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Publicado el 24 Abril, 2019 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

LIBIA. Resultado de una intervención atroz

A ocho años de una supuesta ayuda humanitaria el caos en la nación norafricana es mayúsculo. Ahora Occidente no sabe qué hacer para remediarlo
: Leales al Gobierno Nacional han asegurado el arresto de decenas de hombres de Haftar en su batalla por Trípoli. (Foto: monitordeoriente.com)

: Leales al Gobierno Nacional han asegurado el arresto de decenas de hombres de Haftar en su batalla por Trípoli. (Foto: monitordeoriente.com)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Disfrazada de democracia se introdujo la anarquía en Libia, nación del norte de África que en tiempos de Muamar al Gadafi ostentaba encomiables estadísticas de bienestar humano para los estándares de la región. Pero espoleada por Estados Unidos, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), se introdujo en Trípoli a sangre y fuego en nombre de una ficticia emancipación nacional porque el objetivo esencial fue el petróleo y el oro libio. Desde 2011 se ha desatado allí en general un infierno, agudizado en los centros de detención de migrantes.

Al examinar la realidad de ese país Pablo Elorduy, en el sitio digital Kaos en la Red, advierte que de ser el país más rico del área se ha convertido en un estado fallido donde Gobierna el grupo terrorista conocido como Estado Islámico o Daesh. A tal punto ha llegado la pesadilla que ya son reiteradas las denuncias internacionales sobre la utilización de mil 300 refugiados como carne de cañón o como soldados en una contienda que les es ajena porque esas personas lo único que desean es traspasar las costas libias para llegar a Europa con el deseo de una vida mejor.

Una de las cruentas aristas después que la intervención occidental acabara con la utopía socialista del linchado líder libio es el desgobierno y las batallas enconadas por la toma del poder, el cual sigue estando en puja entre las dos principales fuerzas internas rivales. La ex Yamahiria árabe (nominación del otrora proyecto socioeconómico) hoy está en una encrucijada carente de administración central porque dos líneas político-militar compiten para convertirse en la autoridad dominante, deseo compartido además por varias agrupaciones tribales, que antes del actual desastre habían tejido consenso alrededor de los temas vitales.

En estos momentos mal opera una Cámara de Representante, órgano legislativo, controlado por Khalifa Haftar, elegido mediante sufragio en junio de 2014, y ubicada en la ciudad de Tobruk y que controla la mayor parte del país. Sin embargo, esta no es aceptada por el Gobierno de la Unidad Nacional, con sede en Trípoli, instaurado por el Consejo de Seguridad de la ONU.

“Libia solía ser segura y estable: el Estado funcionaba bien, el país se estaba desarrollando. Años después el país está sumergido en caos y terror. Algunas de sus ciudades siguen bajo el control de grupos armados. Podemos deducir que Libia ha degenerado de un país soberano a una mezcla de agrupaciones fragmentadas”, señaló a la publicación Sputnik el experto Usef Shakir.

El presidente francés Emmanuel Macron reiteró este 9 de abril su rechazo a una solución militar, y expresó su preocupación por los más recientes acontecimientos. El mandatario galo se entrevistó con el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, con el primer ministro libio, Fayez al Sarraj, y con un emisario del mariscal Jalifa Hafter, pues este se mantenía, desde el 4 de abril, en ofensiva al frente del autoproclamado Ejército Nacional de Libia (ENL), a lo cual se le habían sumado milicias bajo el mando del señor de la guerra Idriss Mahdi.

En estos últimos intentos por tomar Trípoli han muerto 246 personas y han debido abandonar sus hogares más de 32 mil ciudadanos quienes a estas alturas maldicen la intervención de la OTAN.

 


María Victoria Valdés Rodda

 
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