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Publicado el 24 Septiembre, 2019 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

Palestina, la ignominia del siglo

Favorecer a Israel en detrimento de los derechos del pueblo palestino es la esencia de la más reciente propuesta yanqui de paz.

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Cricatura: Trump aplasta la paloma de la paz en el muro de Jerusalem

(Caricatura en trt.net.tr)

El universo de lucha del pueblo palestino es bien heterogéneo pero, a la altura de los acontecimientos, cuando Estados Unidos quiere cerrarle las puertas a su verdadera independencia, hay unanimidad y rechazo total a lo que eufemísticamente Donald Trump ha bautizado como “Acuerdo del Siglo”. ¿Para quién? Justificada de sobra la postura que denuncia con bríos los renovados intentos colonialistas de Israel.

Durante varias décadas los sucesivos presidentes norteamericanos se habían implicado en el diferendo israelo- palestino, siempre declaradamente proclives a una salida con igualdad de derechos para ambas naciones; aunque tras bambalinas preferían a Tel Aviv, al menos en lo formal abogaban por la restitución de normas elementales de convivencia con la perspectiva de crear un Estado palestino. Ahora esa posibilidad está cada vez más lejos -si es que alguna vez pudo ser-, por las abiertas simpatías que el magnate-mandatario le profesa al sionismo, en alabanza constante hacia Benjamín Netanyahu, su gran compinche, y cuyo partido acaba de perder las elecciones locales israelitas.

Pero Trump la tiene así de fácil porque la Casa Blanca de todos los tiempos ha estimulado a Israel en sus afanes de convertirse en potencia media regional. Con esa meta como objetivo el régimen hebreo ha sido, y es, el mayor receptor de beneficios yanquis. Por ejemplo, el 14 de septiembre de 2016, los EE.UU. de Barak Obama firmaron con Israel un nuevo acuerdo, según el cual Washington deberá asignarle hasta 2028 una ayuda militar récord de 38 mil millones de dólares. Trump, una vez “cabeza del Imperio”, le ha pedido al Congreso que lo cumpla.

Asimismo, Tel Aviv se ha favorecido enormemente de las presiones políticas y económicas que ejercen los norteamericanos sobre cualquier país ansioso por recibir prebendas: la carta utilizada es que el país mesoriental sea aceptado como igual. Por tanto varias naciones han cedido en nombre del pragmatismo, y en supuesta defensa de sus intereses.

Cada día hay un reforzamiento de lazos a todos los niveles, en el que lo simbólico forma parte de la maniobra de soporte de Washington hacia su más firme cofrade. Una evidencia inobjetable de la anterior afirmación es el susodicho Acuerdo del Siglo, que, aunque se pretenda esconder, también tiene tufo a futuro robo de recursos naturales. Proliferan las noticias en sitios como HispanTV o RT sobre las pretensiones israelíes acerca de los enormes yacimientos de gas que circundan Siria y la Franja de Gaza (en el campo Leviathan, hay estimados de 510 mil millones de metros cúbicos), de ahí la insistencia en impedir que tanto los sirios como los palestinos sean los dueños de sus propias riquezas, las cuales se exportarían a través de un gasoducto que conectaría la región con Europa. También les da ojeriza el fuerte involucramiento iraní y ruso en la provechosa iniciativa. Y en la perspectiva también China.

Entonces, a pesar de no contar con todos los ingredientes para ser una gran potencia planetaria, Israel sí es un país poderoso en el Oriente Medio, del que se vale Estados Unidos (unidos por fuertes lazos de identidad criminal) hoy más que nunca en su anhelada reconfiguración de la zona, que desea ver fuera del alcance de Rusia y China, sus dos principales adversarios.

¿Qué está en juego?

Steven Mnuchin, secretario del Tesoro de EE.UU.; Salman bin Hamad bin Isa Al Khalifa, príncipe heredero de Bahrein; y Jared Kushner, yerno y asesor principal de Trump, promovieron públicamente el plan Paz para la Prosperidad. (AP)

Steven Mnuchin, secretario del Tesoro de EE.UU.; Salman bin Hamad bin Isa Al Khalifa, príncipe heredero de Bahrein; y Jared Kushner, yerno y asesor principal de Trump, promovieron públicamente el plan Paz para la Prosperidad. (AP)

El supuesto novedoso plan de paz para el Levante made in USA implica una seria amenaza contra todos los refugiados palestinos, tanto dentro de Israel, las áreas aledañas, y el resto del mundo. Y es en este punto donde sobresale el Rasputín yanqui, quien no es otro que el yerno de Trump, Jared Kushner, cuyo deslumbramiento por el dinero es tal que pretende cambiar libertad por plata: considera válido desembolsar 50 mil millones de dólares a cambio de que los refugiados palestinos sean absorbidos en sus países de acogida. Tamaño sadismo echa por tierra las históricas reivindicaciones del pueblo árabe, que desde 1948 viene denunciando a nivel internacional cómo junto con la creación del Estado de Israel llegó la metralla y el despojo por el que miles de poblados debieron partir al exilio del que no han podido retornar.

Ante esta nueva disyuntiva política Mahmud Abás, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, anunció el 25 de julio, que se suspendían por tiempo indefinido, todos los acuerdos con Israel. Aquí entra el de Oslo, suscritos con Israel en 1993, con el coauspicio de Washington. Este convenio, rubricado por Yasser Arafat e Isaac Rabin, establecía una solución final para la creación de un Estado palestino. Pero mucha agua ha corrido y la armonía sigue ausente, con la consiguiente pérdida de soberanía palestina. En primer lugar, porque el régimen sionista incumplió y continuó la construcción de asentamientos ilegales en tierras ajenas, al tiempo que levantó el conocido muro del apartheid, y fragmentó en cantones la geografía de una eventual Palestina independiente. A eso se le añaden los constantes crímenes que comete contra civiles, incluidos niños: las fuerzas sionistas arrestan aproximadamente a mil niños y niñas cada año en la ocupada Cisjordania, llegando a encerrar a algunos de hasta 8 años de edad.

Errores aparte de las filas palestinas, el peso de la responsabilidad de la ocupación recae precisamente en la entidad que la mantiene, o sea, Israel, y el espaldarazo mayúsculo de los grandes círculos de poder en Gringolandia. Y aunque Palestina ha honrado siempre sus compromisos, ajustados a la legitimidad de su lucha, ya llegó la hora de decir ¡Basta!

Asunto complejo que involucra a personajes siniestros

Dicho de este modo, el asunto puede ser interpretado a la ligera, y nada más alejado de la verdad. El tema palestino es una carta fuerte de la política exterior de Trump, si bien hasta el momento tiene un relativo bajo perfil noticioso, al margen del revuelo mediático y diplomático que se creó con el anuncio del traslado de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén.

Pero es previsible que el diferendo vaya ganando en importancia porque Trump, en su carrera presidencial, necesita también del poderoso lobby judío, el cual se reparte influencias entre demócratas y republicanos, y es en este último partido en el que entra a jugar la sombra de Kushner. También sopesa el decisivo apoyo de la gran masa evangélica estadounidense, simpatizante de Israel y del sionismo.

Según el ex secretario de Estado Rex Tillerson, el yerno de Trump ejerce sobre el mandatario gran ascendencia. En entrevista con la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, reveló que Kushner “tiene carta abierta”, ya que no coordina sus periplos ni con el Departamento de Estado ni con la embajada local de los países de destino, como los Emiratos Árabes o Israel.

En la Cumbre de Bahrein, celebrada en junio de este año, propiciada por los norteamericanos, se ha intentado pasar gato por libre en relación con el llamado Acuerdo del Siglo, anticipando otro etiquetado como Paz para la Prosperidad. En señal de protesta, Palestina no asistió a la cita y persevera en la solución de dos estados, con la actuación de la ONU, la Unión Europea (UE), y por supuesto Rusia, cuyo sobresaliente papel en Siria le confiere veracidad a la hora de tratar los temas complicados, como son el terrorismo islámico e incluso las tensiones entre Teherán y Washington.

El promotor del encuentro fue Jared Kushner. No contento con este papel, se empleó a fondo haciendo uso de la palabra en varias ocasiones. Trascendidos de la propia prensa hebrea relatan que al hablar se arrogó el derecho de hacerlo en nombre de su Gobierno, con anuncios (en complicidad con algunos en el Golfo) de inyectar 28 mil millones de dólares en Gaza y en Cisjordania, en los próximos años, para crear puestos de trabajo y reducir los índices de pobreza, originados dicho sea de paso por la dependencia de la economía palestina a la ayuda internacional y a las obligaciones de la entidad opresora. Y en el summun del cinismo prometió también transferir capital en montos semejantes a Egipto, Jordania y Líbano, para crear “un entorno favorable”, lo cual a todas luces es un modo muy yanqui de comprar lealtades.

Amparado en sus políticas de apartheid, Israel demolió en junio de 2019 un barrio entero en Jerusalén Este, zona de control palestino. (palestinalibre.org)

Amparado en sus políticas de apartheid, Israel demolió en junio de 2019 un barrio entero en Jerusalén Este, zona de control palestino. (palestinalibre.org)

Con todo, el pueblo palestino ha calificado este arreglo de la “bofetada del siglo”, ante la ausencia de una verdadera solución política, y porque entre muchos tópicos el engendro imperial valida una “Nueva Palestina” (resultado de un supuesto acuerdo tripartito entre Israel, la OLP y Hamas), en Cisjordania y la Franja de Gaza, en el que se mantendrían las colonias israelíes existentes. También, estos asentamientos permanecerían en poder de Israel y no se desmantelarían. En cuanto al valle del Jordán, continuará bajo el poder sionista.

Ahora, si la OLP y Hamas lo rechazaran, el Imperio cancelaría todo el apoyo financiero a los palestinos, algo que no sorprende demasiado teniendo en cuenta que ya en septiembre de 2018 el Departamento de Estado norteamericano cortó todos sus fondos a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA, por sus siglas en inglés), en franca maniobra por reducir el número de los emigrantes, reconocidos por la comunidad mundial en más de cinco millones, a una décima parte y suprimir así a los descendientes de los supervivientes de la ocupación israelí de los años cuarenta de la pasada centuria.

Y eso no es todo: Hamas deberá renunciar a las armas, que serían entregadas a Egipto. Ah, y por si fuera poco, la “nueva nación” carecería de Ejército; en su lugar, tendría solo una fuerza policial. Para colmo, debería pagarle a Israel por la seguridad dentro del territorio. Como guinda del pastel, Israel no compartiría la soberanía de Jerusalén, porque toda la población árabe sería expulsada de esta sagrada ciudad y transferida al Estado “soberano” palestino. ¿Que estaría dónde?

Vistas así las cosas, es evidente que la balanza se inclina totalmente hacia Israel. Con el añadido de la garrafal ofensa del espíritu de lucha de Palestina, al pretender comprar sus ansias de libertad para anclarla definitivamente a un esquema colonial, el cual se sueña desde el imperio yanqui irreversible.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda