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Publicado el 24 Octubre, 2018 por Maryam Camejo en Mundo
 
 

Italia a contracorriente

El Gobierno italiano enfrenta las críticas de la Unión Europea por querer aumentar el gasto público

 

El líder de la coalición rechaza presión de la UE. (telam.com)

El líder de la coalición rechaza presión de la UE. (telam.com)

Por MARYAM CAMEJO

A principios de año se hablaba de crisis de gobernabilidad y desorden. Hoy, los medios centran su atención en dos problemáticas fundamentales que inciden sobre la economía y las ideologías en Italia. Desde que tomaron el mando Giuseppe Conte y su Gobierno de coalición, fruto del acuerdo entre el Movimiento 5 Estrellas (M5S) y la Liga, endurecieron su postura frente a la inmigración ilegal, a pesar de los constantes llamados de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para que brinde ayuda humanitaria a quienes huyen de la guerra en sus países de origen.

Italia se niega a seguir recibiendo extranjeros hasta que la Unión Europea (UE) acepte su propuesta de que los desembarcos se realicen en distintos puertos de los Estados miembros. Algunos alertan de que el decreto que limita la protección a los refugiados podría ser contrario a la Convención de Refugiados de la ONU de 1951, que tiene la intención de salvaguardar a todas las personas en esta condición, formalmente reconocidas o no, de ser devueltas a la fuerza, excepto cuando constituyan un peligro para la seguridad pública o la seguridad nacional.

El decreto italiano deja claro que si un foráneo ya está condenado en primera instancia no podrá entrar en el territorio, y tampoco lo hará quien haya sido expulsado de otros puntos de la zona Schengen. Solo se les otorgará protección humanitaria a las víctimas de la explotación laboral, la trata de personas, la violencia doméstica, las catástrofes naturales o a quienes necesitan atención médica, así como a aquellos que realizan “actos de particular valor cívico”.

Según declara el primer ministro, Giuseppe Conte, “en Italia, hubo una recepción indiscriminada (de migrantes) y las reglas ayudaron a esto”. A partir de aquí, los discursos oficialistas encuentran culpables de los problemas económicos, algo que ya resulta tendencia en el Viejo Continente. En esto también el gabinete se ha escudado para presentar un presupuesto con vistas a 2019 que implica un aumento del déficit fiscal.

La nación europea prevé una renta básica para la parte más pobre de la sociedad, una rebaja fiscal para autónomos y una reducción de la edad para la jubilación, entre otras cosas, lo que elevaría el déficit al 2.4 por ciento del producto interno bruto (PIB), tres veces más de lo que Roma había acordado con Bruselas.

Las críticas del bloque no se hicieron esperar, acompañadas de las declaraciones de la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde. Por una parte, aparecen los reclamos de que todos los miembros de la UE deben implantar medidas para disminuir la deuda, y, siguiendo la lógica neoliberal, la única manera de lograrlo es disminuyendo el gasto público.

Según declaraciones del FMI, Italia necesita emitir deuda por un valor cercano al 20 por ciento de su PIB cada año para cubrir sus necesidades de financiación, en parte porque la deuda pública del país equivale a un enorme 130 por ciento del PIB. Y, aunque el ahorro interno cubre gran parte de esa necesidad de financiación, deviene insuficiente. A ello se suma el hecho de que la capacidad de crecimiento de esa nación es muy baja.

La puja de fuerzas está en pleno apogeo. Por un lado, la Coalición dice que no habrá plan B, y, por otro, Lagarde y el presidente de la Comisión Europea llaman a regirse según las reglas y los acuerdos del bloque regional. La tesis del FMI es que Roma debe contener el gasto, mejorar la arquitectura legal e institucional del país, y liberalizar los mercados de trabajo, bienes y servicios.

Al fin y al cabo, los llamados a seguir lo decidido en “el club” pueden estar dirigidos a oídos sordos. Desde hace tiempo, se sabe que varios funcionarios del Gobierno italiano han mostrado su descontento con la UE, e incluso han mencionado la posibilidad de un “Italexit”. Lo cierto es que, sin duda, los planes de por dónde sacar el país a flote van en una dirección opuesta a lo que aspira la Unión, y la coalición de gobierno desecha la idea de dar su brazo a torcer.


Maryam Camejo

 
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