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Publicado el 4 Mayo, 2018 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

PENÍNSULA COREANA

Diplomacia contra las armas

El diálogo puede más que la violencia: es un hecho

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Una agenda de paz es lo que necesitan Asia y el mundo. (republica.com)

Una agenda de paz es lo que necesitan Asia y el mundo. (republica.com)

Si hace unos años la confusión y la ambivalencia caracterizaban el panorama en la península, ahora todo parece más claro, luego del intercambio entre los principales líderes de las dos coreas: Kim Jong-un por la República Popular Democrática de Corea (RPDC) y Moon Jae-in por Corea del Sur.

Sin embargo, se trata solo de un primer paso al más alto nivel en un camino plagado de escollos, algunos de los cuales podrían detener la marcha más de una vez. Entonces, la estrategia deberá ser analizar casuísticamente cada inconveniente en aras de cumplir, de cara a 2020, con el objetivo cimero: la desnuclearización de la zona.

Todavía está por verse qué actitud tomará en lo adelante Estados Unidos como país que auspicia, promueve y ejecuta con Corea del Sur unos ejercicios militares sofisticados, a los que se suma la verborrea ofensiva de Donald Trump, quien, a pesar de su errática proyección internacional, ha dicho estar dispuesto a recibir al presidente norcoreano si este deja de lanzar misiles nucleares. Pyongyang, a su vez, acusa a su vecino y a la Casa Blanca de tensar a propósito la situación. Lo cierto es que hasta enero de este año la humanidad vivía en vilo por un proceso interminable de reproches, con el agravante de la portación de armas en evidencia de que la jugada en esa parte de Asia es de sumo cuidado.

Y justo por tratarse de un área geográfica muy importante, dada la incidencia de China, es necesario sopesar su papel. Este 28 de marzo se reunieron el presidente Xi Jinping y el líder de Corea del Norte. Algunos medios de prensa calificaron el hecho de sorpresivo, sin tener en cuenta que la realidad mundial desautoriza a tomarse las cosas a la ligera. La cita en Beijing se planeó de antemano, tal como sucedió recientemente con las pláticas entre Moon Jae-in y Kim Jong-un.

Los Juegos Olímpicos de Invierno de 2018 en Corea del Sur fueron un punto de inflexión, donde la delegación norcoreana desfiló bajo una bandera unificada. Con dicha actitud ambos países demostraron amplio conocimiento de las reglas de la alta política, así como una correcta apreciación de la correlación de fuerzas en el tablero geopolítico, al cual le sobra una eventual conflagración nuclear. De modo que todas las conversaciones con dignatarios extranjeros sostenidos por Kim Jong-un se enmarcan en una maniobra de largo alcance, cuyo desenlace deberá ser un acuerdo de paz. “Nuestra postura es consistente con la voluntad de nuestros antecesores”, dijo Kim a la agencia china Xinhua. Incluso reafirmó su disposición a “dialogar con Estados Unidos”. Por supuesto que no es ingenuo, y por ello recalcó que todos tienen que responder a sus esfuerzos con buena voluntad, creando una atmósfera de armonía y estabilidad.

Las maniobras conjuntas entre Corea del Sur y los yanquis solo entorpecen la paz. (www.google.com)

Las maniobras conjuntas entre Corea del Sur y los yanquis solo entorpecen la paz. (www.google.com)

Aunque la primera disposición de orden debe ser el desechar el armamento nuclear, tampoco deben olvidarse las medidas punitivas contra la Corea socialista. A Washington correspondería, además, ofrecer garantías de seguridad y reconocimiento diplomático a cambio del desmantelamiento de los programas nucleares de la RPDC, pasos que deben ser simultáneos y no sucesivos, a diferencia de lo que ha pretendido la Casa Blanca.

Mientras, China ha sido respetuosa, abogando siempre por un entendimiento sin precondiciones para Pyongyang, con vistas a buscar acuerdos beneficiosos para todas las partes involucradas y que, por consiguiente, puedan apuntalar la difícil estabilidad regional. Y a pesar de que sus relaciones bilaterales con Corea del Norte se habían tensado en los últimos años, a causa del apoyo creciente de Beijing a las sanciones económicas de la ONU (destinadas a frenar los programas balístico y nuclear norcoreanos), las autoridades chinas se enfocan en la superación de las diferencias, pensando en la meta cardinal, conveniente también para un planeta excesivamente convulso.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda