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Publicado el 24 Octubre, 2018 por Maryam Camejo en Mundo
 
 

El gran dilema de Brasil

¿Reacción o justicia social? Las próximas elecciones dirán la última palabra

 

Fernando Haddad – Manuela D’Avila: la fórmula presidente-vicepresidenta del PT. (politicaymedios.com)

Fernando Haddad – Manuela D’Avila: la fórmula presidente-vicepresidenta del PT. (politicaymedios.com)

Por MARYAM CAMEJO

Cuando el futuro pende de un hilo, más vale tomarlo por las riendas y dirigirlo, si aún hay tiempo. La pregunta en Brasil es si tienen ese tiempo o si fueron aprovechamdo en el momento que el desequilibrio y la desestabilización parecían ser noticias de otros pueblos. Sin embargo, las campanas de otra etapa histórica sonaron ya hace mucho rato, y el resultado de las últimas encuestas indican que una gran cantidad de votantes no ha percibido que el 28 de octubre puede ser el tocar las puertas de una posible dictadura militar.

Los medios de prensa han hecho de todo para desacreditar al Partido de los Trabajadores (PT), a Luiz Inácio Lula da Silva, preso injustamente, y a Fernando Haddad, la única esperanza para la situación económica y social que hoy existe en ese país. La imagen de Jair Bolsonaro se ha vendido como la de un hombre antisistema, mesías y restaurador del orden frente al caos y la corrupción, supuestos legados del PT.

¿Será posible entonces que los favelados, los sin tierra, y aquellos que viven en extrema pobreza, o los que subieron y pasaron a formar parte de la clase media cuenten con las horas, los días y noches necesarios para reflexionar sobre quién es el autor-culpable de las páginas de crisis en el panorama brasileño? De eso se trata en esta segunda vuelta para elegir presidente, y las predicciones apuntan a que Jair Bolsonaro pudiera obtener un 51 por ciento de votos, lo que le daría la victoria.

Pese a ello, varios analistas creen que Haddad todavía tiene oportunidad, habida cuenta que Bolsonaro se ha escabullido de los debates en televisión, con la excusa de su estado de salud luego del ataque con cuchillo que sufrió –muy conveniente ¿verdad?- Además, sus declaraciones ofensivas y radicales le han buscado las calificaciones de homófobo, machista, racista, etcétera, cosas que unos años antes solo hubieran suscitado la burla pública, pero, tal como afirma el escritor Atilio Borón, el momento es otro, las condiciones cambiaron.

Razón lleva Haddad al decir que su contrincante es una amenaza a la democracia en Brasil, sus propuestas políticas tienen gran inclinación al sistema autoritario que busca reducir la autonomía del Estado, como lo hizo la dictadura militar entre 1964 y 1985.

Frei Betto, teólogo de la Liberación, señalaba en una entrevista que, de ganar el PT, era prioridad el trabajo por la educación política de las masas, y muchos analistas coinciden en ello. No basta con que la izquierda latinoamericana cree proyectos y planes de inclusión (que garantizan acceso a comida, agua, educación), y se mantenga a la espera de que, como por arte de magia, rechacen la ideología consumista, donde es imprescindible que no haya “de todo para todos”, sino para unos pocos.

El gran desafío de un nuevo Gobierno petista va más allá de retomar políticas sociales, a lograr el rechazo masivo de las ideas bolsonaristas, donde la exclusión del activismo social sería inherente al progreso. El sentido del proyecto de Haddad se basa precisamente en la democracia, la libertad y la igualdad.

Dentro de este escenario se contraponen dos modelos de país: uno que pone a Brasil al borde del precipicio, y otro que pretende retomar el legado de Lula y establecer la justicia allí donde es evidente que desapareció cualquier vestigio de ella cuando se cocinaba a puerta cerrada una meticulosa estrategia para destituir a Dilma Rouseff, luego de desacreditarla por supuesta corrupta, seguido de “un golpe maestro” que pondría a Lula en la cárcel, impidiendo dos cosas: primero la continuación del Gobierno de Dilma, y segundo, la posibilidad de que resurgiera el PT.

Vale entonces volver a preguntarse si hay tiempo para entender que Bolsonaro está muy lejos de ser un hombre antisistema; en todo caso es la representación derechista más extrema de él. Brasil no necesita nuevas políticas neoliberales, sino la propuesta coherente de Fernando Haddad.


Maryam Camejo

 
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