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Publicado el 25 Enero, 2019 por Prensa Latina en Mundo
 
 

Discurso del Papa a obispos centrado en Arnulfo Romero

El mártir de la Iglesia católica, el salvadoreño Oscar Arnulfo Romero, fue la figura que desde las reflexiones del sacerdote asesinado centró el discurso del sumo pontífice a sus compañeros de fe
Papa Francisco en Panama/ PL

(Foto: prensa-latina.cu)

Panamá, 24 ene (PL) El encuentro realizado hoy aquí entre el papa Francisco y los obispos centroamericanos, dentro de la Jornada Mundial de la Juventud, tuvo el sabor de una tertulia entre viejos amigos lejos de la atmósfera protocolar de estas reuniones.
El mártir de la Iglesia católica, el salvadoreño Oscar Arnulfo Romero, fue la figura que desde las reflexiones del sacerdote asesinado centró el discurso del sumo pontífice a sus compañeros de fe, o como prefirió decir: ‘de la mano de san Oscar’ y afirmó sobre su legado ‘que puede transformarse en testimonio activo y vivificante para nosotros’.

En sus palabras cargadas de análisis de la función pastoral, el obispo de Roma afirmó que Romero mostró que el pastor debe aprender y escuchar los latidos de su pueblo, percibir ‘el olor’ de los hombres y mujeres de hoy, hasta quedar impregnado de sus alegrías y esperanzas, de sus tristezas y angustias.

Y en el diálogo de Jorge Mario Bergoglio con sus viejos amigos, entre broma y broma sobre algún hecho en particular, con la seriedad que caracteriza su verbo, enfiló el dardo al combate a la pobreza, y como líder del catolicismo mundial, lo hizo desde la óptica de una iglesia de los pobres.

‘El pastor no puede estar lejos del sufrimiento de su pueblo, es más, podríamos decir que el corazón del pastor se mide por su capacidad de dejarse conmover frente a tantas vidas dolidas y amenazadas’, dijo y enlazó esa idea con los protagonistas por estos días de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) católica.

Consideró la JMJ como oportunidad única para salir al encuentro y acercarse aún más a la ‘realidad de nuestros jóvenes, llena de esperanzas y deseos, pero también hondamente marcada por tantas heridas’, y alertó que las nuevas generaciones se adelantan en ocasiones a sus pastores.

En una clara interpretación de que las masas juveniles son reclutadas por el mundo delictivo, Francisco exhortó a los obispos: ‘róbenselos a la calle antes de que sea la cultura de muerte la que, vendiéndoles humo y mágicas soluciones, se apodere y aproveche de su imaginación’.

Reconoció que son muchos los jóvenes que dolorosamente fueron seducidos con respuestas inmediatas a su situación de pobreza, y por la falta de alternativas hipotecaron sus vidas al dejarse arrastrar a contextos altamente conflictivos y de no rápida solución.

Al mencionar algunos de esos flagelos que comprometen a los jóvenes, enumeró las bandas armadas y criminales, tráfico de droga, explotación sexual, incluida la de menores, e hizo énfasis en la violencia doméstica y feminicidios; de este último lamentó: ‘Âíqué plaga vive nuestro continente en este sentido!’.

Romero (1917-1980), arzobispo metropolitano de San Salvador, fue asesinado por la cúpula militar de su país tras convertirse en abanderado de la defensa de los derechos humanos y contra la violencia política.

Es considerado mártir de la iglesia y tras el proceso de beatificación, Francisco lo canonizó el 14 de octubre de 2018.


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