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Publicado el 11 Febrero, 2019 por Prensa Latina en Mundo
 
 

¿Qué está pasando en Serbia y a qué intereses responde?

La combinación de las presiones de Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña y otros estados y las manifestaciones callejeras sabatinas con inaudita escalada en sus demandas, tiene el tufillo cada vez más perceptible del combustible que una o varias manos lanzan a la hoguera local desde allende las fronteras
Protestas en Serbia /PL

(Foto: prensa-latina.cu)

Por Roberto Molina Hernández
Belgrado, 10 feb (PL) La agitación política en Serbia, centrada en el aparente callejón sin salida de la cuestión en torno a Kosovo, está lejos de ser sólo el resultado de convulsiones internas y adquiere visos de flagrante injerencia exterior.
Para los analistas aquí, la combinación de las presiones de Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña y otros estados y las manifestaciones callejeras sabatinas con inaudita escalada en sus demandas, tiene el tufillo cada vez más perceptible del combustible que una o varias manos lanzan a la hoguera local desde allende las fronteras.

Los servicios de inteligencia serbios, notorios por su profesionalidad y eficacia, no pueden dejar de percatarse de ello, con independencia de que su delicada labor y detalles al respecto estén ausentes de las páginas físicas y virtuales de los medios.

Por eso no escapa a cualquier observador del acontecer nacional la coincidencia en tiempo y espacio de las decisiones unilaterales de quienes ostentan el poder en Pristina para impedir la posibilidad de un arreglo negociado del conflicto con Belgrado y el renacer de las manifestaciones callejeras contra las autoridades serbias.

Impulsadas esta vez por los principales artífices de la llamada Unión por Serbia (SzS, siglas en serbio), una inusitada alianza de un sector de los opositores a la cúpula gobernante, esas protestas llegaron anoche a su décima edición, con el anuncio de haber incorporado al estudiantado universitario, un medio centenar, según diversas fuentes.

Nuevamente, los denominados autoconvocados- niegan que detrás de ellos haya alguien- recorrieron vitales arterias de esta capital portando carteles con las más insólitas consignas, como ÂíAbajo (el presidente, Aleksandar) Vucic, abajo el capitalismo! y, en segunda ocasión, un artefacto simbolizando una horca.

Los voceros de las marchas sabatinas no explican el mensaje que desean trasmitir con esos llamados, sobre todo el entramado de tubos plásticos en cuyo tramo horizontal cuelga una cuerda con un lazo, pero en las redes sociales algunos de sus supuestos partidarios abogan por aplicar ese castigo al mandatario, familiares y seguidores.

En materia de demandas concretas, comenzaron con el pedido de algunas renuncias en el gabinete y en la dirección de la televisora pública RTS (frente a cuya sede se detienen regularmente).

Pero ahora abogan por la caída del mandatario y del gobierno, así como que se haga público el plan de las autoridades para la búsqueda de un acuerdo de compromiso con Kosovo, un documento que, como tal, puede que ni siquiera exista y, de serlo, es tema de negociación.

No demoraron en hacerse públicas algunas indicaciones de la injerencia extranjera en estos eventos.

El diario Informer, un tabloide considerado cercano al poder, insertó un reportaje sobre los encuentros en un hotel capitalino de altos funcionarios de la embajada de Estados Unidos con uno de los ‘líderes’ opositores, el actor Sergej Trifunovic, y la persona señalada como coordinadora de las sistemáticas marchas, Jelena Anasonovic.

Las cartas parecen estar echadas e indicar que en política no hay casualidades ni nada nuevo, pues se repite el mismo formato de acción empleado aquí durante la atomización de Yugoslavia primero y la secesión de Kosovo después, los escenarios de Iraq, Libia y Siria, así como más recientemente en Nicaragua y Venezuela.

Y mientras algunos acá confían en la sabiduría y capacidad de discernimiento de la población, que mayoritariamente votó por los actuales poderes, otros abogan por una urgente campaña de denuncias y la acción de la ley y la justicia.


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