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Publicado el 10 Julio, 2019 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

CHINA-EE.UU: otro daño a las relaciones bilaterales

El Ministerio de Asuntos Exteriores de China, en junio último, había mostrado su preocupación por la venta de armas estadounidenses a Taiwán, e instó a las autoridades a detenerla. La entrega en cambio se ha hecho efectiva

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

En medio de una escalada de tensiones sin precedentes entre China y Estados Unidos, este acaba de aprobar la venta de misiles a Taiwán por dos mil 223 millones de dólares. (www.eldinamo.cl)
En medio de una escalada de tensiones sin precedentes entre China y Estados Unidos, este acaba de aprobar la venta de misiles a Taiwán por dos mil 223 millones de dólares. (www.eldinamo.cl)

Desempolvar la vieja y ya gastada formula de acusar a otros de delitos que él mismo comete es práctica común de Estados Unidos. Política traída ahora a colación por “los motivos ocultos de Beijing de incrementar su gasto militar”, según Washington. Acusación muy de moda en 2006, durante el mandato de George W. Bush, quien se relamió de gusto al leer el Reporte norteamericano sobre el supuesto Poder Militar de China, donde se afirmaba que entre los múltiples objetivos del gigante asiático figuraba la posibilidad del uso de la fuerza contra su distrito especial número 23, o sea Taiwán.

La maniobra de entonces estaba dirigida a crear una distracción que desviara la atención de lo esencial: la Casa Blanca le había ofrecido a las autoridades separatistas taiwanesas aviones caza de combate, F-16C y otros artilugios militares por valor de 421 millones de dólares.

Ahora acaba de hacer lo mismo con la diferencia de que no se ha emitido ningún documento difamatorio sino que ya directamente, sin ninguna excusa, el Departamento de Estado yanqui autorizó la venta de armas por más de dos mil millones de dólares a Taiwán. Anuncio formalizado, este 9 de julio, y divulgado por la Agencia de Cooperación en Defensa y Seguridad del Pentágono.

Con estos tiros no es de extrañar, que la República Popular China (RPCH) tenga previsto incrementar este año el gasto militar en 7,5 por ciento hasta 1,19 billones de yuanes (177.600 millones de dólares). Discreta cifra en comparación con el gasto yanqui el cual asciende a 649 mil millones de dólares, con un aumento de 4,6 por ciento con respecto a la tendencia mantenida desde 2010, tal y como lo ha calculado el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI).

Trama taiwanesa

La voluntad de Beijing es fomentar una reunificación pacífica bajo el esquema de “un país, dos sistemas”, recalcando no obstante que nunca permitirá que nadie la separe de Taiwán, de ninguna forma.

Luego de que en 1978, Estados Unidos rompiera nexos con la Isla, a raíz del gobierno de Jimmy Carter, la RPCH, expresó, en 1979, en su “Mensaje a los compatriotas de Taiwán” la intención de definir pacíficamente la controversia y de respetar el statu quo de la isla, integrándola a la República con un alto grado de autonomía, con respeto al sistema capitalista aunque en el continente se mantuviera el Socialismo. Y hay que seguirle otorgando credibilidad por cuanto es este un esquema que se aplica con Hong Kong.

Así las cosas, se suponía que Estados Unidos se mantuviera al margen del diferendo inter chino pero en su mala costumbre de inmiscuirse en los asuntos exclusivamente de otros, utiliza la partida militar para no perder ascendencia en Taiwán. A partir del avance sostenido de la RPCH a la Isla no le van quedando muchos aliados o socios comerciales, porque estos han desplazado sus intereses hacia el continente: la preponderancia que tenían los taiwaneses en Centroamérica, por ejemplo, fue barrida por el empuje arrollador de la nueva Ruta china de la Seda.

Por eso no sorprende que una vez más EE.UU le venda armas a los separatistas, y aunque el Departamento Estado asegure que su postura “no alteraría el equilibrio militar básico en la región”, el tema amerita un llamado de atención y de alerta porque entre los muchos “artículos” pactados con Taiwán se encuentran 250 misiles antiaéreos Stinger con sus equipos relacionados.

Como sucede en otras partes del mundo la Casa Blanca de manera natural, intrínseca a su estrategia geopolítica, aparenta iniciar procesos de paz sin dejar de posicionarse en lugares claves. Incluso el propio Donald Trump, en apariencia tan poco capaz de establecer una actuación coherente en política exterior, ha seguido esta receta imperial. Se blasona como el futuro pacificador de la Península Coreana pero arrecia su campaña contra los iraníes.

El 2 de diciembre de 2016 Trump y Tsai Ing-wen tuvieron una cordial conversación telefónica, donde el presidente estadounidense la felicitó por su nuevo cargo, obtenido en mayo de ese año. (hongkongfp.com)
El 2 de diciembre de 2016 Trump y Tsai Ing-wen tuvieron una cordial conversación telefónica, donde el presidente estadounidense la felicitó por su nuevo cargo, obtenido en mayo de ese año. (hongkongfp.com)

En cuanto a China trata de cortarle las alas como líder mundial del comercio y quizá de la tecnología, al tiempo que, paradójicamente, en sus encuentros con Xi Jinping, presidente de la RPCH, le da la mano con cordialidad para luego anunciar en sus tuits que “todo irá bien”, cuando no tiene la más mínima intención de entendimiento al corto plazo. Y a pesar de que todavía ha evitado pronunciamientos subidos de tono sobre la cuestión taiwanesa, sí sostiene amistad con Tsai Ing-wen, del independentista Partido Demócrata Progresista, ahora al frente de Taiwán. Gracias a ese apoyo, la mandataria se ha unido a la iniciativa del Indo pacífico Libre y Abierto de Trump.

En el asunto que tratamos, en marzo de 2019, Tsai le había solicitado a Washington armamento sofisticado porque considera que eso “mejoraría enormemente nuestras capacidades terrestres y aéreas, fortalecería la moral militar y mostraría al mundo el compromiso de Estados Unidos con la defensa de Taiwán”.

Nexo fortalecido y renovado constantemente: “Taiwán es nuestro importante aliado en la lucha contra la expansión de las autocracias”, ha dicho el ex subsecretario estadounidense de Defensa para el Asia y Pacífico David Shear durante una reciente visita a Taiwán, como parte de un grupo de expertos de la Universidad de Stanford.

No por gusto, en abril de este año, se celebró con grandes loas el 40 Aniversario de la Ley de Relaciones de Taiwán, promulgada en 1979 por Washington, como una forma de enviar el mensaje de que a pesar del rompimiento de los lazos con la Isla, esta iba a seguir en el centro de la atención imperial. Dicha norma ampara los estrechos lazos no oficiales, con el compromiso tácito de ofrecerle ayuda militar, actitud “solidaria” que se ha mantenido por décadas.

Hay muchas cartas en juego: sustanciosas partidas financieras para el complejo militar industrial; que EE.UU se mantenga en Asia como un actor fuerte, condición ganada al término de la Segunda Guerra mundial cuando atacó nuclearmente a Japón, pero puesta luego en entredicho por la estrepitosa derrota en Viet Nam. Y por supuesto, al apertrechar a Taiwán pone en jaque la seguridad interna de China, su principal contendiente y competidor en el mundo.

La intervención del gobierno de los Estados Unidos –llevada a cabo en el marco de su política global durante la Guerra Fría- puso sobre el tapete el problema de Taiwán como una baza a jugar en sus asuntos bilaterales con Beijing.

Las relaciones oficiales entre el Gobierno central chino y Taiwán se interrumpieron en 1949, cuando el movimiento nacionalista Kuomintang tomó la isla tras ser derrotado durante la guerra civil por el Partido Comunista Chino. Las relaciones entre ambos territorios se restablecieron solo a nivel empresarial e informal, a fines de la década de 1980, sin que existan en la actualidad contactos oficiales entre ambas autoridades. Beijing considera a Taiwán como una provincia más.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda