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Publicado el 28 Agosto, 2018 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

TURQUÍA-EEUU: El que juega con fuego se quema

 La inmejorable posición geopolítica de la nación euroasiática ha sido pasada por alto por la Casa Blanca en la actual crisis diplomática

 

Recep Tayyip Erdogan ganó en junio de este año las elecciones en Turquía por octava vez consecutiva. (elconfidencial.com)

Recep Tayyip Erdogan ganó en junio de este año las elecciones en Turquía por octava vez consecutiva. (elconfidencial.com)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Estados Unidos se muestra excesivamente confiado en que pueda haber con Turquía una rápida superación de la actual crisis. De esa opinión es John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca quien insiste en señalar que Ankara deberá primero liberar al pastor estadounidense detenido en la nación euroasiática.

Pero algo muy concreto se le escapa a Washington y es que Andrew Brunson, con más de dos décadas residiendo en Turquía, y sacerdote de una iglesia protestante, fue encarcelado en octubre de 2016 por sus presuntos vínculos con el movimiento FETO del clérigo islamista Fethullah Gulen, autor intelectual del fallido golpe de Estado del 15 de julio de aquel año.

Habituado a apretar las clavijas del chantaje, el imperio, en el desempeño de su Departamento de Tesoro, impuso sanciones a los ministros de Justicia y del Interior turcos por el papel jugado en la detención de Brunson. Además, Donald Trump, dio luz verde a la duplicación de las tarifas al acero y aluminio turcos, hasta el 20 y el 50 por ciento, respectivamente. No obstante, la vocera de la Casa Blanca, Sarah Sanders, informó que “los aranceles al acero no serán retirados con la liberación del pastor porque están relacionados específicamente con la seguridad nacional. El presidente ha dejado claro que debemos tener la capacidad de alcanzar ciertos niveles de manufactura de estos productos en Estados Unidos para fines de seguridad nacional”, explicó.

O sea, que el caso de marras es nada más que un comodín para engañar todavía a aquellos creídos en la buena fe de la política exterior estadounidense, como si esta no hubiera ya dado sobrados ejemplos de que se aviene únicamente a intereses propios.

¿Cómo se puede suponer entonces que Turquía doblará la cabeza ante un asunto que puso en riesgo al gubernamental Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) y hasta la vida del presidente Recep Tayyip Erdogan? Los tiempos de obediencia van quedando atrás y así en una jugada de reacción, Erdogan hizo un llamado para boicotear los productos electrónicos estadounidenses, firmando también un decreto para elevar los aranceles a otros: autos, alcohol y tabaco.

De cualquier manera el ejecutivo turco ha manifestado interés en resolver la crisis bilateral, aunque ha insistido en que Washington debe dejar de intentar influir en su sistema judicial, el cual tiene previsto para el pastor extranjero una posible condena de hasta 35 años por cargos de terrorismo.

El portavoz presidencial, Ibrahim Kalin, aseguró que continuarán los diálogos con la nación norteña si muestra una postura constructiva, por eso dejó bien claro que hasta el momento, no estaba previsto ningún encuentro entre Erdogan y Trump. Este último debería conocer bien la importancia geoestratégica de Turquía, y sus valores culturales.

Ha sido Erdogan el que le confirió a su nación un rol más destacado en la política mundial, en especial por el aumento de su influencia entre Europa y el Levante mediterráneo, habida cuenta de la crisis de refugiados que se cierne sobre el viejo continente. Con el acuerdo UE-Turquía, las personas migrantes que arriban a las costas griegas son inmediatamente devueltas al país vecino a cambio de una compensación económica.

Es cierto, eso al presidente estadounidense le tiene sin cuidados, pero no así el protagonismo turco en la OTAN, elemento crucial pues con sus 630 000 hombres, Ankara es la segunda estructura militar de la organización luego de Estados Unidos. Habría que ver si el multimillonario Trump comprende bien que el Estado turco, guiado por su variable nacionalista, emprende un mayor acercamiento hacia Rusia, Irán e incluso Siria, y eso al final no es conveniente a sus planes habituales de dominación imperial.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda