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Publicado el 20 Julio, 2018 por Maryam Camejo en Mundo
 
 

Niños en la guerra

No importa de qué lado dispara, lo cierto es que, como dicen por ahí, “ellos no pidieron venir al mundo”, ¿cómo es que ahora todo lo que tienen delante es la línea horizonte que marca el bando enemigo?
La situación de niños reclutados es alarmante y empeora con cada año de la guerra (teinteresa.es)

La situación de niños reclutados es alarmante y empeora con cada año de la guerra (teinteresa.es)

Por MARYAM CAMEJO

Desde este lado del mundo, en esta Isla, cualquiera pensaría que “los niños nacen para ser felices”, para reír, jugar, aprender que dos más dos es cuatro… Sin embargo, lo natural y predecible a veces cambia, un día la vida da un vuelco y ya no parece que hayan nacido para ser felices. Las matemáticas se empiezan a aplicar no para contar juguetes, sino armas, no para contar alegrías, besos o abrazos, sino para contar muertos, y muy probablemente, morir en el proceso.

La sola idea atormenta: un pequeño de 11 o 15 años uniformado, portando una escopeta que casi iguala su tamaño. Bajo el aplastante sol del desierto, se vuelven compañeros, pares, dispuestos a matar o a ser “caídos”.

La sola idea atormenta. 800 niños reclutados en el transcurso de un año, más de mil desde que empezó la guerra. Las familias de Yemen, tan acostumbradas a la abundancia de hijos —costumbre entre los árabes—, ahora van perdiendo uno a uno, mientras, otras veces, reciben de regreso a casa un niño menos infantil, menos alegre, porque el recuerdo de un campo de sangre acosa sus mentes y les destruye el sueño innato e inconsciente en cada niño de haber nacido para ser feliz.

Causa pavor al que lee,  y a quien escribe mirando los acontecimientos a través de una computadora donde salta a la vista un documento de la Organización de la Naciones Unidas, que destaca la participación de una parte estas personitas en varios combates, cuando el resto se dedica a patrullar, vigilar posiciones militares, y, en resumen, a hacer lo que bajo ningún concepto debería hacer un niño.

No importa de qué lado dispara, lo cierto es que, como dicen por ahí, “ellos no pidieron venir al mundo”, ¿cómo es que ahora todo lo que tienen delante es la línea horizonte que marca el bando enemigo? ¿Cómo es que todo lo que tienen en frente es el objetivo, el blanco hacia dónde apuntar?

Mientras ellos corren de un lado a otro al nivel de la cintura de otros tantos soldados, se les va la vida, el sueño, el aprender matemáticas para contar hermanos, libros, dibujos y amaneceres, se les escapa todo, y queda el sol calentando sus turbantes cada día. La sola idea atormenta: un niño cuenta cadáveres hasta que se convierte en contabilizado, terrible adiós a aquella idea “obsoleta” de haber nacido para ser feliz.

Niños en la guerra en Yemen/ (hrw.org)

(Foto: hrw.org)


Maryam Camejo

 
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