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Publicado el 21 Marzo, 2019 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

CACHEMIRA: La moderación evitará la guerra

India y Pakistán dos países con armamento nuclear vuelven a escalar tensiones

Foto: (RT. es)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Cachemira, área que reclaman para sí tanto India como Pakistán, vive un estado de relativa calma desde 2003. En ese entonces se movilizaron por ambas partes entre 300 000 y 500 000 militares, aunque al final primó el sentido común, llegándose al consenso sobre la necesidad de retomar conversaciones cuya meta debía ser un acuerdo bilateral. El ritmo del entendimiento en general ha sido lento y no fue hasta 2011 cuando se dieron algunos pasos sobre seguridad y administración de recursos hídricos.

Pero lo que distingue a Cachemira son las recurrentes provocaciones a ambos lados de la línea de separación; por eso se está muy lejos de una solución definitiva a un diferendo que tiene partida de nacimiento en 1947, en tiempos de descolonización, que culminó en división y con el establecimiento de una línea fronteriza “de facto”, la cual se mantiene al día de hoy.

Así en el actual año, la frágil estabilidad se vio de nuevo estremecida a partir del 14 de febrero pasado, día en que allí un ataque suicida con carro bomba, asumido por el grupo terrorista fundamentalista Ejército de Mohammed, o JeM, mató a 45 policías indios. Ante el hecho, Nueva Delhi acusó a Islamabad de estar a la sombra y activó sus fuerzas aéreas, las que incursionaron en la Cachemira pakistaní; sin embargo, no puede decirse que haya vencido, porque dos de sus aviones fueron derribados y un piloto fue hecho prisionero. En una jugada aparentemente apaciguadora, el primer ministro pakistaní, Imran Khan, liberó al soldado capturado.

Estas escaramuzas colocan otra vez en el candelero internacional un asunto que trasciende lo local, debido a la proximidad de Afganistán y de China. En el primer país, todavía la paz es asignatura pendiente, dada la permanencia de tropas yanquis y el rechazo que esto genera en algunos grupos autodenominados de resistencia pero que Washington y Kabul califican de terroristas.

China defiende sus propios intereses en Cachemira, al tener jurisdicción sobre una porción de esta, y por tal motivo siempre ha sido proclive a un entendimiento indopakistaní, porque no le es conveniente el escalamiento del conflicto, teniendo en cuenta que Nueva Delhi e Islamabad poseen armamento nuclear.

Desde la conclusión de la llamada Guerra de Kargil en 1999, ambas naciones mantienen en activo sus tropas a lo largo de los mil kilómetros de la Línea de Control que divide la Cachemira india de la pakistaní. A pesar de que algunas fuentes consultadas vaticinan un peligro mayor para la región de la mano de una eventual conflagración por el control definitivo del territorio, otras en cambio sostienen que los contendientes más que grandes victorias lo que buscan es el desgaste mutuo, y hablan de un problema “bisagra”, activado por intereses nacionales.

Esta postura es la más cercana al futuro inmediato, porque tanto India como Pakistán carecen de la suficiente solvencia económica para llevar adelante planes más ambiciosos de dominio, puesto que están concentrados en sus complejas agendas internas. Una se caracteriza por su lucha contra los grupos fundamentalistas dentro de sus predios, como es el caso de los talibanes pakistaníes, que pudieran estar conectados a los de Afganistán, y eso encierra el peligro de tensiones con Estados Unidos. De otra parte, India sigue con el ideal de fortalecerse como potencia emergente en el concierto de voces del Brics.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda