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Publicado el 18 Julio, 2019 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

IRÁN-EE.UU.

Ni sojuzgamientos ni imposiciones de nadie

Washington ha dado un plazo de 180 días a las empresas extranjeras para que cesen todo tipo de actividad con Irán. La nación persa no está dispuesta a someterse

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Irán anunció que tomará medidas ante la captura, este 12 de julio, de su buque petrolero Grace 1, interceptado en altamar por la Policía de Gibraltar. Considera se trata de una retención ilegal. (eluniversal.com)
Irán anunció que tomará medidas ante la captura, este 12 de julio, de su buque petrolero Grace 1, interceptado en altamar por la Policía de Gibraltar. Considera se trata de una retención ilegal. (eluniversal.com)

Como sucede siempre que Estados Unidos es “desobedecido”, la víctima pasa a convertirse en principal sospechoso. Situación válida para el caso de la República Islámica de Irán en relación con el denominado Pacto Nuclear del Grupo 5+1, donde Teherán y las partes acordaron, en mutua comunión, una serie de acciones. La más importante para la nación persa fue la posibilidad del levantamiento gradual del bloqueo comercial y financiero. Solo que tras el abandono yanqui el pasado año, Occidente ha ido cediendo, poco a poco, a las presiones norteñas.

Irán ha subido por tanto la parada y emplaza a las potencias en una especie de ultimátum: si Gran Bretaña, Francia y Alemania asumieran una postura independiente y aliviaran las tensiones económicas, entonces todo volvería a estar en los límites de lo establecido dentro del Plan Integral de Acción Conjunta (PAIC). Este acuerdo, hasta el momento, había permitido el levantamiento parcial de sanciones a Teherán a cambio del compromiso de no desarrollar armas nucleares. En este punto los niveles de enriquecimiento de uranio volverían a estar por debajo del 3.6 por ciento y no por encima, como será de ahora en adelante.

Según TeleSur, la posibilidad del enriquecimiento del mineral radiactivo a 20 por ciento está ligada a la reducción de los compromisos adquiridos por Teherán, ya que el PAIC les otorga a los iraníes esta prerrogativa si las otras partes incumplen. Voces expertas como Kelsey Davenport y Daryl G. Kimball advierten que “en sí mismo, un aumento en las reservas de uranio poco enriquecido (UH6) de Teherán, por encima del límite de 300 kilogramos de uranio enriquecido del 3.67 por ciento, no representa un riesgo de proliferación a corto plazo. Irán necesitaría producir aproximadamente 1 050 kilogramos de uranio enriquecido a ese nivel, enriquecerlo aún más hasta el grado para las armas (más de 90 por ciento de uranio-235) y luego armarlo”.

Las cosas parecían ir por la carrilera hasta que Donald Trump tomó la Casa Blanca. En ese ejercicio de amo del planeta insiste en que es posible lograr un mejor acuerdo que el obtenido en 2015 por su predecesor, Barack Obama, y para ello –en una clara demagogia presidencialista– aplica la política del garrote y hasta intimidaciones bélicas. Episodios alarmantes se vivieron hace apenas unas semanas, cuando los Guardianes de la Revolución derribaron un dron estadounidense, violador del espacio aéreo del país asiático. A pocos segundos se estuvo de un dramático incidente, porque Trump anuló –tal como escribió en un tuit– a último minuto un ataque contra Irán.

Dicha circunstancia es asimilada por los persas como una situación de guerra. Con el paso del tiempo la escalada ha subido de tono, al extremo de ir llevando la cuestión a un orden tal que hace temer no haya retorno, con consecuencias nefastas para la región y desde allí extenderse a todo el orbe. El escenario es sumamente complejo y explosivo, porque enmarca a muchos actores; sin embargo, hay que esperar a que la estrategia de Irán de contrarrestar la campaña de presión de los Estados Unidos dé frutos.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda