0
Publicado el 15 Marzo, 2019 por Maryam Camejo en Mundo
 
 

Brasil: Cuando corre la sangre y aumentan las armas

El gigante suramericano está gobernado por militares y es escenario de tragedias

Tiroteo en una escuela reaviva debate sobre tenencia de armas (eluniversal.com)

Por MARYAM CAMEJO. Especial para BOHEMIA digital

Al momento de escribir estas líneas, dos noticias llegan desde Brasil que hacen renacer la indignación y lamentar una tragedia: la muerte de diez personas en una escuela, seis de ellas niños, asesinados a tiro limpio por otros dos adolescentes que después de concluir la masacre se suicidaron. Pero eso no es todo.

Luego de la captura de los involucrados en el asesinato perpetrado un año atrás contra Marielle Franco, la concejala de izquierda de Río de Janeiro que tuvo coraje suficiente para levantarse contra el poder de las milicias en esa ciudad, se descubre una foto del presidente Jair Bolsonaro con uno de los criminales, sargento retirado de la Policía Ronnie Lessa. “Tengo fotos con millares de policías civiles y militares, con millares en todo Brasil”, se defendió el mandatario.

Frente a hechos tan graves no vale tomarse una píldora e irse a la cama. El Gobierno de Bolsonaro está en manos de militares, así lo han denunciado medios brasileños, incluso conservadores. El tiroteo en la escuela, la peor matanza de ese tipo en Brasil desde 2011, puso sobre la mesa el tema del uso de armas, pero, como era de esperar, las élites se lavan las manos y demeritan toda relación de lo sucedido con la flexibilización de la tenencia de tales artilugios. Podría decirse que asistimos a una repetición de sangre, muerte y titulares de periódicos; parece que no son solo los intereses de Estados Unidos los que encuentran espacio en América Latina, sino también escenas de este tipo (recodar cómo Donald Trump se ha desentendido del problema en su país y ha propuesto  armas para los maestros).

Publicaciones del gigante suramericano advierten de que los militares instalados en el gabinete han logrado imponerse como el grupo que toma las decisiones en Brasilia. No únicamente Hamilton Mourão, quien tiene la ventaja de ser el vicepresidente -y que ha ejercido la presidencia durante más días que Bolsonaro-, sino también otros seis generales, que parecen ser los responsables de impulsar la agenda de la administración.

Descubren foto de Bolsonaro con presunto asesino de la concejal Marielle Franco (perfil.com)

Solo así puede entenderse lo “inexplicable”. El vicepresidente, cuando no está en el Palacio del Planalto, inunda los medios de prensa del grupo Globo, critica a los hijos de Bolsonaro, y a veces también contradice al presidente. Sin dudas, algo pasa en el Gobierno y es evidente una crisis política; alguien puede creer que está en vías de resolución, pero lo cierto es que si el Estado está “en desorden”, la dirección actual está cumpliendo su razón de ser, sobre todo cuando el mandatario venció en las elecciones no porque tuviera un programa de economía y desarrollo esperanzador para la nación.

Tal como dijo el teólogo de la liberación Frei Betto, Bolsonaro ganó por la ola antipetista que se creó, sobre todo por la vía de las redes digitales, ganó por la movilización de las iglesias neopentecostales conservadoras, mientras las católica y protestantes no hicieron –como aquellas– trabajo de base popular, ganó porque se victimizó después de la cuchillada y no participó de los debates electorales, ganó por la incapacidad de los progresistas de hacerse una autocrítica y sancionar con rigor a los corruptos.

Sería un sinsentido guardar alguna fe en la posibilidad de que este país florezca junto a Bolsonaro, porque no habrá paz en Brasil con la derecha en el poder, una élite empeñada en destruir todo vestigio de progreso, y sumir a sus ciudadanos, cada vez más, en un estado de cosas donde el esquema de pensamiento es muy sencillo pero cruel: ya que no hay seguridad alimentaria o sanitaria para todos, aumentemos las desigualdades, bien pueden vivir con el pecho apretado cuando manden a sus hijos a la escuela o cuando alcen la voz por un atisbo de justicia.

 


Maryam Camejo

 
Maryam Camejo