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Publicado el 29 Abril, 2019 por Maryam Camejo en Mundo
 
 

 JULIAN ASSANGE

Un tapabocas a la libertad de expresión

Gobiernos de Europa y Latinoamérica se unen a los intereses de Estados Unidos contra el fundador de WikiLeaks
Medios de prensa y redes sociales comparten esta imagen en solidaridad con Assange. (foto: sputiknews)

Medios de prensa y redes sociales comparten esta imagen en solidaridad con Assange. (foto: sputiknews)

Por MARYAM CAMEJO

El caso de Julian Assange podría terminar con una cadena perpetua o con su muerte. Después de haber utilizado ampliamente la información de WikiLeaks durante su campaña presidencial, Donald Trump ha dicho que no tiene relación alguna con el asunto, otro de sus “desvaríos”. Esta vez, lo que está sobre la mesa es el derecho ciudadano a la verdad y la transparencia de las políticas gubernamentales, algo por lo que hoy Assange es perseguido.

Sacado a la fuerza de la embajada de Ecuador en Londres, donde se encontraba refugiado desde 2012, este activista ha comenzado a vivir en carne propia una persecución de tal magnitud que apunta a desembocar en un gran juicio (show) mediático que podría terminar con su “asesinato legal”, como afirman varios analistas.

Transparencia, democracia, acceso a la verdad son algunas de las palabras que parecen difuminarse en este proceso. Dentro del maremágnum que es Internet, Assange y WikiLeaks iluminaron las cloacas de la política norteamericana para verlas de cerca y en detalle, cuando en 2010 publicaron miles de documentos secretos que revelaban abusos en las guerras de Afganistán e Irak; entre ellos, un video escalofriante de un helicóptero estadounidense en el último de esos países asesinando a mansalva a 12 personas, incluidos dos periodistas de Reuters.

Estados Unidos acusa a Assange de haber “conspirado” con la militar estadounidense Chelsea Manning, cuando lo único que él hizo fue publicar los cables y videos extraídos por ella. No obstante, la información filtrada por la militar se publicó también en The New York Times, The Guardian y Der Spiegel.

Desde 2015, el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU condenó la persecución judicial en contra del australiano y exigió su liberación, pero, como de costumbre, Estados Unidos se tapa los oídos.

En una de sus declaraciones, el presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, dijo que el Gobierno británico le había asegurado por escrito que Assange no sería extraditado a ningún país que tenga pena de muerte o en el que pueda sufrir torturas. Sin embargo, el pedido de extradición norteamericano llegó pocas horas después. La relatora especial de Naciones Unidas sobre ejecuciones extrajudiciales, Agnes Callamard, advirtió que la decisión de Ecuador ponía al fundador de WikiLeaks en riesgo de sufrir serias violaciones de sus derechos básicos.

La prisión o extradición de Julian Assange es el ejemplo por excelencia de que denunciar los crímenes de EE.UU. te convierte en perseguido, víctima de las más mezquinas estratagemas en aras de desmoralizar y quitar de en medio a un enemigo de peso. Según el analista John M. Ackerman, este es el desesperado intento de Trump de sacudirse las acusaciones de que él mismo estuviera detrás de la publicación por WikiLeaks de los correos electrónicos de Hillary Clinton y su equipo durante la campaña presidencial de 2016 y, por otro lado, de su alianza con la empresa Cambridge Analítica. “Trump hoy agarra a Assange como su chivo expiatorio”, afirma Ackerman sobre el caso de este preso político que, más allá de periodista, es un defensor de la justicia y un activista social con el que hoy se pretende colocarle un tapabocas a la libertad de expresión.


Maryam Camejo

 
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