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Publicado el 8 Septiembre, 2018 por Maryam Camejo en Mundo
 
 

Candente carrera por la presidencia brasileña

A pesar de todas las estrategias derechistas, el Partido de los Trabajadores continúa en la lucha para estar presente en las elecciones
Los brasileños respaldan a Lula día a día en las calles. (lr21.com.uy)

Los rostros de Lula siguen blandiéndose en el aire, como banderas (lr21.com.uy)

Por MARYAM CAMEJO

Tal vez no fue sorpresa para muchos que el Tribunal Supremo de Justicia brasileño negara el nuevo recurso presentado por la defensa de Lula da Silva para intentar salvar su candidatura a presidente con vistas a los comicios del próximo 7 de octubre.

Lula es un preso político, sin dudas, víctima del lawfare (guerra jurídica) y la persecución política. Incluso la exigencia del Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, de que se respeten los derechos del líder, no interesa en lo absoluto al sistema judicial nacional, a pesar de que los pronunciamientos de este organismo internacional tienen carácter vinculante (de obligatorio cumplimiento) para los países signatarios de los tratados, puesto que reconocen la competencia del órgano, y Brasil es uno de los firmantes.

Otro gobierno marioneta, ese es el objetivo de la ultraderecha en el gigante suramericano. Fiel seguidor de los intereses capitalistas, con un discurso para el pueblo lleno de promesas, pero vacío de acción, compromiso y verdad. El propósito —nadie se deje engañar— no es solamente sacar al dirigente del escenario político; la cuestión va más allá, hacia impedir de todas las maneras posibles un triunfo del Partido de los Trabajadores (PT). Entonces, a Fernando Haddad convertido en candidato es ciento por ciento seguro que intentarán desacreditarlo. De hecho, ya arrancó el motor de intrigas y rumores en torno a quien fue ministro de educación de Lula.

La fiscalía brasileña acusó a Haddad de corrupción pasiva, lavado de dinero y formación de bandas, a partir de una supuesta recepción de 2.6 millones de reales (unos 625 mil 000 dólares) de manos de la empresa UTC Ingeniería. Pero hay más, también denunció al extesorero del PT, Joao Vaccari Neto, por supuestamente intermediar con los empresarios de UTC en nombre de Haddad. Vale decir: ¿justo en período electoral?, ¿de verdad?

“Sorprende que en etapa de campaña, una narrativa del empresario Ricardo Pessoa sin ninguna prueba fundamente tres acciones propuestas por el Ministerio Público de Sao Paulo”, afirmó la asesoría de Haddad en un comunicado. Cualquiera puede darse cuenta de la estrategia desesperada de la élite.

Con Lula imposibilitado de participar en los comicios, Bolsonaro lidera las encuestas de intención de voto en estos momentos, que, más que candidato a la presidencia, es candidato perfecto para marioneta de la derecha. Basta decir que en pleno acto público de campaña, se jactó de patear muñecos con la imagen de Lula, y, como ya se dijo en la edición anterior de BOHEMIA, planea sacar al país de la ONU, por considerar al organismo una reunión de comunistas. ¿Qué futuro puede esperarle al gigante suramericano con un individuo que a todas luces carece de ética y respeto?

Los rostros de Lula siguen blandiéndose en el aire, como banderas, en las manifestaciones del pueblo en apoyo al PT. La lucha continúa y no parará mientras les quede un recurso, un camino para que los ciudadanos sean escuchados a través de su legítimo representante, el PT. El apoyo al dirigente obrero, desde que entró a prisión el 7 de abril, solo ha ido en aumento, porque no se destruye tan fácil, con mentiras, lo que un hombre construyó en años para muchos otros hombres, mujeres y niños, familias enteras que conocieron por primera vez lo que era comer tres veces al día, porque Lula era presidente.

Si la opción del PT es, finalmente, Fernando Haddad, aseguran que la lucha por la obra de Lula —que es la obra del pueblo— continuará frente a una derecha que entierra todos los escrúpulos para sobrevivir, a costa de 14 millones de brasileños en extrema pobreza.


Maryam Camejo

 
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