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Publicado el 9 Julio, 2019 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

Conversaciones EE.UU-Talibanes: ¿futuro abierto?

Se valora un acuerdo sobre la retirada de las tropas extranjeras de Afganistán pero de momento, el grupo insurgente dificulta un alto al fuego

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Las “conversaciones de reconciliación” entre Estados Unidos y los talibanes parecen estar dando frutos, aseguró WAM, la agencia de noticias oficial de Emiratos Árabes Unidos, país cede del encuentro bilateral. (ultimocable.com)
Las “conversaciones de reconciliación” entre Estados Unidos y los talibanes parecen estar dando frutos, aseguró WAM, la agencia de noticias oficial de Emiratos Árabes Unidos, país cede del encuentro bilateral. (ultimocable.com)

“Libertad Duradera”, la operación intervencionista de Estados Unidos en Afganistán, en 2001, pretendió acabar con el gobierno talibán, anfitrión de Osama Bin Laden y demás miembros de Al Qaeda. Los ataques terroristas del 11 de Septiembre sirvieron la mesa para la introducción yanqui en el corazón de Asia, en uno de los principales escenarios de influencia de Rusia e Irán.

Los seguidores fanáticos del Islam ciertamente hicieron mucho daño al pueblo afgano, que estaba sin duda maniatado a un estricto cumplimiento de la Sharia a través de la interpretación de normas para la vida de un modo excesivamente cruel y obtuso. Dolor, atraso y muerte trajo este tipo de poder, pero el pueblo afgano habría encontrado, tarde o temprano, los caminos propios de enfrentamiento y salida de ese cruel destino. Ahora este parece inexorablemente asociado al Talibán, que se propaga a sí mismo como única resistencia contra los extranjeros. De vasallos, Estados Unidos y Occidente los han convertido, de nuevo, en tipos “admirables”.

A ello también contribuyó la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad, misión multinacional, establecida el 20 de diciembre de 2001 mediante la Resolución 1386 del Consejo de Seguridad de la ONU, espoleado por los intereses de EE.UU en la región. A partir de 2003 este cuerpo estuvo dirigido por La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

El deseo manifiesto de esa fuerza especial fue propiciar que el Gobierno afgano (instaurado tras la agresión norteamericana) tuviera una seguridad efectiva en todo el territorio nacional. ¿Ese objetivo fue logrado? Ni de lejos, tan así es, que a la altura de 2019, Zalmay Khalilzad, representante especial de Estados Unidos para los esfuerzos de Paz con los talibanes, no ha logrado convencer a los interlocutores porque estos insisten en que habrá avances en las negociaciones únicamente cuando Estados Unidos se comprometa de lleno a retirarse.

¿Posibilidad o imperativo? Todo depende de las circunstancias regionales, de la buena voluntad de las partes pero sobre todo de objetividad. El propio mandatario afgano, Ashraf Ghani, en enero de este año, en un discurso televisado a la nación señaló que si bien ningún afgano quiere que las tropas extranjeras permanezcan en el país a largo plazo, “se necesita su presencia actual”. Han pasado nada más que seis meses y el entorno sigue siendo el mismo con la salvedad de las conversaciones de Washington con los fundamentalistas.

Y aunque la noticia ha cobrado relevancia este 9 de julio, lo cierto es que el enviado yanqui y los insurgentes ya llevan tres rondas de diálogo: dos en Catar y uno en Emiratos Árabes Unidos. La demanda fundamental de los talibanes tiene asidero real porque Donald Trump informó que planea retirar de esa nación asiática unos siete mil militares. Pero cuidado, la mitad seguirá acantonada allí, por si acaso. Por otra parte, nada se ha filtrado sobre la permanencia o no de los 26 mil 922 contratistas estadounidenses en el país, en diferentes funciones.

Leer la realidad

La perspectiva no parece cierta teniendo en cuenta que Kabul tiene muy poca capacidad operativa frente hombres que indudablemente conocen el suelo que pisan ya que tienen influencias imprescindibles para financiarse y armarse. Y hasta en la saga de la trama rusa que le endilga a Moscú todos los males del mundo, EE.UU acusa al país euroasiático de proveer a los rebeldes. La verdad es en cambio más burda: las propias armas del ejército yanqui y de los contratistas ha ido a parar a manos fundamentalistas, y quizás todavía circulen remanentes de las aportadas por la CIA en los años 70 del siglo pasado contra las tropas soviéticas.

El fracaso del imperio es mayúsculo y no es descartable el hecho de que Trump, como casi todo lo que hace en política exterior, utilice a Afganistán como otra forma de ganarse los apetecidos votos presidenciales, esenciales para su carrera política a la que por lo visto le ha tomado el gusto.

Tras 18 años de ocupación yanqui, miles de soldados estadounidenses regresan en féretros a su país debido a la resistencia de la milicia. (radicalneuquendigitalnoticias.com.ar)
Tras 18 años de ocupación yanqui, miles de soldados estadounidenses regresan en féretros a su país debido a la resistencia de la milicia. (radicalneuquendigitalnoticias.com.ar)

Tras 18 años de conflicto, el empuje de los talibanes no ha sido mermado, por mucha mala propaganda estadounidense. Cifras proporcionadas por el experto cubano Enrique R. Martínez Díaz la desmiente: entre Enero y Agosto de 2018 se registraron 13 mil 940 ataques en las 33 provincias del país. Y el propio Congreso de EE.UU. oficiado por el Inspector General Especial para la Reconstrucción de Afganistán asegura que un 44 por ciento del territorio de esa nación sigue bajo control de los talibanes.

Entonces los bombos y platillos de Trump son solo eso. A la larga, una vez que se enrumben las conversaciones inter-afganas, es casi inevitable que algunos elementos del Talibán sean incluidos en un nuevo gobierno, impulsor de reformas acorde a los intereses compartidos. Habrá que ver cuánta cuota de poder tendría este grupo insurgente con fama y ribetes de terroristas, lo que sí es evidente que mientras Estados Unidos se mantenga en la zona, las tensiones jamás podrán solucionarse.

La retórica de la Casa Blanca en ese sentido es ambigua porque de un lado aboga por resolver el conflicto con los talibanes y por otro aprieta las clavijas contra Irán, vecino fronterizo de Afganistán, y con el que en estos momentos lleva una guerra diferente pero igualmente peligrosa, tal vez más. Entonces tener un bastión americano, listo en tierra, es de un alto valor estratégico. De esto puede inferirse que el empeño yanqui sea de “dientes para afuera”.

Safiullah Mullakhil, analista político, a raíz del último encuentro entre EE.UU y los talibanes, señala que “el proceso todavía está en su fase inicial y que hará falta mucho tiempo para lograr una paz duradera”. Es este el resultado de la invasión y ocupación de Afganistán. Se trata de uno de los conflictos más prolongados, sangrientos y costosos de la actual etapa histórica.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda