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Publicado el 1 Junio, 2018 por Lázaro Barredo Medina en Mundo
 
 

La mafia llora a su asesino predilecto

Luis Posada Carriles es el engendro de la aberrante locura de las administraciones estadounidenses en su política contra nuestra nación

 

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Unos están consternados por la ida de su asesino predilecto, otros sienten alivio porque tenían una

La muerte de Luis Clemente Posada Carriles, en un centro de la Administración Nacional de Veteranos reservada a los miembros retirados de las Fuerzas Armadas estadounidenses, tuvo distintos impactos en Miami, Nueva Jersey y Washington.

La muerte de Luis Clemente Posada Carriles, en un centro de la Administración Nacional de Veteranos reservada a los miembros retirados de las Fuerzas Armadas estadounidenses, tuvo distintos impactos en Miami, Nueva Jersey y Washington.

presión muy fuerte con que este sujeto contara historias comprometedoras. La muerte de Luis Clemente Posada Carriles, en un centro de la Administración Nacional de Veteranos reservada a los miembros retirados de las Fuerzas Armadas estadounidenses, tuvo distintos impactos en Miami, Nueva Jersey y Washington.

Entre los más apesadumbrados deben de estar varios de los congresistas de origen cubano. No olvidarse de que tanto Ileana Ros-Lehtinen como Lincoln Díaz Balart pidieron ante cámaras de televisión el magnicidio contra el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. La esperanza para tal felonía eran Posada y sus seguidores. En los festejos que hicieron en Miami tras la desaparición física de Fidel, el propio Posada reconoció en declaraciones publicadas que quiso matar al líder cubano varias veces, pero el “destino” no quiso ayudarlo.

Posada como criminal era el “héroe”. Aunque parezca increíble, este sentimiento influyó mucho en ciertas jerarquías yanquis. Hasta el FBI, que gastó millones de dólares a lo largo de varias décadas investigando su labor terrorista, inexplicablemente permitió la desaparición de la mayoría de las pruebas para favorecerlo y ocultar la complicidad de políticos y organizaciones en los Estados Unidos.

Esos vínculos están, no obstante, suficientemente documentados y a grandes rasgos pueden mencionarse algunos hechos:

Posada en otro agasajo junto al traidor Hubert Matos y el mercenario “coco” Fariñas. Foto Internet

Posada en otro agasajo junto al traidor Hubert Matos y el mercenario “coco” Fariñas. Foto Internet

El senador Bob Menéndez, por ejemplo, se reunió el 17 de mayo de 2011 con Posada Carriles en un restaurante de Nueva York, para felicitar al viejo asesino por su indulto ante el tribunal tejano de El Paso. El Bambi, como también era conocido el terrorista, recibió grandes sumas de dinero desde Nueva Jersey para sus actividades en Centroamérica, donadas por varios residentes en esa ciudad, dirigidos por el fallecido Arnaldo Monzón Plascencia, director de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) y suegro del senador.

Marco Rubio fue otro de los destacados miembros que apoyaron al Fondo Legal de Luis Posada Carriles, propiciando grandes erogaciones para financiar la defensa del terrorista. Se dice que, aunque con extrema compartimentación, ese fue el punto de partida de sus estrechas relaciones con este criminal y sus seguidores, con quienes sostuvo reuniones privadas en más de una oportunidad para apoyar las acciones de estos grupos contrarrevolucionarios.

Rubio es uno de los partidarios más fanáticos de la libre venta de armas en Estados Unidos. Apoya a la National Rifle Association (NRA), que hoy preside Oliver North, el teniente coronel asesor de la Casa Blanca de Ronald Reagan, jefe de la operación Irán-contra en El Salvador que tuvo entre sus principales subordinados a otro asesino, Félix Rodríguez Mendigutía, el gato, y a Posada.

Defensor de Posada lo fue senador Marco Rubio, fanático de la libre venta de armas en Estados Unidos. Foto Internet

Defensor de Posada lo fue senador Marco Rubio, fanático de la libre venta de armas en Estados Unidos. Foto Internet

Como se ha denunciado en oportunidades anteriores, los congresistas Lincoln y Mario Díaz-Balart, e Ileana Ros-Lehtinen no solo solicitaron en mayo y noviembre de 2003 a la expresidenta panameña Mireya Moscoso el perdón para Posada Carriles y sus tres cómplices en el intento de magnicidio contra el Comandante en Jefe, en Panamá, sino que realizaron gestiones secretas en septiembre de 2006, ante el Gobierno de Bush, para liberar al terrorista, de quien dijeron sentir una profunda admiración. Estos personeros de la mafia en el Capitolio de Washington condenaron al Departamento de Justicia por enviar agentes del FBI a Cuba para reunir pruebas contra Posada en los atentados en hoteles cubanos donde murió el italiano Fabio Di Celmo.

Y qué decir de quienes le hicieron homenajes y agasajos en la ciudad de Miami, como el entonces congresista David Rivera, uno de los principales recaudadores de fondos para defender a este asesino y a quien le entregó un reconocimiento por sus actividades junto con el “cabo” James Cason, exjefe de la SINA y alcalde de una ciudad del sur de la Florida, o del también alcalde de Miami que le entregó a Posada Carriles solemnemente las llaves de la ciudad como “ciudadano distinguido”.

El alivio de otros

Pero deben sentir mucho alivio algunas autoridades, porque Posada Carriles las chantajeó muchísimo. “La CIA nos enseñó todo, nos enseñó a utilizar explosivos, a matar, colocar bombas; nos entrenó en actos de sabotaje”, dijo a Ann Louise Bardach y a Larry Rother en el famoso artículo de The New York Times cuando sintió que podía ir a prisión por sus actividades terroristas o su ingreso ilegal en los Estados Unidos. No obstante, en varias entrevistas se jactó de que las autoridades de Washington no habían hecho el más mínimo esfuerzo por interrogarlo al respecto y atribuyó eso en parte a sus duraderos vínculos con entidades policiales y agencias de inteligencia estadounidenses. “Como pueden ver, a mí no me molestan ni la CIA ni el FBI, y yo me mantengo neutral con ellos, duermo como un niño”.

Otro mensaje bien preciso lo dijo ante la jueza el representante de Posada en el juicio de El Paso, al anunciar que su cliente no iba a continuar testificando “para evitar perjudicar temas sensibles de seguridad de Estados Unidos y de otros países”.

“El bambi” en compañía de Félix Rodríguez, (a la derecha extrema), quien fue el asesino del Che. Foto Internet

“El bambi” en compañía de Félix Rodríguez, (a la derecha extrema), quien fue el asesino del Che. Foto Internet

Hay un informe del Fiscal General Adjunto de los Estados Unidos, con fecha 23 de junio de 1989, que circuló como documento oficial del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, sobre terrorismo. Ahí está probado que tanto Posada como el confeso criminal Orlando Bosch, el otro autor de la voladura del avión de Cubana sobre Barbados en 1976, constituyen una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos por la cantidad de actividades de terrorismo, incluido el vínculo con el asesinato del presidente John F. Kennedy.

Y está demostrado cómo, mediante información pública y una copiosa información secreta, las autoridades norteamericanas conocen de la vida y milagros de los terroristas cubanos sin que el Gobierno de los Estados Unidos haya hecho nada contra ninguna de esas personas.

En 1988, el Subcomité del Senado sobre Terrorismo, Narcótico y Operaciones conoció en los pasajes del escándalo Irán-contra de suficientes evidencias de cómo con el apoyo de algunas autoridades norteamericanas y de la mafia de Miami, Posada Carriles escapó de la prisión de San Carlos, en Venezuela, encontró sitio seguro en la base de la CIA de Ilopango, en El Salvador, y recibió empleo.

En el Irán-contra, Posada Carriles no solo trabajó para la Casa Blanca en las operaciones ilegales de Oliver North, sino que está documentado que lo emplearon en la plantilla del Departamento de Estado de manera oficial con su nombre y dos apellidos, como director de apoyo de la Oficina de Asistencia Humanitaria nicaragüense, con sede en el país salvadoreño.

Todo esto, sin contar los servicios prestados en América Latina como experto en investigaciones, que fue una de las misiones que le dio la CIA cuando empezó en la Dirección General Sectorial de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) en Venezuela. Ese trabajo lo extendió a los servicios de inteligencia de algunos países centroamericanos, donde también estableció una extensa conexión de contrabando de drogas, armas, y hasta de tabacos Cohíba. Fue asesor de empresarios centroamericanos en materia de seguridad, vinculado con algunas figuras políticas que llegaron a ser mandatarios de varias de estas naciones.

Luis Posada Carriles estuvo en el epicentro de toda esta ilegalidad por el entramado que creó la obsesiva política contra Cuba desde 1959, aberrante locura enquistada en las administraciones estadounidenses, que resguardaron a criminales que viven y siguen actuando impunes en ciudades como Miami y Nueva Jersey. Si hubiera explicación para tanta alabanza a un asesino como él, habría que encontrarla en el propio nido que lo incubó y le dio protección.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina