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Publicado el 17 Abril, 2019 por Prensa Latina en Mundo
 
 

Larga carrera política que acabó mal

Muere por suicidio expresidente peruano Alan García

 El expresidente peruano Alan García, puso fin hoy trágico fin, suicidándose con un disparo en la cabeza, a una larga y controvertida trayectoria en la que gobernó dos veces su país y quedó marcado con el estigma de la corrupción.
Muere por suicidio expresidente peruano al´na García/ PL

(prensa-latina.cu)

Lima, 17 abr (Prensa Latina) El expresidente peruano Alan García murió hoy después de dispararse un tiro en la cabeza para evitar su detención por orden de un juez anticorrupción, confirmó su exministra Nidia Vílchez.

La también dirigente del Partido Aprista hizo el anuncio ante periodistas y un grupo de seguidores de García congregados ante el hospital de emergencias Casimiro Ulloa, donde los médicos intentaron en vano salvarle la vida.

Al menos dos horas antes del anuncio, fuentes médicas informaron extraoficialmente que, luego de tres paros cardiorrespiratorios en la sala de operaciones, el paciente había sufrido muerte cerebral.

Por su parte, el parlamentario aprista Mauricio Mulder confirmó la noticia y sostuvo que el suicidio del exgobernante fue ‘un acto de dignidad y de honor de un hombre libre’, frente a una supuesta ‘persecución fascista’ que atribuyó a sectores del ministerio público, la prensa y enemigos políticos.

Añadió que García no ha permitido que quien ha sido elegidos dos veces presidente (1985-90 y 2006-11) sea humillado por quienes querían tenerlo como trofeo político, aunque ayer el exgobernante dijo que se sometía a la posible decisión de la justicia de detenerlo.

‘Consternado por el fallecimiento del expresidente Alan García, envío mis condolencias a su familia y seres queridos’, escribió por su parte en la red Twitter el presidente Martín Vizcarra.

Por su parte, la vicepresidenta de la República Mercedes Aráoz manifestó que lamenta profundamente la pérdida y expresó condolencias a los familiares y partidarios de García.

Desde el exterior, el expresidente derechista de Colomnia, Álvaro Uribe difundió un mensaje de condolencias en el que asigna que durante su último gobierno, que coincidió con el suyo, mantuvieron excelentes reacciones.

Entretanto, en las redes sociales de Internet se desataba la controversia que marcó la trayectoria de García, entre quienes lo victimizaban y una gran mayoría que condenaban por su actitud final.

Por su parte, el ministro del Interior, Carlos Morán confirmó que el fiscal y los agentes policiales que llegaron a la casa de García a primera hora le informaron que tenían una orden de detención preliminar por diez días y de registro de su casa.

Añadió que García, que bajaba de su dormitorio, desde el segundo piso, pidió que lo esperan unos minutos que iba a hacer una llamada telefónica, subió a su habitación, se encerró y poco después se disparó un tiro que le atravesó la cabeza y le causó la muerte.

Alan García, expresidente de Perú

(Foto: prensa-latina.cu)

Por Manuel Robles Sosa

El expresidente peruano Alan García, puso fin hoy trágico fin, suicidándose con un disparo en la cabeza, a una larga y controvertida trayectoria en la que gobernó dos veces su país y quedó marcado con el estigma de la corrupción.

García decidió acabar con su vida para no ser detenido por orden de un juez anticorrupción que contradijo la rutina de décadas de denuncias de corrupción, de las que salía siempre indemne o, como dicen sus detractores, impune.

Nacido el 23 de mayo de 1949, su padre era militante del Partido Aprista y luchador antidictatorial -García lo conoció a los cinco años, pues nació cuando su progenitor estaba en la cárcel- y su madre una humilde maestra del mismo partido.

Ingresó a la juventud aprista a los 17 años, en el que escaló posiciones hasta integrar el exclusivo grupo de jóvenes que alternaban con el jefe del partido, Víctor Raúl Haya de la Torre, y tras estudiar en las universidades Católica y de San Marcos, viajó a Europa, y a su retorno se reintegró al viejo partido.

En 1978 fue elegido miembro de la asamblea constituyente como ruta de salida a un largo gobierno militar, y en 1980, siendo ya secretario de organización del aprismo, impulsó la candidatura presidencial de Armando Villanueva, quien fue derrotado por el centroderechista Fernando Belaúnde.

Ese año fue elegido diputado y sentó las bases de su campaña electoral, con banderas de renovación, retorno a las viejas banderas de reforma del aprismo y lucha contra la corrupción interna, logrando ser elegido por primera vez presidente en 1985.

En 1990 terminó su administración en medio de la condena general, por una administración caracterizada por su inflamado verbo reformista y por un gran caos económico de hiperinflación e incesante devaluación.

Aquel gobierno dejó denuncias nunca juzgadas por corrupción y por matanzas y otros atentados contra los derechos humanos, en el marco de la llamada guerra interna, que siguen pendientes de ser jugados.

Aunque diversas evidencias indican que ayudó a su sucesor, Alberto Fujimori, a ser elegido en 1990, en 1992, cuando Fujimori cerró el parlamento y gobernó de la mano con los militares, la casa de García fue allanada y él buscó asilo en Colombia.

Solo regresó a Perú en 2001, después que la corte suprema declaró prescritos los delitos que se le imputaban por grandes casos de corrupción registrados en su quinquenio de gobierno.

Tras su retorno, intentó volver a la presidencia en los comicios del mismo año, siendo derrotado por el neoliberal Alejandro Toledo. En 2006 logró su objetivo con banderas neoliberales y anticomunistas, sobre el nacionalista Ollanta Humala.

Al final de su último gobierno, en 2011, otra vez dejó una estela de denuncias por actos de corrupción, como los indultos a miles de condenados por narcotráfico, pero los abogados de García consiguieron invalidar judicialmente los resultados de una investigación parlamentaria sobre esa administración.

Si bien anunció su retiro de la política para dedicarse a escribir y a la docencia, García intentó otra vez reelegirse en 2016, al frente de una alianza neoliberal y conservadora, pero sufrió un duro revés, al obtener menos de seis por ciento de los votos.

Tal resultado se repitió en las encuestas, desde entonces, con ligeras variantes, junto a la creciente percepción de García como el exgobernante y el político más corrupto del país, lo que él y sus seguidores consideraban producto de una campaña de odio y desprestigio.

Intentó reiteradamente recuperar vigencia como político, para atribuir las acusaciones en su contra como producto de esa animadversión, con más intensidad luego que la fiscalía encontró nuevos indicios de corrupción en su último gobierno.

Radicado en España, en noviembre de 2018 retornó por unos días para declarar en una audiencia sobre las investigaciones de la fiscalía, pero el juez Richard Concepción Carhuancho ordenó que no salga del país por 18 meses.

Ese mismo día, tras declarar su acatamiento a la decisión del juez, se introdujo en la casa del embajador de Uruguay en Lima y pidió asilo alegando persecución, lo que fue rechazado por ese gobierno.

Las pesquisas continuaron hasta que la empresa brasileña Odebrecht confesó al ministerio público de Perú que había pagado sobornos por más de cuatro millones de dólares al exsecretario de García, Luis Nava, al hijo de este, y a otro allegado, Miguel Atala.

La cercanía de los nombrados a García y su nula capacidad para beneficiar a Odebrecht, hicieron que la fiscalía considere que García era el destinatario final de las coimas y, por tanto, pida y obtenga la orden de detención, que el juez iba a aceptar por el anterior intento de eludir a la justicia.


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