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Publicado el 13 Febrero, 2019 por Maryam Camejo en Mundo
 
 

COLOMBIA: Del discurso político a la manipulación

Cuba mantiene su postura de cumplir los protocolos acordados con el Gobierno de Juan Manuel Santos

 

Iván Duque refuerza la persecución contra el ELN ofreciendo recompensas. (canaltropical.co)

Por MARYAM CAMEJO

La corrida de la derecha contra todo progreso en Latinoamérica está desbocada. Más allá del ataque a la gestión de gobiernos de izquierda –del presente y el pasado–, alcanza también procesos como las conversaciones de paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Después de que se congelaron desde la llegada al poder del presidente Iván Duque, el ataque a la Escuela de Cadetes de la Policía en Bogotá el 17 de enero fue la pieza que faltaba para ponerle punto final a las negociaciones.

Y las cosas no quedaron ahí, era de esperarse. Duque exige a Cuba la extradición de los miembros de la delegación del ELN que se encuentran en La Habana, haciendo caso omiso a los protocolos antes firmados por la administración de Juan Manuel Santos. Pero tal como publicó la edición anterior de BOHEMIA, esas normativas son política de Estado, aprobada a través de los mecanismos legales que existen en la institucionalidad del país. No son una línea del Ejecutivo de turno, por tanto deben respetarse. Violar lo acordado pone en peligro la posibilidad de reiniciar en el futuro pláticas para alcanzar la paz.

Según lo suscrito, los países garantes y las partes contarían con 15 días desde la ruptura del diálogo para crear un corredor que permitiera el retorno a Colombia de los diez negociadores. No obstante, Duque se empecina en su postura y no ofrece garantía alguna para el regreso de la delegación del ELN. A raíz de ello, la organización guerrillera anunció que no retornarán al país sudamericano en el período establecido.

A pesar de que Noruega secundó a Cuba en su posición y el pedido de respeto a los protocolos, los medios de derecha llevan a cabo una verdadera lucha simbólica en el terreno de la opinión pública para colgarle a la Isla el cartel de protectora de terroristas.

Por su parte, el Gobierno alemán también criticó la decisión del presidente Duque de reactivar órdenes de captura contra los negociadores. “El requisito previo básico para las conversaciones de paz es un mínimo nivel de protección de la confianza para todos los participantes”, opinó Michael Roth, secretario de Estado en el Ministerio de Relaciones Exteriores de la nación europea.

“El presidente Duque no ha incumplido nada, porque nunca firmó nada, el mandatario no firmó un acuerdo con el ELN, tampoco firmó un compromiso para poner en marcha negociaciones, no firmó protocolos para que fueran aplicados en el curso de esas negociaciones y cuando se presentaran situaciones que impidieran su continuación”, afirmó el canciller de Colombia, Carlos Holmes Trujillo, en respuesta a las críticas de Alemania.

Un problema grave en el centro de atención es cómo mantienen la justificación de que no necesitan actuar acorde a los protocolos, porque una parte importante de la opinión pública se deja llevar por estas evidentes manipulaciones del discurso político.

Si las intenciones de la administración actual colombiana fueran a cambiar con respecto a lo suscrito, deberían renegociarse dichos protocolos y entonces accionar como corresponda. Lo contrario supone una violación de lo que un gabinete anterior firmó para que se mantuviese en el tiempo, y con declaraciones como las de Trujillo se pretende disfrazar la realidad y liberar a Duque de responsabilidades.

A pesar de los pedidos de cordura al Gobierno de Colombia, se ha fortalecido la persecución del ELN mediante jugosas recompensas por información sobre el paradero de los dirigentes del grupo rebelde, que alcanza los 1.3 millones. Esto se produce en medio de una ola de asesinatos selectivos de líderes sociales que, conforme a la Fiscalía, involucra a esa guerrilla, así como a disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).  En el último año han sido asesinados 247 dirigentes comunitarios o defensores de derechos humanos, según la Defensoría del Pueblo. Frente a una violencia tan desmedida, Duque no mueve un dedo para proteger al pueblo, que tanto necesita de una paz duradera.

 


Maryam Camejo

 
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