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Publicado el 30 Septiembre, 2019 por Maryam Camejo en Mundo
 
 

AMÉRICA LATINA: Esperanzas que se renuevan

Las elecciones de Bolivia, Argentina y Uruguay pudieran reconfigurar el escenario político regional

Por MARYAM CAMEJO

Argentina, binomio Fernandez: Alberto y Cristina

Alberto-Cristina Fernández, el binomio con altas posibilidades de vencer en las presidenciales. ( noticiascuyo.com)

Desde que Latinoamérica comenzó el giro de los últimos años hacia la derecha como tendencia de gobierno y marca de agendas políticas, muchos se preguntan si la izquierda encontrará los mecanismos para retomar posiciones. Entre los posibles escenarios que se vislumbran para los próximos meses, pudiera producirse el ascenso al poder de figuras contrapuestas al neoliberalismo.

En el terreno de lo simbólico, se libran batallas en Bolivia, Argentina y Uruguay de cara a las venideras elecciones presidenciales. Que “el progresismo” como autoridad implica una trasformación de orden comunicacional que ya ha empezado, muy visible en la proyección del binomio Alberto-Cristina Fernández, fórmula con amplias posibilidades de ganar, entre otras razones porque el resultado de los años de administración de Mauricio Macri han resultado un golpetazo a la economía argentina: empobrecimiento del país, aumento de indigentes, incremento de tarifas, etcétera.

Sin embargo, aunque se incluya a Bolivia en un factor de valor en esa viable reconfiguración, debe tenerse en cuenta que la posible victoria de Evo no está precedida de un Ejecutivo como el de Macri. Este proceso tiene sus propias peculiaridades y la oposición está tomando acciones constantes de confrontación al oficialismo, incluso algunas abiertamente contra la legalidad, cuestionando la legitimidad de mecanismos que la administración actual ha creado con el propósito de proteger al electorado de informaciones falsas e intentos de influir sobre la opinión pública.

Unos de dichos mecanismos es el instituido por el Órgano Electoral Plurinacional, a través de la ley de Régimen Electoral, que estableció la obligatoriedad de inscripción en el Tribunal Supremo Electoral de las empresas encuestadoras a lo largo de los comicios. El objetivo fundamental es que de algunas de las opciones no se inventen indagaciones armadas a capricho. Por ende, las entidades deben demostrar los recursos académicos e institucionales con los que cuentan.

La propia ley de Régimen Electoral establece que los sondeos no podrán ser solventados en su gasto y difusión por la cooperación internacional, precisamente para evitar el direccionamiento de sus resultados hacia una tendencia específica a priori, o que alguna instancia externa pretenda influir en las decisiones de la ciudadanía.

El índice de popularidad de Morales sobresale en la ciudad de El Alto, con un 69 por ciento de seguidores, mientras que en La Paz esa cifra se ubica en 64 por ciento (Foto: praset.com)

Evo Morales busca reelección y enfrenta campaña de descrédito por parte de la oposición. (Foto: praset.com)

Evo Morales ha declarado públicamente en varias ocasiones la puesta en marcha de una campaña de difamación. A pesar de esto, y de que pudiera parecer natural un giro a la derecha en la política boliviana –a tono con lo sucedido en países vecinos–, ¿con qué cuenta para reelegirse? Un balance de sus logros responde la pregunta, aunque voces de oposición señalen simultaneidad entre el aumento de los precios de las materias primas a principios de su administración y el avance de la economía local.

Primero, no olvidar que Bolivia era un país bimonetario. Antes de Evo, en 2005, apenas el 15 por ciento de los depósitos estaban en moneda nacional; en materia de crédito, solo el siete se otorgaba en pesos bolivianos. Sin embargo, en unos 13 años el panorama cambió completamente. En 2019 el 99 por ciento de los depósitos y el 87 por ciento de los préstamos son en pesos bolivianos. En la actualidad, todos prefieren prestar en pesos y tomar depósitos en ellos porque es una moneda fuerte y rentable. Esto es precisamente soberanía económica, independencia. Analistas señalan que Evo supo combinar el bienestar macroeconómico con el bienestar microeconómico de las familias, algo diferente a lo que sucede en Perú, Colombia o Paraguay, que solo pueden presumir de buenos indicadores macroeconómicos, y muy diferente de Argentina, que no disfruta bienestar macro ni microeconómico.

En 2006, Morales puso en marcha el Modelo Económico Social Comunitario Productivo (Mescp): dividió la economía en dos sectores: uno estratégico (hidrocarburos, minería y energía eléctrica) y otro generador de ingresos y empleos (agricultura, industria manufacturera y servicios). El Estado desestimó la opción de nacionalizarlo todo y pasó a controlar la mayoría del sector estratégico únicamente. Usó los excedentes para invertir en gasto público y dinamizar otros sectores de la economía. La participación estatal aumentó del 22.9 por ciento del PIB en 2005 al 42.9 en 2014.

Así como Evo Morales busca la reelección con una gestión de mejoramiento innegable, en Uruguay el Frente Amplio (FA) intenta consolidar una victoria en primera vuelta.

Uruguay: dos modelos de país

Esta fuerza política llegó al Gobierno en 2004, en el contexto de la ola de partidos de izquierda en América Latina, mediante las urnas y enfrentándose a las reformas neoliberales de la década de 1990. Llevó a cabo una agenda de reformas redistributivas y de ampliación de derechos y libertades considerada de las más ambiciosas y exitosas de la región, y que la ha mantenido en el poder.

Daniel Martínez-Graciela Villar es la fórmula del Frente Amplio para las elecciones en Uruguay. (prensa-latina.cu)

Daniel Martínez-Graciela Villar es la fórmula del Frente Amplio para las elecciones en Uruguay. (prensa-latina.cu)

Según el presidente del FA, Javier Miranda, en estos comicios están en juego dos modelos políticos: uno conservador, neoliberal, reaccionario, y la propuesta de desarrollo con igualdad, poniendo como valor central la solidaridad y no el déficit fiscal. Diversas pesquisas señalan que el FA tiene 39 por ciento de las preferencias electorales, seguido de su principal rival, el Partido Nacional, con 26 por ciento. No obstante, expertos afirman que en este caso las campañas se están definiendo en el centro, y que en la próxima legislatura no habrá mayorías claras y el Parlamento estará fragmentado, lo que complicará mucho la gobernabilidad.

Gerardo Caetano, historiador, politólogo y miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Uruguay, dijo a Sputnik que “hay razones para descontentos”, pero destacó que el país ha tenido el mérito de mantener cierta autonomía en medio de una coyuntura de desaceleración mundial y de recesión en la zona. Explicó que es difícil para la oposición achacar al FA una “herencia maldita”. Las cifras son excelentes: “Hubo 16 años de crecimiento económico ininterrumpido. Uruguay tiene en estos 15 años un incremento del salario real de más del 55 por ciento y la pobreza se bajó del 40 por ciento en 2002 al ocho por ciento”.

Las elecciones en estos tres países pueden cambiar significativamente la correlación de fuerzas en el área. En ese panorama, la izquierda deberá pensar estrategias para enfrentar la crítica de una derecha resentida con la pérdida de poder cuando ya se hablaba de un triunfo de estrategias neoliberales que había acabado con el progresismo latinoamericano. Semejante argumento es de una cierta dimensión infantil, porque al parecer el tiempo político se mueve en procesos cíclicos, una especie de zigzag entre progres y conservadores.

 


Maryam Camejo

 
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