asesorado, o ambas cosas, al dar la espalda a las tantas resoluciones de la ONU sobre el estatus de Jerusalén. Hace poco más de 20 años, en 1997, preparado por el Comité para el ejercicio de los derechos inalienables del pueblo palestino, La Habana fue sede del evento La condición jurídica de Jerusalén.

El presidente debería echarle un vistazo al documento final de la cita habanera ya que es una excelente recapitulación de lo mucho que se ha dedicado el planeta a dirimir asunto tan conflictivo. El punto de vista central de ese texto recae en definir a Israel como una potencia ocupante, y jamás como una mansa paloma o pueblo elegido por Dios alguno. El sentirse superiores a los árabes condicionó que en 1980 el régimen sionista promulgara una ley mediante la cual oficializaba la anexión de Jerusalén oriental, proclamándola como la capital de su Estado. Ante esa actitud unilateral y en contra del derecho internacional, el orbe reaccionó airadamente, empezando por la ONU.

Tibieza ante una injusticia

A pesar del enojo planetario, hay que sostener sin embargo, que no siempre los organismos internacionales han utilizado todos los mecanismos a su alcance para pararle las ínfulas al sionismo. Por ejemplo, en 1986 hubo que esperar seis años para que el Consejo de Seguridad empleara el concepto de sometimiento israelí de Palestina y Jerusalén, así como de otros territorios ocupados en Siria y Líbano.

Aun con ese expediente condenatorio a Israel le sobran simpatizantes, algunas firmas de grandes medios de comunicación han llegado a decir que como la Biblia habla de un pueblo de Judea en éxodo por el desierto, Israel se merece semejante reliquia de ciudad. Otros más cautos, como el catalán Xavier Mas, reflexionan sobre un eventual entendimiento en el que Jerusalén sirviera de capital para dos Estados, mientras “la Ciudad Vieja, lugar sagrado para judíos, musulmanes y cristianos, tendría un estatuto internacional que garantizaría la libertad de culto”.

Desde 1967 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), es llamada con cierta regularidad para que intervenga por la salvaguarda del patrimonio de Jerusalén oriental. Allí los palestinos defienden la capital de su futuro Estado. En la porción este de ese sitio se atesora la mezquita de Al-Aqsa, que es como decir la niña de los ojos de los árabes, de ahí que esa comunidad, junto a la islámica en todo el mundo, reiteren la solicitud de que no se adopte ninguna medida ni se realice ninguna actividad que pueda modificar el carácter religioso, cultural, histórico y demográfico de Jerusalén.

En la Catedral de la Anunciación de la Virgen, según la tradición cristiana, se encuentra la Gruta de la Leche, donde se especula que María amamantó al Niño Jesús, y al caer sobre las rocas unas cuantas gotas de su leche la piedra caliza cambió su color original. (gestornoticias.com)

En la Catedral de la Anunciación de la Virgen, según la tradición cristiana, se encuentra la Gruta de la Leche, donde se especula que María amamantó al Niño Jesús, y al caer sobre las rocas unas cuantas gotas de su leche la piedra caliza cambió su color original. (gestornoticias.com)

La Unesco colocó en 1982 a la tan disputada localidad en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro. Resulta que en Nueva Delhi, India, en 1956 dicha entidad emitió una resolución que le prohíbe a las naciones ocupantes de otra, realizar labores arqueológicas, remover evidencias de antaño o modificar lugares patrimoniales. De ahí la validez de las denuncias de los palestinos puesto que el Gobierno actual de Benjamín Netanyahu hace realmente lo que le viene en ganas so pretexto de los derechos humanos de los árabes.

Cristianos y judíos

La información que antecede a este acápite aclara cuál es la cuestión medular, fuente de disputa entre israelíes y palestinos, pero es necesario abordar otras aristas, pues no todos los palestinos e israelíes son judíos o musulmanes, de modo que es imposible o demasiado parcializado hablar de Jerusalén sin caer en el tópico de la religión, pues es esta la arcilla nutricia de las variadas disputas que se han suscitado a lo largo de los años. En Palestina, los católicos constituyen cerca del 50 por ciento de los cristianos.

Jerusalén ha tenido poco sosiego, sin embargo, ha habido etapas en que los habitantes convivían armónicamente sin interferir en los asuntos y creencias del otro. Mucho se ha escrito sobre los cruzados, pero casi nunca se señala que estas temidas huestes –sin duda guerreras por el botín del Oriente Medio– estaban también compuestas por muchos constructores quienes erigieron templos de una Iglesia de rito latino. En 1099 Jerusalén pasó a estar directamente gobernada por estos expedicionarios hasta que en 1187 tomaron el control los musulmanes.

Estos últimos no interfirieron nunca en el desenvolvimiento de otros credos. De ahí que en nuestros días, esta ciudad fascinante, de callejuelas y abigarramiento de construcciones, sigue siendo venerable para la comunidad cristiana en general y muy particularmente por los católicos. El culto a Jesucristo parte de la hipótesis de que el llamado hijo de Dios tuvo allí su última cena con los 12 apóstoles, quienes esparcieron luego de su muerte su palabra: el evangelio de Marcos asegura que Jesús limpió el templo principal de Jerusalén al expulsar a los mercaderes.

Capturado y crucificado por los romanos, este hombre defensor de los pobres y que tantos milagros dicen obrara en vida, para asombro de todos y según la tradición oral y bíblica, resucitó. De ahí que esta Tierra Santa terminara siendo a partir del año 380 el centro del catolicismo, la nueva religión asumida por el Imperio romano, lo cual diera paso a la proliferación de disímiles iglesias para regocijo y lugar de recogimiento de los cristianos del mundo entero.

Sobresale la Catedral de la Anunciación de la Virgen, también llamada Catedral greco-católica, y es este uno de los edificios más bellos construidos en la parte de la Ciudad Vieja de Jerusalén, y por ello declarado en 1981 Patrimonio de la Humanidad. Y qué decir de la Iglesia de la Sagrada Familia, también en igual zona, justamente la que está en disputa entre palestinos y judíos. Fuentes consultadas indican que en su origen dicho templo fue albergue de peregrinos de la Iglesia católica. Uno de sus tesoros más admirados por creyentes y turistas es su famoso órgano litúrgico, de 1910, obra de un maestro checo.

Los judíos salen todos los días a rezar en el Muro de las Lamentaciones (swapmeetdave.com)

Los judíos salen todos los días a rezar en el Muro de las Lamentaciones (swapmeetdave.com)

Si uno quiere expresar su congoja o pedir por buenaventura, y más si es judío, ningún mejor lugar que el Muro de los Lamentos, remanente del templo construido por el emperador romano Herodes, quien se hizo famoso por la leyenda de asesinar a todos los niños cristianos de la ciudad de Jerusalén, como símbolo de su poderío y en señal de desaprobación de esa emergente religión, entonces de los pobres.

Esta muralla, cuyas piedras son veneradas por tantos y tantos fieles de todas partes del planeta, se dice que fue levantada sobre el antiguo templo del rey Salomón. La rica tradición judía también asegura que se ubica además sobre el lugar donde Abraham, el patriarca de la religión, iba a sacrificar a su hijo Isaac. A partir de textos que se remontan a etapas del rey David, es que los israelíes dicen tener derecho a la capital histórica, allí, donde el guerrero decidiera colocar el Templo Sagrado dentro de sus enormes murallas, de las cuales son visibles algunos tramos y puertas.

Más allá de sus bellezas arquitectónicas, las tradiciones, las muchas aristas históricas y las confrontaciones religiosas, a Jerusalén la envuelven intereses imperiales de poder cada vez más visibles, que ahora se han puesto al rojo vivo. El sentido común y la buena voluntad deberían imperar en tan espinosa región, donde no cabría ni debería imponerse la fuerza: Jerusalén y sus habitantes no merecen esa solución.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda