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Publicado el 22 Julio, 2018 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

PALESTINA

Vivir en el martirio

La operación militar israelí “Margen Protector”, de 2014, asesinó a 526 menores de edad. (palestinalibre.org)

La operación militar israelí “Margen Protector”, de 2014, asesinó a 526 menores de edad. (palestinalibre.org)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Los sitios deberían hacerse mundialmente famosos por la magnificencia de sus paisajes o valores patrimoniales. Así, por ejemplo, la palestina Franja de Gaza debería llamar la atención por sus playas en el mar Mediterráneo, por la Gran Mezquita Omari, cuyo minarete (torre) resalta por su forma cuadrada en la mitad inferior y octogonal en la superior, típico del estilo arquitectónico mameluco. También podría ser admirada por su norteña ciudad Beit Lahiya, célebre por sus grandes sicomoros.

Pero no, la Franja de Gaza tiene desde hace años notoriedad por los muchos asesinatos que el régimen sionista comete contra su población. Un despacho noticioso de agosto de 2014 daba cuenta de la operación militar conocida como “Margen protector”, durante la cual la niña Sama Nael, de siete meses, y su abuela Suad, de 73 años, morían tras un bombardeo de la aviación israelí sobre el patio de su casa. Ellas, como todo el pueblo palestino, tenían una aspiración: vivir en paz y nunca en un martirio permanente.

Las dos, una en su estrenado vivir y la otra con memoria acumulada sobre el odio israelí, perecieron como consecuencia de una bomba racimo hecha con fósforos que, al impactar sobre un ser humano, no se apaga con nada.

El castigo

La población solo tiene acceso al agua potable durante ocho horas cada cuatro días. (palestinalibre.org)

La población solo tiene acceso al agua potable durante ocho horas cada cuatro días. (palestinalibre.org)

A la posibilidad real de enfrentar una muerte horrible y dolorosa, se le suma la precaria realidad en la que están sumidos cerca de dos millones de personas. ¿Por qué? La mayoría de estas, 66 por ciento, eligieron en 2006 a la agrupación política Hamas para que gobernara en Gaza. Pocos meses después de ese hecho, Israel decretó un bloqueo militar por aire, mar y tierra. Al día de hoy la situación se mantiene sin importar que la correlación de fuerzas en lo interno del Gobierno palestino haya cambiado en el último año.

Y no ha habido una mejoría por la simple lógica de los “fuertes”: aplastar una y otra vez hasta la aniquilación total. Tal como ha confirmado el politólogo estadounidense Noam Chomsky, desde 1993 los Estados Unidos e Israel iniciaron su plan para separar completamente a Gaza de Cisjordania, con el fin de obstaculizar las conversaciones. Sin embargo, “el castigo a los habitantes de Gaza se hizo más grave en enero de 2006 —señala Chomsky—, cuando cometieron ‘el gran delito’ de votar por el camino equivocado en el primer sufragio libre en el mundo árabe, votaron por Hamas”.

¿Cuál es la causa de ese ensañamiento? El movimiento de inspiración islámica reivindica el derecho a la resistencia armada y desconoce la legitimidad de Israel, actitud que el Gobierno hebreo califica de terrorista, él que practica el terrorismo de Estado. En cualquier caso se trata de una relación asimétrica, porque la capacidad operativa de los cohetes artesanales de Hamas es muy baja, lo cual no ha sido óbice para que sean presentados como la causa de la permanente agresión de la potencia ocupante, creando el mito de que es Gaza la incumplidora de la tregua o del pacto de no agresión.

Con esa justificación pretende ahogar en sangre cualquier acto de soberanía y cuando no logra amedrentar por fuego recurre a la bajeza de los bloqueos. Nuestros hermanos mal subsisten con apenas tres o cuatro horas diarias de electricidad, crisis energética, extendida a los suministros de gas para cocinar, a lo cual debe sumársele escasez de agua, alimentos, medicinas y de servicios de salud pública. Precariedades que nadie debería sufrir.

El analista israelí Gideon Levy denunció al diario Haaretz que “los habitantes de Gaza son objeto de un experimento, que intenta saber con cuánta menos luz pueden sobrevivir”. Un estudio de las Naciones Unidas sostiene que ese enclave necesitaría 450 Megavatios (MW) de electricidad al día; no obstante, en la última década, como resultado de las sanciones, ha recibido solo 200 MW, lo que ha provocado persistentes apagones y enorme sufrimiento. En 2018, Gaza necesita al menos 6.5 millones de dólares dirigidos a proporcionar 700 000 litros de combustible por mes y abastecer 175 instalaciones, de estas 50 panaderías se encuentran hoy fuera de servicio.

Este mismo informe considera a Gaza ya como un lugar inhabitable, fruto de unas hostilidades que se guían ideológicamente por la premisa sionista de que esa pequeña porción de tierra y sus habitantes son una “entidad enemiga”. El reporte precisa que la pobreza se cifra en 40 por ciento. Se ha confirmado asimismo que la mitad de la población solo tiene acceso al agua potable durante ocho horas cada cuatro días.

Y como si no bastaran las medidas que limitan la satisfacción de las más básicas necesidades, el bloqueo incide directamente en el acceso al trabajo, siendo allí donde se sufre uno de los índices de desempleo más elevados del mundo, hecho que ha encendido las alarmas de los organismos internacionales: el 41 por ciento, donde se destaca que más del 60 por ciento de los gazatíes de entre 20 y 24 años se mantienen a la espera de alguna labor, al menos a tiempo parcial. De igual manera, el índice de desempleo femenino es alto, incluso para la región levantina, con 64 por ciento.

Doble moral

Los bombardeos con misiles guiados por láser están volviendo inhabitable la Franja de Gaza. (palestinalibre.org)

Los bombardeos con misiles guiados por láser están volviendo inhabitable la Franja de Gaza. (palestinalibre.org)

Un grupo de personas, entre abatidas e indignadas, buscan en los escombros sus pocas pertenencias. Es 2016. TeleSur transmite su llanto por la muerte de algún hijo, quizás un niño, después de eso, ¿qué es peor? El ensañamiento de los misiles antibúnkeres lanzados por Israel contra lo que antes fuera una casa familiar de ladrillos merece que el mundo reaccione airado y actúe en consecuencia. Y efectivamente, la mayoría del planeta exigió respeto pero el aliado yanqui es muy poderoso y como casi siempre nada más allá de las protestas formales sucedió.

Este caso es apenas una pincelada del calvario palestino en lo que muchos califican como “la mayor prisión del mundo a cielo abierto”. Para hacer la situación todavía más compleja, más del 60 por ciento de la población es parcial o totalmente dependiente de la ayuda humanitaria, siendo ineludible detenerse en este aspecto, porque Estados Unidos congeló, en enero de este año, 65 de los 125 millones de dólares destinados a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA).

Por su parte, la Asociación de Agencias Internacionales para el Desarrollo en Palestina (AIDA), aglutinadora de unas 70 ONG palestinas, considera maliciosa la decisión y pronostica un recrudecimiento del entorno en la Franja de Gaza, donde más del 70 por ciento de la población son refugiados, es decir, son otros palestinos provenientes de Cisjordania y Jerusalén, localidades bajo la directa ocupación de Israel. Según AIDA, “estos recortes de fondos llevarán a una mayor inseguridad alimentaria, pobreza, aislamiento, desempleo y también conllevarán paradójicamente a más dependencia de la ayuda”.

Por inaudito que parezca, Israel tuvo el mayúsculo cinismo de declarar, a través de la Oficina de Coordinación en los Territorios (COGAT) –organismo militar hebreo encargado de los aspectos civiles de la ocupación–, que trabaja en la promoción de una política civil para asistir a los residentes de Gaza y desplegar su economía. Notoria desfachatez, porque es sabido que durante los últimos 50 años de colonialismo se ha burlado del Derecho Internacional Humanitario, el cual estipula deberes de la potencia colonial referidos a los costos para el apoyo humanitario y al desarrollo.

Eso sí: Israel procura matar por hambre a los palestinos. Cerca de 750 000 personas –la mitad de la población total de Gaza– dependen del abastecimiento llegado del extranjero. A veces en el día solo acceden a una bolsa de papas fritas empacadas Made in USA. La postura del Tío Sam genera mucha polémica, pues su “tacañería” hacia la UNRWA contrasta con la generosidad vertida hacia su más fiel aliado en el Oriente Medio.

En el presupuesto fiscal más reciente, el Congreso estadounidense ha aprobado 705.8 millones para el programa de defensa de misiles de Israel. Este monto se suma a los 31 000 millones de ayuda militar anual, en virtud de un Memorando de Entendimiento de diez años, que aumentará hasta los 38 000 millones durante el período 2019-2028. Tendencia que no es reciente, porque desde 1948 esa entidad norteña le ha asignado 134.7 mil millones de dólares, convirtiendo a su socio en el mayor receptor de ayuda yanqui desde la Segunda Guerra Mundial.

Dicho evento no ha pasado inadvertido ni tan siquiera para los propios economistas israelíes, destacándose el término acuñado por Shir Hever, y que describe, aunque menos evidente, un nuevo crimen sionista relacionado con el aporte. Bajo el tópico de “desviación de la ayuda” se ha comprobado que al menos el 78 por ciento del dinero de la asistencia internacional (incluida la de Washington) destinada a los palestinos acaba en otras manos. Por la propia configuración de las actuales fronteras y lo que va quedando de Palestina, sumamente fragmentada y alejada unas zonas de otras, toda la ayuda humanitaria para los árabes debe pasar por Israel, que se arroga el derecho de cobrar tasas por transporte, almacenamiento y también en “seguridad” por muy increíble que parezca.

En un mar de brutalidad

Si la partida física de un ser querido conmociona de raíz la existencia, el seguir vivo en Gaza también supone un reto colosal, porque las permanentes agresiones aéreas que tienen lugar allí desde 2006 han dejado sin techo a casi la totalidad de la gente. Los misiles lanzados, junto con el bombardeo de sus F-16 (comprados a los Estados Unidos), han creado tal escenario de destrucción que hasta Amnistía Internacional habla de “barrios concurridos convertidos en paisajes lunares”.

Ante cada nuevo episodio bélico se activa la sensibilidad mundial, la cual a veces debe ver con impotencia cómo los donantes que pagan la reconstrucción de infraestructuras palestinas están obligados inevitablemente a tratar con las empresas israelíes, como la de cemento Nesher, que proporciona ese material al 85 por ciento de todas las construcciones de Israel y Palestina.

Junto a la abierta extorsión contra los suministros o finanzas que entran por las vías oficiales desde el exterior, cierra los pasos fronterizos, obstaculizando la entrada de gasolina, medicinas, alimentos, bien sea desde Egipto o Jordania. Se calcula que a la Franja ingresaban a diario setecientos camiones de suministros, y que, según datos de la Fundación Carter, el bloqueo israelí ha reducido esa cifra a menos de un tercio.

Pero aquí no acaba la brutalidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha denunciado que los servicios de seguridad israelíes han llegado al extremo de denegar muchos permisos para pacientes palestinos que debían ser tratados de cáncer fuera de la Franja. Emulando el juego del gato y el ratón, los militares sionistas ponen en ocasiones la condición de que el enfermo se convierta en delator y colaborador de sus servicios secretos, lo cuales dicen son, en última instancia, garantes de paz. ¡Vaya insolencia!

¿Deben soportar los palestinos todo tipo de vejaciones sin oponerse? A Israel le conviene presentar a la resistencia palestina como un movimiento de fanáticos para intentar convertirla mediáticamente en un monstruo similar al Estado Islámico. La única verdad es que Israel no tiene la menor intención de negociar con seriedad, y, mucho menos, de avanzar hacia la creación de un Estado palestino; por eso no es casualidad que además de destruir las infraestructuras, arrase con todos los organismos e instituciones que puedan ser el germen de la futura nación árabe.

La estrategia de Tel-Aviv se resume en el mantenimiento de un estado de beligerancia y tensión intermitentes. Es preciso recalcar el apadrinamiento sistemático e incondicional de EE.UU., circunstancia que refuerza la visión del llamado “Gran Israel”. Ejemplo: en 2009 y frente a las manifestaciones ciudadanas en Washington en contra de una nueva escalada militar contra Gaza, el senador demócrata Charles Chuck Schumer defendió el ataque al alegar “métodos humanitarios de guerra de Israel”. Afirmó, que el Ejército enviaba mensajes SMS a los palestinos antes de bombardear una casa en particular, “porque en ellas se almacenan armas”, y ante el reportero del New York Times preguntó admirado, “¿qué otro país haría eso?”.  En algo sí tiene razón: pocos gobiernos del mundo se aventuran a ser tan despiadados.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda