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Publicado el 25 Octubre, 2019 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

Líbano, pieza para el rediseño imperial 

En medio de una aguda crisis económica, los libaneses se manifiestan en las calles desde Beirut a todo lo largo del país. Esta desestabilización le sirve a los intereses geoestratégicos de los Estados Unidos
Hay un reclamo generalizado contra el mal manejo de la crisis, el costo de vida y la falta de empleo y de oportunidades, entre otras cuestiones. (ichef.bbci.co.uk)

Hay un reclamo generalizado contra el mal manejo de la crisis, el costo de vida y la falta de empleo y de oportunidades, entre otras cuestiones. (ichef.bbci.co.uk)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Cuando Latinoamérica se estremece con las golpizas contra el pueblo en Chile o se quita el sombrero frente a la perseverancia indígena de Ecuador la primera reacción es exclamar: ¡Ah la economía! Y es cierto, el bolsillo del ciudadano común tiene un gran ‘descocío’. Entonces la simpatía aflora automáticamente.

Cuando escenas similares se dan en otras partes del mundo casi siempre surge una sospecha: ¿serán reivindicaciones legítimas? En Oriente Medio más específicamente el lector tiende, luego de la emergencia del terrorismo islámico, a asumir las desestabilizaciones como un retroceso. Y aunque esa variable está en el fondo de la vida cotidiana, en la región levantina también el neoliberalismo hace de las suyas, y desde hace mucho tiempo. Recordar en ese contexto el movimiento de los Indignados en Israel o la “Primavera árabe” en Egipto y Túnez, dos naciones africanas pero con importantes vínculos con Oriente Medio.

En los últimos días se divulgan imágenes recurrentes de miles de libaneses en las calles de Beirut con demandas de transparencia gubernamental. Este reclamo viene escalando desde el mes de septiembre pero está siendo desbordado con cada hora que pasa. Y a pesar que las autoridades locales informaron el pasado mes que elaboraban un proyecto de presupuesto para el 2020, conforme a la Constitución y a la ley, la gente no se lo cree.

La deuda pública de la nación es de las más elevadas del mundo: fijada en 86 mil  millones de dólares, equivalente a más del 150 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). El Banco Mundial considera que la economía libanesa está estancada, con un crecimiento real del PIB de apenas de 0,2 por ciento en 2018, con perspectiva de crecimiento negativo de -0,2 por ciento en 2019. El anuncio de que la nación se encontraba en Estado de Emergencia Económica ante lo cual había que actuar, disparó el supuesto sentido común del pueblo.

Esta reportera ha utilizado la palabra supuesto con toda intención porque el Líbano puede parecer una nación más pero no lo es. Allí se concentran solapadamente intereses geoestratégicos de las potencias mundiales lo que puede llevar al análisis de que, tal y como sucedió años atrás con el desenlace contrarrevolucionario y de inmovilismo de la Primavera árabe,  en el llamado País de los Cedros, ahora las exigencias populares –de verdadera raíz justiciera- pueden haberse sobredimensionado a partir de las ganancias políticas de los Estados Unidos, de Occidente y de Israel en la zona. Puede que algún día se descubra que, como en las manifestaciones para nada pacificas de Hong Kong, la NED o la Fundación Soros atizaron los pedidos de demanda con intenciones malévolas.

El detonador de las masivas protestas en Líbano está relacionado con el anuncio del Ejecutivo de introducir un impuesto a las llamadas telefónicas hechas a través de WhatsApp y otras aplicaciones, no obstante, varios ciudadanos entrevistados por la organización no gubernamental Lebanon Support, declararon que hay hambre y pobreza.

Por su parte el gobierno libanés se propuso subir el impuesto sobre las ganancias del 10 al 11 por ciento, reducir la deuda exterior mediante la coordinación entre los sectores privado y estatal así como establecer una cooperación más estrecha entre el Ministerio de Finanzas y el Banco Central del Líbano. En ese contexto el Presidente libanés Michel Naim Aoun exhortó a los representantes de los círculos empresariales y a los políticos a renunciar a las ambiciones personales en bien del pueblo y del país.

