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Publicado el 5 Abril, 2019 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

Palestina: allí donde hay vida

Nunca deja de asombrar el valor del pueblo palestino, confirmándole diariamente al mundo que la voluntad es el elemento esencial de cualquier triunfo, para el que no existen batallas insignificantes.
Instaurado por el entrenador Hasan al-Rai en el año 2016, este equipo tiene tanto valor como el de karate para ciegos. Obtuvo el tercer lugar en un torneo internacional. (palestinalibre.org)

Instaurado por el entrenador Hasan al-Rai en el año 2016, este equipo tiene tanto valor como el de karate para ciegos. Obtuvo el tercer lugar en un torneo internacional. (palestinalibre.org)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Nada les impide practicar karate: ni una silla de ruedas que sostienen sus piernas inertes ni una oscuridad que absorben sus pupilas apagadas. Guiados por el entrenador Hasan al Rai, un singular equipo deportivo de minusválidos y ciegos constata que el asedio israelí contra Gaza no va a inmovilizar a sus hombres y mujeres.

Nada detiene al casi septuagenario Atia Younis, ni los gases lacrimógeno. Este hombre, oriundo de Barbur, tuvo que abandonar hace mucho su poblado. Sus catorce nietos lo acompañan, año tras años, en la Gran Marcha del Retorno que también en Gaza vindica el retorno de los millones de refugiados palestinos a su tierra.

Atia Younis, de 67 años, ha visto morir en la última Gran Marcha por el Retorno, a decenas de sus coterráneos bajo el fuego de los francotiradores. (palestinalibre.org)

Atia Younis, de 67 años, ha visto morir en la última Gran Marcha por el Retorno, a decenas de sus coterráneos bajo el fuego de los francotiradores. (palestinalibre.org)

Nada impedirá que las sandías vuelvan jugosas y coloridas a colmar los campos palestinos. Vivien Sansour, joven de Cisjordania, estimulada por las anécdotas de sus compatriotas, ideó en 2014, la conocida Biblioteca de Semillas de la Herencia Palestina, donde se reseñan y hasta preservan variedades de antiguos frutos y prácticas agrícolas tradicionales, tan golpeadas por la ocupación sionista.

Vivien Sansour trabajaba como escritora y fotógrafa en el norte de Cisjordania cuando comenzó a escuchar historias sobre una suculenta sandía que una vez abundaba en Jenin (Palestina), según lo documentado por agricultores y familiares.(palestinalibre.org)

Vivien Sansour trabajaba como escritora y fotógrafa en el norte de Cisjordania cuando comenzó a escuchar historias sobre una suculenta sandía que una vez abundaba en Jenin (Palestina), según lo documentado por agricultores y familiares.(palestinalibre.org)

Nada, pero absolutamente nada hará desistir a las palestinas y palestinos porque su aferramiento a la vida es muy fuerte y les sirve de fermento para crear y perseverar e incluso para ser optimista. Y mira que Israel los hostiga, tiraniza y suprime sus más elementales derechos humanos.

Terrorismo de Estado

En 2018, el gobierno sionista demolió 538 casas palestinas, dejando sin hogar a mil 300 personas, incluidos 225 niños. Cerró 12 escuelas y emitió la compra de tres mil 808 casas de Cisjordania, pertenecientes a palestinos, pero que las autoridades israelíes decidieron que debían ser para su “gente”, los colonos que viven en verdaderos campamentos militares desde donde se perpetran los asesinatos contra los vecinos árabes.

Otra de las atrocidades de Israel -primo hermano terrorista de Estados Unidos, que le aplaude y ríe todas las gracias, encubriéndoles los crímenes ante las Naciones Unidas- se refiere a su trato hacia la infancia palestina y cuando uno creía que lo sabía todo, lee que la Comisión de Prisioneros Palestinos denuncia: ¡menores palestinos son blanco de torturas y de diversos abusos en las cárceles del régimen de Israel!: Muhamad Abu Sneineh, de 15 años, y Qais Basiti, de 17, relataron ante dicha entidad que fueron arrojados al suelo, pateados, golpeados con culatas de rifles y abusados verbalmente durante su detención en la plaza del complejo de la Mezquita de Al-Aqsa, en Al-Quds (Jerusalén)

Autoridades de Gaza cifran en 270 los muertos por disparos del Ejército israelí durante la “Gran Marcha del Retorno” (palestinalibre.org)

Autoridades de Gaza cifran en 270 los muertos por disparos del Ejército israelí durante la “Gran Marcha del Retorno” (palestinalibre.org)

Además, en febrero de este año, el portavoz del Centro de Estudios de los Prisioneros Palestinos, Riad al-Ashqar, informó que a inicios de 2019, Israel arrestó y torturó a 67 menores palestinos, lo cual es una medida violatoria de los tratados internacionales. El régimen de Tel Aviv arrestó a más de mil 467 niños en 2017, y a mil 63 en 2018.

Por su parte, el Monitor Euro-Mediterráneo de Derechos Humanos (Euro-Med) publicó un enjundioso informe donde se documentan las violaciones israelíes a la población palestina en la ocupada Jerusalén Este durante el pasado mes de febrero: entre las coercitivas prácticas israelí sobresale la prohibición de entrada al complejo de la mezquita de Al-Aqsa, el tercer lugar más sagrado del Islam. También el odio sionista se materializa en arrestos domiciliarios, prohibición del derecho al culto, demolición de hogares, cancelación de eventos bajo diversos pretextos, redadas nocturnas en hogares y arrestos sin garantías penales.

La resistencia se impone

A pesar de la brutalidad del régimen sionista los palestinos luchan por sus derechos. (palestinalibre.org)

A pesar de la brutalidad del régimen sionista los palestinos luchan por sus derechos. (palestinalibre.org)

A pesar de tales atropellos en Palestina hay un equipo deportivo de karate para discapacitados, hay un abuelo que enseña a sus descendientes a no temer a las balas así se caiga en el combate.

Hay una mujer que no solo sueña con flores, sino que también las siembra. Hay personas a quienes les demuelen sus casas pero que ocupan con dignidad su nuevo lugar de residencia, hay niños sin escuelas pero con maestros que le siguen dando clases incluso debajo de los árboles.

Hay adolescentes torturados que no callan sus voces. Hay fieles a quienes intentan alejarlos de sus sagrados espacios. Hay mucho horror, es cierto.

Pero también, allí, en Palestina hay mucha vida.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda