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Publicado el 13 Junio, 2018 por Prensa Latina en Mundo
 
 

¿ALIENÍGENA O HALCÓN?

Susurros a los oídos de Trump

Cada acción de John Bolton, nuevo asesor de Seguridad Nacional, ha generado críticas en todo el mundo por promover más tensiones que ideas de diálogo y entendimiento

 

El halcón confiesa haberse sentido “alienígena” entre los jóvenes contrarios a la guerra de Vietnam. (Foto: GettyImages)

El halcón confiesa haberse sentido “alienígena” entre los jóvenes contrarios a la guerra de Vietnam. (Foto: GettyImages)

Por FRANCISCO ARIAS FERNÁNDEZ

El nuevo asesor de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, John Bolton, el tercero de la Administración de Donald Trump en apenas 14 meses, cuenta en sus memorias que en su época de estudiante en la Universidad de Yale se sentía “un alienígena” entre tantos jóvenes contrarios a la guerra de Vietnam. Era el bicho raro entre los cuerdos y normales, característica que no lo abandonaría jamás.

Bolton, de 69 años, es un veterano que ha servido en cuatro de los peores gobiernos republicanos por sus huellas sangrientas en la historia de la humanidad (los de Ronald Reagan, George H. W. Bush, George W. Bush y ahora Donald Trump), y en los que por sus posiciones ultraderechistas, belicistas e imperiales ganó el título de halcón.

También ejerció de embajador de EE.UU. ante Naciones Unidas, pero dejó el cargo 14 meses después de estrenarse en él, por la negativa del Comité de Relaciones Exteriores del Senado a confirmarle en el puesto.

Es conocido por la dureza de sus posturas, por defender a ultranza el poder estadounidense y por creer que este puede ser usado para influir y dominar el mundo, mediante guerras convencionales y no convencionales, campañas de bombardeos, golpes preventivos, la fabricación de mentiras como pretextos para la agresión, el chantaje y la amenaza para alcanzar objetivos estratégicos de Washington. Pero entre todas las opciones siempre prefiere la guerra aplastante y demoledora.

En su oscura hoja de servicio resaltan sus falsas acusaciones contra Cuba de fabricar armas biológicas, uno de los antecedentes más grotescos del invento de los “ataques sónicos” y muchos otros que también fracasaron y han tenido como propósito fundamental caotizar las relaciones bilaterales en momentos de cierta mejoría en esos vínculos.  Su propósito era insertar a la Isla en el eje del mal, para colocarla en el colimador de los planes belicistas que él mismo alimentaba contra Libia y Siria, en fecha tan temprana como mayo de 2002, cuando se desempeñaba como subsecretario de Estado para Asuntos de Control de Armas.

Además, fue uno de los más activos defensores de la invasión de Irak en 2003; ha abogado por el uso de la fuerza militar contra Irán y Corea del Norte. Según ha conocido la prensa internacional, en los momentos de mayor tensión Bolton sugirió llevar a cabo un ataque “preventivo” contra Pyongyang, y cuando estaba a punto de firmarse el acuerdo nuclear con Irán abogó por bombardear ese país.

Al igual que Trump, está en contra de la diplomacia y de los acuerdos, lo que hizo saber en el caso de Cuba desde el propio 17 de diciembre de 2014, cuando los presidentes de Cuba y EE.UU. anunciaron la disposición a restablecer relaciones diplomáticas, lo que por supuesto ha concitado el apoyo y la admiración de la mafia de Miami, que repite una y otra vez que el alienígena “viene con la mano pesada” contra Cuba, Venezuela, Nicaragua y cuanto se le atraviese en el camino a los intereses hegemónicos de Estados Unidos.

Nefasto currículo

Dios los cría… y ellos se susurran al oído. (Foto: es.sott.net)

Dios los cría… y ellos se susurran al oído. (Foto: es.sott.net)

Bolton inició su carrera política junto al senador de extrema derecha Jesse Helms, copatrocinador de la anticubana Ley Helms Burton, que arreció el bloqueo contra Cuba en 1996; aboga por mantener una amplia presencia militar por el mundo y se opone al cierre de las bases militares y sus centros de tortura, especialmente el enclave de Guantánamo.

En síntesis, viene a ser el “encajillo” o el comodín, la ficha o la carta ideal en el gabinete de guerra que conforma Trump para el “nuevo momento americano”, el de las mentiras, el teatro, las operaciones encubiertas, las sanciones, la guerra económica y comercial, el show imperial, las agresiones y amenazas de exterminio nuclear.

Sin tener que consultar al Congreso, lugar donde ya una vez había sido rechazado por su macabro perfil biográfico, Trump escogió el “modelo ideal”, con el elemento adicional de que el elegido fue asesor en el legislativo de otro nuevo integrante de la cúpula decisoria, el secretario de Estado Mike Pompeo, hasta hace poco director de la Agencia Central de Inteligencia, experto en guerra sucia y torturas, totalmente afín a Bolton e íntimo amigo de los mafiosos de origen cubano en la Cámara y el Senado.

Trump necesitaba alguien aún más retrógrado que él para que le hablara al oído; quizá Bolton lo hacía desde antes de ser nombrado en el cargo y gustó más que el aparentemente decepcionante Herbert Raymond McMaster, a quien de nada le sirvió la academia, la experiencia militar, los libros ni las posiciones camaleónicas en el Consejo de Seguridad Nacional para poder sobrevivir.

Quienes conocieron a Bolton durante su efímera temporada en la ONU y otros lares recuerdan su imagen entre el detective calculador y el mafioso intrigante, de bigotes largos, cachimba y zapatos de dos tonos, como salido de una película de los años 30, que al interactuar con él resultaba el americano anticuado, autosuficiente, prepotente… el mismo alienígena de la Universidad de Yale durante la guerra de Vietnam.

A pesar del corto período como embajador en Naciones Unidas, la prensa occidental lo ha calificado como el más antipático de los funcionarios estadounidenses que hayan ocupado esa responsabilidad.

Y parece que es una persona que gusta aprovechar los momentos y hacer en corto tiempo cosas muy impactantes. En los pocos días en el actual cargo, cada acción de Bolton ha generado críticas inmediatas a EE.UU. en todo el mundo, por posiciones contrarias a la paz, al diálogo y el entendimiento entre los países, poniendo en riesgo procesos clave como la desnuclearización de la península Coreana, el diálogo entre las dos Coreas, el acuerdo nuclear de Irán, y las relaciones estratégicas con la Unión Europea.

Caricatura: Trump pone a Burtun en un buró/ (Ilustración de LAZ)

(Ilustración de LAZ)

Todos sus consejos al mandatario y las declaraciones públicas que le sucedieron no hicieron más que crear ronchas y disgustos planetarios, con la consiguiente repulsa a la Casa Blanca, al tiempo que crecen o empeoran los conflictos, junto a los muertos y heridos.

La sugerencia de Bolton de aplicar a la República Popular de Corea el modelo de desarme nuclear en Libia generó el repudio inmediato del país afectado: “Si Estados Unidos nos acorrala y exige que dejemos nuestras armas nucleares unilateralmente, ya no tendremos interés en ese diálogo”, manifestó el vicecanciller Kim Kye-gwan.

Kim comparó la estrategia de desnuclearización planteada por EE.UU. con la utilizada con Irak y Libia, que derivó en la invasión del primero y la intervención del segundo, pero aseguró que “el mundo sabe bastante bien que nuestro país no es ni Libia ni Irak, que corrieron una suerte miserable”. “No ocultamos nuestra sensación de repugnancia hacia (Bolton)”, sentenció el alto funcionario norcoreano, quien calificó sus declaraciones como “una manifestación de movimientos terriblemente siniestros”.

Días después, en medio de la señal positiva del desmantelamiento de las instalaciones norcoreanas asociadas a su programa nuclear, el magnate presidente canceló abruptamente su asistencia al encuentro con su homólogo asiático, argumentando que no era el momento adecuado, lanzando entonces una señal aún más preocupante y en sintonía con los consejos de Bolton, algo que congresistas y militares estadounidenses pronosticaron al conocer la designación de ese alto funcionario.

Muchos auguraron que con sus susurros o ruidos, Bolton podría “ayudar” a Trump a tomar esa decisión. No obstante, el impredecible magnate en corto tiempo cambió de opinión, desoyó a sus asesores y asistió a la que hoy se considera una histórica cumbre, en la que dice haber establecido muy buena empatía con su homólogo norcoreano; dio garantías de seguridad a su contraparte, a la vez que reconoció que los asiáticos hablaban en serio acerca de la desnuclearización.

Bolton, siempre Bolton

Además de retirarse del acuerdo nuclear con Irán e incumplir la palabra empeñada, que ha provocado la repulsa de los principales integrantes de la Unión Europea, EE.UU. presiona a sus aliados del Viejo Continente para que también lo abandonen y hagan fracasar ese soplo de paz, para abrir el camino de una posible encrucijada militar contra el país persa. Entre los artífices de las amenazas y presiones contra Europa nuevamente emergió John Bolton, quien aseguró que las sanciones a empresas europeas son posibles, como consecuencia del paquete de castigos antiiraníes desencadenado por Trump.

El almirante retirado James Stavridis, exjefe del Comando Sur y del Comando de Europa de EE.UU. desde el cual asimismo dirigió las fuerzas de la OTAN, exteriorizó su preocupación por los daños que Bolton podría ocasionar a su país y al mundo, cuando lo describió como una persona que apela por instinto al hard power (poder duro), por lo que vaticinó que con su nombramiento como asesor de Seguridad Nacional “crecerán las tensiones” en el golfo Pérsico, la península de Corea y el mar de China Meridional. Adelantó igualmente que las negociaciones con Corea del Norte se romperían.

No es casual que un militar con experiencias bélicas de todo tipo alerte de las posiciones extremas a las que puede conducir Bolton en un escenario internacional tan complejo como el actual. Se plantea que el asesor de Seguridad Nacional es un fanático de la doctrina del exsecretario de Defensa durante el Gobierno de Ronald Reagan, Caspar Weinberger, quien abogaba por disponer de fuerzas armadas abrumadoras para desplegarlas en gran número hacia cualquier región y actuar de “manera decisiva”.

Altos funcionarios de administraciones anteriores, militares retirados, legisladores y políticos en activo, expertos, tanques pensantes y medios de prensa estadounidenses han comentado con preocupación el hecho de que con esos antecedentes John Bolton sea el único de la cúpula actual con “experiencia diplomática significativa”, pues siempre ha conducido a la guerra.

Con asesores de Seguridad Nacional como este, practicante de la mentira prefabricada para el posterior castigo con las armas, no puede esperarse otra diplomacia que la del garrote.

Hemos sido testigos en corto tiempo del calentamiento y empeoramiento de la agenda de EE.UU. con la península de Corea, el Oriente Medio, Rusia, China y América Latina.

Bolton ha prometido que aconsejará a Trump poner a Latinoamérica y África entre las prioridades de la política exterior de la Casa Blanca en 2018, con el invento de que deben adelantarse preventivamente a las “malas influencias” de Rusia y China en esas regiones.

Ya en enero del presente año había comentado en el periódico norteamericano The Hill, que era necesario “prestar atención a América Latina y África antes de que broten las controversias en forma violenta”.

Dijo que situaciones de inestabilidad política, el colapso de Gobiernos, el terrorismo internacional y la competencia de grandes potencias por los recursos naturales y por ejercer influencia política pudieran amenazar significativamente los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos.

Para dejar las cosas aún más claras afirmó que “la intromisión de Rusia en nuestra región pudiera inspirar a Trump a reafirmar la Doctrina Monroe”.

Otro amiguito de Trump –ahora secretario de Estado, antes director de la CIA–, Mike Pompeo, experto en guerra sucia y torturas, afín a Bolton y a los mafiosos de origen cubano. (Foto: aboutenergy.com)

Otro amiguito de Trump –ahora secretario de Estado, antes director de la CIA–, Mike Pompeo, experto en guerra sucia y torturas, afín a Bolton y a los mafiosos de origen cubano. (Foto: aboutenergy.com)

Con dos que se quieran, basta…, pero la pareja de Trump y Bolton, empática por naturaleza y pensamiento, no es la única. Al oído del magnate llegan otros muy allegados con ruidos iguales o peores, neoconservadores o neofascistas, como el vicepresidente Michael Pence, el secretario de Estado Mike Pompeo, la nueva directora de la Agencia Central de Inteligencia Gina Haspel, el senador Marco Rubio, mafioso antilatinoamericano, y muchos otros, que confirman que los consejeros del diablo no son menos que él.

En un artículo publicado en The New York Times el 27 de diciembre de 2017, Paul Krugman, Premio Nobel de Economía (2008), y uno de los más prestigiosos articulistas de la prensa estadounidense, alarmado con el desempeño de la administración en su primer año en el poder, afirmaba que “Estados Unidos aún no está perdido”, pero alertaba del terrible escenario:

“Donald Trump ha sido tan horrible como lo esperábamos: día a día sigue demostrando que no está preparado para el cargo, ni moral ni intelectualmente. Además, resulta que el Partido Republicano —incluidos los llamados “moderados”— es aún peor de lo que uno podría esperar. En este momento es evidente que el partido está compuesto en su totalidad de esbirros cínicos, dispuestos a vender cada uno de sus principios —y cada fibra de su propia dignidad— siempre y cuando sus donantes obtengan grandes beneficios fiscales”.

Krugman reconoce que, a pesar de su optimismo, Estados Unidos sigue estando “bajo un peligro mortal” y se requiere la movilización. Argumenta que “los republicanos aún controlan toda la influencia del poder federal y nunca habíamos sido gobernados por personas menos confiables en toda la historia de nuestra nación”.


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