La situación es indudablemente tensa y viene escalando desde 2018 con un registro de 178 acciones colectivas en todo El Líbano, sobre todo en Beirut. En 2019 ya son 408 y de estas la de la última semana es de una dimensión colosal. Tanto que el mandatario comunicó su disposición a reunirse con representantes de las manifestaciones antigubernamentales. Reportes de Prensa Latina indican que se muestra abierto a un diálogo constructivo, prometiendo que los reclamos no quedarán sin respuesta. Mientras que el Primer ministro Saad Hariri reconoció que “el dolor de los libaneses es verdadero y lo veo y apoyo cualquier movimiento para expresarlo.  Hay un enfado verdadero que explotó en la calle, y que la gente ha dado más de una oportunidad a los políticos para hacer reformas”.

Líbano gobierno

En una reunión de emergencia Hariri reconoció que Líbano está pasando por un momento “difícil y sin precedentes” en la historia del país. (ichef.bbci.co.uk)

Líbano es sumamente estratégico por su ubicación geográfica al oeste de Asia, junto al mar Mediterráneo. Sin embargo, su preponderancia radica en ser frontera sur con Israel y al este con Siria. Todo parece indicar, dada las evoluciones en el terreno que la nación siria relativamente pronto estará libre del terrorismo, gracias al ejército nacional, y a su alianza con Rusia sin dejar de mencionar el papel jugado por la milicia de resistencia libanesa Hezbola, muy vinculada con Irán.

De atenernos a la teoría práctica del “caos constructivo” propugnado por los neocons yaquis, el verdadero poder en los Estados Unidos, que unas veces encubiertas y otras velada, incide en el mundo a través de utilizar la fuerza para  destruir toda forma de resistencia. Y precisamente de eso se trata: Líbano es una economía capitalista, con aplicaciones neoliberales pero en política ejerce el nacionalismo, expresada en un patriotismo anti sionista y anti norteamericana.

Se trata de una sociedad demasiado fragmentada a lo interno que incluso la llevó a una guerra civil (1975-1990). A la altura de 2007 el entonces secretario de Estado adjunto para Oriente Medio de Estados Unidos, David Welch, consideraba que “un Líbano estable y seguro es imprescindible para toda la región de Oriente Medio”. En su visita a esa nación árabe, en marzo de ese año, manifestó que “EEUU está al lado del pueblo libanés” al tiempo que a pesar de esa aparente buena fe se mostró muy crítico con la oposición parlamentaria del momento, compuesta de cristianos y chiítas, fundamentales para el seguimiento de la democracia en una sociedad tan fragmentada en bandos.

Más allá de las reformas de ajustes aplicadas en ese país y que ciertamente no tienen en el centro al pueblo sino a los compromisos con los organismos financieros internacionales, el desenvolvimiento libanés independiente es visto con recelo por Occidente, y muy particularmente por el gobierno sionista israelí habida cuenta de la contundente paliza que le dio Hezbola en la guerra de liberación que sacó las tropas de Tel Aviv de suelo árabe. Esta agrupación cuenta con 13 escaños en el Parlamento y tres puestos en el gabinete.

Tal vez algún lector desapruebe la tesis de la conspiración pero lo que sí es innegable es que desde hace más de tres décadas, la Casa Blanca, entendida como máximo poder imperial, ha sido asesorada por una corriente de pensamiento –y acción- que ante la previsión de la emergencia de decisivos nuevos actores internacionales como China, Rusia e Irán aplique formulas tales para cercar a los posibles rivales a través de un “cordón sanitario” de países hostiles; de instalación de bases militares; inducción de zonas de caos y violencia en el “vecindario”.

Si bien hay que seguir el curso de los acontecimientos y analizar las posturas de los diferentes elementos de las protestas en Líbano para sopesar la autenticidad del movimiento popular o no, lo cierto es que es muy sospechoso que ya algunos grandes medios hablen de “La Revolución del WhatsApp” en esa manía prejuiciosa de reducir los acontecimientos históricos a un solo asunto descontextualizando la historia o manipulando su interpretación. En Líbano la gente protesta contra las medidas destinadas a reducir el gran déficit incluyen el recorte de los salarios de los políticos a la mitad y ayuda financiera para las familias más pobres.

Oriente Medio es desafortunadamente portentosa en ejemplos negativos: desde las propias operaciones intervencionistas yanquis, las agresiones de Israel contra los palestinos bautizadas con nombres rimbombantes. Igual se hace con las causas nobles de los pueblos se etiquetan, se tergiversan, se penetran e incluso se provocan. El sueño imperial del rediseño del Medio Oriente ampliado sigue en marcha.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda