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Publicado el 2 Julio, 2018 por Maryam Camejo en Mundo
 
 

Nubes sobre Kosovo

La región celebra este año su décimo aniversario de “independencia”, pero hay que preguntarse si realmente hay razones para ello
Kosovo, bandera/ (rtve.es)

(rtve.es)

Por MARYAM CAMEJO

“Ya no quedaba ni rastro del pueblo. Había cadáveres por todos los lados, cadáveres entre los que reconocían a sus vecinos, vecinos que ahora eran cuerpos desplomados y diseminados por las calles, a merced de las moscas. Casi todos estaban cubiertos de ceniza y polvo, y en sus rostros se dibujaba la misma expresión de impotencia y de soledad (…) Porque, como en toda guerra, cuando alguno se moría se quedaba solo. Y no había mayor soledad que la del cadáver abandonado, sobre todo si estaba tirado en la calle y la gente lo sorteaba intentando no mirarlo”.

Este fragmento del libro Rosas negras en Kosovo, de Jesús Cortés, retrata las terribles masacres que se produjeron durante el conflicto. Las bombas desterraron vidas y acumularon números: más de 10 mil muertos. Así, Kosovo sufrió el terror de una guerra entre albanokosovares y el Ejército Serbio que terminó en 1999. Bajo la mano auspiciadora de los Estados Unidos, el 17 de febrero de 2008, los diputados kosovares proclamaron la independencia, con el apoyo de la mayoría de los países de la Unión Europea. La justificación era que se evitaba una limpieza étnica debido al predominio de albaneses en el territorio.

La fotografía ideal para una crónica sobre el conflicto sería el retrato de Bill Clinton, con sus guardaespaldas de la OTAN, prestos, como siempre, a las acciones militares comandadas desde la Casa Blanca. Debajo un pie de foto: Aquí están los verdaderos autores de 78 días de bombardeos en Kosovo —por cierto, no es el título de un libro.

Diez años después, la república es reconocida como Estado soberano por 112 de los 193 miembros de Naciones Unidas. Países como Rusia, China, España, muchos de América Latina, Asia y África no aceptan la declaración unilateral de independencia. Serbia, todavía considera a Kosovo una región autónoma dentro de su territorio, aunque no intervenga en su administración desde 1999.

Al decir del propio embajador norteamericano en Pristina, Greg Delawie, Kosovo es “el país más proamericano del mundo, fuera de Estados Unidos”. Y no miente cuando una estatua de Bill Clinton en Pristina es evidencia, como reconocimiento a su papel a “la hora de frenar la mano de Serbia” durante el conflicto yugoslavo. Pero eso no es todo: de obligatoria mención es la calle en honor a George W. Bush. Sin dudas, si Kosovo fuera a considerarse un país, sería entonces el único de mayoría musulmán en homenajear al expresidente que puso tropas en dos países islámicos y que tiene sobre sus hombros miles muertos.

Pero con una década “ganada” en Kosovo, ¿qué tanto celebra la supuesta República?

Mirando con lupa… la oscuridad

Imagen que muestra el éxodo de los albanokosovares durante el conflicto con Serbia impulsado por la OTAN (fronterad.com)

Imagen que muestra el éxodo de los albanokosovares durante el conflicto con Serbia impulsado por la OTAN (fronterad.com)

Analizar la situación, la economía y los números reales es la primera vía para entender qué pasa verdaderamente en lo interno. Kosovo tiene un enorme déficit comercial, porque no produce casi nada y, por tanto, apenas exporta. Muchos productos son importados de Serbia; las relaciones entre las dos Cámaras de Comercio son muy buenas y cada cierto tiempo se celebran ferias en Pristina y Belgrado. Hay quien se apresura a decir que la economía crece, pero lo cierto es que no lo hace sobre la productividad del territorio.

La diáspora, concentrada en Alemania, Suiza y los países nórdicos, aporta 15 por ciento al producto interno bruto (PIB), y el paro, aunque ha mejorado, se mantiene en 30 por ciento. En “un país” con apenas 1 millón 89 000 habitantes, 280 000 kosovares han emigrado en los últimos 10 años.

Los ciudadanos sufren la gran herida de una corrupción que ha acrecentado la desigualdad social, constituye un obstáculo para el desarrollo económico, y es un mal de las altas esferas de la sociedad, muy difícil de superar.

El periodista y experto en los Balcanes Andreas Ernst afirma que las instituciones están en manos de la élite política y son utilizadas para enriquecerse ellos mismos y sus seguidores. Según él, después de la guerra los protectores internacionales llegaron rápidamente a un acuerdo con la dirección del territorio, porque se dieron cuenta de que esas personas podían garantizar la estabilidad y, a la inversa, también amenazar con inestabilidad. Y como los protectores valoraban más la estabilidad que el estado de derecho y la democracia, este grupo pudo consolidarse.

La normalización de las relaciones con Serbia seguirá siendo un asunto pendiente y la Unión Europea, aunque ejerza bastante presión, no logrará fácilmente que los serbios dejen de ver el territorio perdido como una provincia propia, y argumentar que precisamente allí comenzó a gestarse su nacionalidad.

Según la Constitución serbia, la provincia de Kosovo forma parte del país con un estatuto autonómico. Lo mismo establece la resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU.

En la dividida ciudad de Mitrovica, la tensión étnica tiene su epicentro. El río Ibar es la frontera fantasmal que separa 70 mil albanokosovares en el sur de 12 mil serbios del otro lado. El norte es un municipio separado de Mitrovica Sur desde 2013. El puente que las separa está bloqueado con enormes bloques de cemento. En la parte albanesa, el acceso al viaducto está custodiado permanentemente por una tanqueta y un yipi de los Carabinieri, que forman parte de la KFOR, la misión de la OTAN en Kosovo.

Analistas consideran que existe aún el riesgo de que las crisis políticas, aunque no estén vinculadas necesariamente con las relaciones de una etnia con otra, acaben conduciendo a la violencia entre ellas. De todas formas, restarle importancia a esas diferencias sería un acto de ignorancia. En los últimos años, los serbios que habitan en Kosovo han seguido siendo el objetivo de venganza de los albanos residentes allí. Se estima que son entre cinco y siete por ciento de la población y cada cierto tiempo se reportan crímenes contra esta minoría, violencia que tiene un trasfondo de conflicto étnico.

Matanzas durante la guerra en Kosovo (vicentecamarasa.wordpress.com)

Matanzas durante la guerra en Kosovo (vicentecamarasa.wordpress.com)

Por ejemplo, en marzo de 2004, grupos de albaneses quemaron iglesias serbias y atacaron a los miembros de esas comunidades, en una inversión del hostigamiento que habían sufrido. La revista albanesa Java denunció los hechos calificándolos de Kristallnacht: “La noche de los cristales rotos”, aludiendo a lo sucedido en 1938 en Alemania y Austria, cuando grupos de nazis y de las SS destrozaron comercios judíos y asesinaron a muchos de ellos.

Extremadamente tensa resulta la situación política interna en la supuesta república, y la población se siente frustrada, sobre todo los jóvenes, que, a diferencia de sus vecinos, no obtienen visados libremente. Además, las perspectivas inciertas de futuro pesan sobre los ciudadanos.

La Unión Europea en sesión de negocios

El ingreso en el bloque regional podría convertirse en motor impulsor para que algunas cosas cambien. La Comisión Europea especificó este año que la adhesión de Serbia no se producirá antes de 2025 pero ya se está trabajando en ello, aunque sus autoridades mantengan la posición de no reconocer a Kosovo. Pero en la práctica, la entrada en la UE implica aceptar ciertos requisitos, mediante los cuales Serbia es presionada a ceder, en algunos puntos, sobre el asunto de marras.

Teniendo en cuenta que España, Rumanía, Grecia, Chipre y Eslovaquia no reconocen la independencia de los kosovares, se le dificulta a la UE exigirle a Serbia el reconocimiento de la república como requisito para acceder al bloque; hay quien especula que estos países esperan el paso al frente de Serbia, y, solo entonces, ellos “le darían su bendición al país”.

Sin embargo, quizá el punto más vulnerable de tal teoría es el caso de España, porque implicaría darles “oficialmente” alas a los catalanes para exigir su propia independencia, aunque ese es otro tema.

Sí es cierto que Bruselas ha señalado con toda claridad que si Serbia quiere entrar en la UE tendrá que concluir un tratado de derecho internacional con Kosovo; además, deberá comprometerse a no obstaculizar el ingreso de la región separatista en organizaciones internacionales como Naciones Unidas.

Estados Unidos: vulgarizar la palabra “independencia”

Washington es más rápida que un lince cuando se trata de defender ciertas “democracias, libertades y derechos”. Y, como por arte de magia, se las arregla para marcar su presencia, tras una supuesta ayuda. Así, pasa de ser “auxiliador” a vecino instalado en casa. Con Kosovo no fue diferente.

Después de echar combustible para la agresión de la Alianza Atlántica a Yugoslavia en 1999, con el pretexto de proteger los derechos humanos en Kosovo, creó allí la mayor base militar construida desde cero fuera de los Estados Unidos. Más recientemente, hizo público su respaldo a la formación del llamado Ejército de Kosovo, una violación más de la resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el estatuto provisional de esa provincia, parte constitucional de Serbia.

Las muertes de la guerra son heridas abiertas y todavía causa de odio entre etnias (AP)

Las muertes de la guerra son heridas abiertas y todavía causa de odio entre etnias (AP)

Una vez más la administración del Tío Sam juega sus cartas para militarizar un territorio que le conviene tener en las manos. Entre los objetivos de creación de la base Camp Bondsteel, con más de siete mil soldados estadounidenses, estaba proteger el proyecto de oleoducto albano-macedonio-búlgaro, que iba a canalizar el petróleo del mar Caspio desde el puerto búlgaro de Burgas, en el mar Negro, hasta el Adriático.

Bajo la sombra de la OTAN, Kosovo aseguraba la militarización de rutas estratégicas de oleoductos y de corredores de transporte que unen a Europa occidental con el mar Negro. El propósito de la Casa Blanca era sumar otro pedazo del mundo a sus arcas, como seguro médico de su propia economía.

Tal como afirmó el analista internacional José Antonio Egido en una entrevista para Telesur, la República de Kosovo no es un país, sino un protectorado de la OTAN y de EE.UU. La estrategia de la OTAN consistió en usar las facciones nacionalistas albanokosovares y de extrema derecha, para llevar a cabo una depuración étnica y sacar a Kosovo de su entorno lógico y natural, que era Serbia, por cierto, aliada de Rusia.

En fin, el asunto es que se mueven sobre los kosovares demasiados intereses nacidos en suelo ajeno. Y el agua que cae no parece tener intenciones de hacer florecer la tierra. Saquearla, exprimirla, destrozar la semilla de la prosperidad en aras de sostener la economía de un país distante: esa es la verdadera razón de “la ayuda” norteamericana.

Así ha llegado el aniversario de diez años de “independencia” en Kosovo, lleno de incertidumbres y de nubes sobre las cabezas de su gente.


Maryam Camejo

 
Maryam Camejo