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Publicado el 15 Noviembre, 2018 por Prensa Latina en Mundo
 
 

A un año de la tragedia, ¿dónde está el ARA San Juan?

El silencio sigue reinando en las aguas del Atlántico. Ni la más alta tecnología, ni rastrear profundamente las aguas por aire y por mar, no hay ni un solo contacto con el submarino, que llevaba a bordo a 44 tripulantes
El submarino ARA San Juan desapareció hace casi dos semanas con 44 tripulantes a bordo. (Foto: El comercio).

Foto: El comercio

Por Maylín Vidal *

Buenos Aires (PL) La noticia ya no es tema recurrente en las planas argentinas pero el dolor de los familiares de los 44 oficiales que viajaban en el submarino ARA San Juan se profundiza y a un año de su desaparición se hacen muchas preguntas.

¿Qué ocurrió exactamente el 15 de noviembre de 2017 cuando la mole de hierro regresaba de Ushuaia a su apostadero habitual de Mar del Plata?, ¿cómo y por qué no hay ni un rastro tan siquiera pequeño tras una intensa búsqueda con la más alta tecnología existente en el mundo, en la que participaron una decena de países?

El silencio sigue reinando en las aguas del Atlántico. Ni la más alta tecnología, ni rastrear profundamente las aguas por aire y por mar, no hay ni un solo contacto con el submarino ARA San Juan hasta ahora.

Como única hipótesis manejada por el Gobierno desde el principio continúa la información de la embajada de Austria en Buenos Aires que registró un evento anómalo singular, corto, violento y no nuclear consistente con una explosión, tres horas después de que el submarino desapareciera.

Según trascendió, la mole de hierro podría haberse hundido como consecuencia de la explosión en una amplia zona sobre el llamado talud continental, cuya profundidad varía entre los 200 y tres mil metros.

Que si no tenía las condiciones para viajar, si presentaba problemas de mantenimiento, mala maniobra, versiones de que podría haber sufrido una falla eléctrica en las baterías, relacionada con un incendio, hasta un posible ataque -descartado por las autoridades-, las especulaciones no cesan.

Lo cierto es que aún se desconoce lo ocurrido con la mole de hierro sumergible, fabricada en Alemania y que prestaba servicio a la Armada desde 1985, y cuya desaparición resulta hasta hoy la mayor tragedia naval de la historia argentina en tiempos de paz.

Unos 50 buques y aviones pertenecientes a Alemania, Brasil, Chile, Colombia, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Noruega, Perú, Uruguay y de esta nación austral trabajaron mancomunadamente durante varios días para rastrear cerca de 482 mil 507 kilómetros, una superficie equivalente a todo el territorio de España, y no lograron encontrar nada.

Muchos se preguntan cómo en estos tiempos con tanta tecnología y recursos, no se ha logrado encontrar ni un solo rastro pero el mar, tan amplio como una sábana sin fin, tan peliagudo y lleno de sorpresas, tan vengativo, se niega a devolverlos, sin contar un tiempo hostil y malas condiciones meteorológicas que retrasaron varias veces la búsqueda.

LUCHA DE LOS FAMILIARES Y FE EN EL OCEAN INFINITY

Marchas en Mar del Plata y Buenos Aires, fuertes cruces en el Congreso, en la comisión bicameral destinada a investigar el caso, decenas de testimonios recogidos y la pelea de los familiares porque el Gobierno contratara una empresa para reanudar la búsqueda, marcaron estos meses.

Los padres, hermanos, hijos y sobrinos siguen esperando por una señal, aferrados a la esperanza de al menos saber qué pudo haber sucedido con sus seres queridos.

En el ARA San Juan viajaban 44 oficiales, muchos de ellos jóvenes, algunos a punto de ser padres por primera vez, y también una mujer de 34 años, la reina de los mares como solían llamarle, Eliana Krawczyk, la primera submarinista de América Latina.

Con ese dolor y desesperación que es perder a un ser querido, los familiares no cejaron ni un minuto y muchos de ellos en medio de la incertidumbre acamparon día y noche, movieron cielo y tierra, para que el Ejecutivo reanudara la búsqueda en los últimos meses.

Tras ir y venir, finalmente se contrató a la compañía estadounidense Ocean Infinity, que desde septiembre pasado reanudó el rastrillaje tras llegar a un contrato con el Ejecutivo de Mauricio Macri, en el cual cobrará por sus servicios solamente si encuentra al ARA San Juan.

La empresa norteamericana, que también estuvo rastreando sin éxito al avión de Malaysia Airlines desaparecido en 2014 sobre el océano Índico, tiene vehículos autónomos sumergibles que pueden operar a seis mil metros de profundidad recolectando datos de alta resolución.

Con la esperanza puesta en el buque noruego Seabed Constructor, de Ocean Infinity, el equipo interdisciplinario busca día y noche sin descanso en las aguas argentinas.

A bordo del Seabed está Luis Tagliapietra, el padre del oficial Alejandro Damián y abogado querellante en la causa, quien dio dura pelea para que el Gobierno llegara finalmente a contratar una empresa privada a fin de reanudar la búsqueda.

Para ello incluso estuvo junto a otros familiares durante varias semanas bajo lluvia, sol, sereno y heladas madrugadas en acampe frente a la Casa Rosada, sede del poder Ejecutivo.

Junto a él también están Silvina Krawczyk, la hermana de Eliana Krawczyk; José Luis Castillo (hermano de Enrique Castillo), y Fernando Arjona (hermano de Alberto Arjona). Cada día reportan desde el buque.

Padre guerrero, Tagliapietra saca fuerzas y apunta que en un año pasó mucho y no pasó nada. ‘Solo hay teorías, hipótesis, cada uno especialmente del Gobierno y la Armada llevan agua para su molino, pero nada se ha podido demostrar’.

La historia oficial que nos transmitieron como verdad absoluta, agregó, se cae por su propio peso al no haberlos encontrado donde deberían estar.

Doce meses después, el padre de Alejandro Damián afirma que hay que replantearse todo y volver a empezar. Lo único positivo que rescatamos de esta expedición de al menos 70 días, es tener la certeza de dónde no están por lo menos, aunque seguimos con la esperanza de encontrarlos.

Admite este padre que ha sido una experiencia muy dura estar sobre el buque. Dejó a sus otros dos hijos en casa y los extraña. Nadie pensaba que esto iba a ser tan largo, realmente es muy duro todo, subraya.

Su foto me acompaña en mi camarote, en mi teléfono, y él está en mi mente y mi corazón, señala cuando piensa en su hijo Alejandro Damián, un joven de 27 años.

Y todo esto, agrega, luchando contra los tres poderes del Estado porque el Ejecutivo hace todo difícil a través del silencio del presidente, la Armada tiene mucha disposición pero limitaciones, y el poder judicial acumuló muchos papeles y testimonios pero la carátula sigue como averiguación de delito.

El Congreso en sí mismo no ha sacado una ley que ampare la búsqueda de la verdad, que nos ayude a nosotros, nada. Solo expresiones de buena voluntad no alcanza, señala este angustiado padre que hoy sigue con la fe en alto de encontrar a Alejandro Damián y los otros 43 héroes del San Juan.

arb/may

*Corresponsal de Prensa Latina en Argentina.


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