1
Publicado el 21 Noviembre, 2018 por Liset García Rodríguez en Mundo
 
 

Médico cubano en Brasil que salva y es salvado

Arnaldo Cedeño no es solo el doctor que no pudo despedirse de los niños que atendió en una aldea brasileña, sino el que sus pacientes añorarán a partir de ahora, gracias a Bolsonaro
Bienvenido a Cuba, doctor Arnaldo Cedeño, quien volverá a Veguitas en su natal Granma, donde otras misiones lo esperan.

Bienvenido a Cuba, doctor Arnaldo Cedeño, quien volverá a Veguitas en su natal Granma, donde otras misiones lo esperan.

Por LISET GARCÍA

Fotos: Cortesía de ARNALDO CEDEÑO NÚÑEZ

El doctor Arnaldo Cedeño Núñez, en cuya memoria no habrá espacio para tanta vivencia, es uno de los médicos que puso a disposición de los pacientes brasileños de zonas bien intrincadas, sus conocimientos y el sentido de humanismo aprendidos de la Revolución Cubana. Pronto estará de regreso. Ya sabemos que la terquedad y el irrespeto del nuevo gobierno brasileño impiden que continúe su misión allí.

Lo encontramos en la red social Facebook, y en diálogo con BOHEMIA, abundó otros detalles, adicionales a los que ya contó a Cubadebate, (http://www.cubadebate.cu/especiales/2018/11/20/perdon-a-mis-ninos-por-no-haberles-dicho-adios/#), publicados hoy por Juventud Rebelde, con texto de la colega Minoska Cadalso. Mi intención era solo felicitarlo por su firmeza y valor. Pero lo que se cuenta a una periodista…

Su pueblo, Veguitas, en la provincia de Granma, debe estar preparando ya la bienvenida a este médico que a sus 38 años, recién cumplidos el pasado 10 de octubre, puede decirse que es un experto en salvar vidas. Prestó servicio médico en Venezuela durante tres años y hace dos está en Macapá, en el Estado de Amapá, uno de los veintiséis que conforman el gigante sudamericano, surcado por ríos como el gran Amazonas. Todo un territorio de contrastes entre riquezas y pobrezas, desatención y necesidades.

Este es el niño que el doctor Arnaldo Cedeño salvó, seis meses después.

Este es el niño que el doctor Arnaldo Cedeño salvó, seis meses después.

“Yo trabajaba en la aldea Jackson Waiana –cuenta–, donde no hay teléfonos, ni electricidad, mucho menos internet. Estaba solo con un técnico(a) de enfermería. Pero, de presentarse algún problema con ese técnico, y tenían que retirarlo de emergencia, corría el riesgo de quedarme solo, y eso hacía un poco estresante el trabajo, hasta que mandaran a otro para sustituirlo.

“Me ocurrió en dos ocasiones, y la verdad fue difícil. La primera, porque el técnico que me acompañaba debió salir por su retirada oficial”. Cuenta que la noche había sido tranquila hasta que lo llamaron para atender un joven con la presión alta. Lo atendió casi toda la madrugada, y en la mañana estaba mejor, por suerte.

“En otra ocasión, a media noche llegaron a buscarme para atender un parto (más bien para cortar el cordón) porque el niño ya había nacido. Pero, se les cayó al suelo, estaba todo lleno de tierra y aún vivo, gracias a Dios.

“Yo no entendía nada de lo que hablaban. Solo pude entender que preguntaban por el técnico. Ellos aún no confiaban en mí. No creían que fuera médico, por la forma familiar con que los trataba. Se les había hecho costumbre la distancia entre un médico y ellos”.

Parece que historias como estas no volverán a repetirse por ahora, y abundarán quienes no se salven, o tengan que acudir a una consulta donde sean tratados como personas extrañas, con cheque en la mano, eso sí.

Quien lo salvó a él de la picada de una cobra es ese niño con el pulóver verde.

Quien lo salvó a él de la picada de una cobra es ese niño con el pulóver verde.

 


Liset García Rodríguez

 
Liset García Rodríguez