1
Publicado el 4 Octubre, 2019 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

Y venció la política agresiva en Israel

Ningún cambio real surgirá de una posible coalición. Sigue el mismo peligro para árabes y persas
Soldado israelí maltrata a niño palestino/ Foto: palestinalibre.org

No importa qué partido gobierne, si Likud o Blanco y Azul; ambos seguirán su política genocida contra los palestinos. (palestinalibre.org)

Por María Victoria Valdés Rodda

Ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, reiteró, este 26 de septiembre, que su pueblo nunca estará dispuesto a someterse al sionismo ni a sus planes anexionistas,gobierne quien gobierne en Israel. Mientras pronunciaba su discurso en Nueva York, allá lejos en el Levante, el presidente hebreo, Reuven Rivlin, encargaba al primer ministro en funciones, Benjamín Netanyahu, la formación del próximo Ejecutivo.

Tal como sucedió en abril último, el conglomerado de partidos ultraderechistas y ultrarreligiosos –encabezados por el Likud, de Netanyahu– no alcanzó la cifra de 61 escaños parlamentarios, que le hubieran permitido liderar. En tanto el bloque de derecha, Kahol Lavan (conocido en Occidente por Blanco y Azul), del exjefe del Estado Mayor del Ejército Benny Gantz, logró igualmente 32 escaños, que sumados a los de sus socios de campaña consigue una cantidad similar de asientos que los de su contrincante.  Rivlin, sin embargo, escogía al gran amigo de Donald Trump para que, en las próximas semanas, perfile gabinete, de ahí que sea aventurado pronosticar el curso definitivo.

Lo que sí está claro es que cualquiera resulte el rumbo, aunque ya está descartado un Gobierno de unidad nacional, el sionismo no reducirá un ápice su beligerancia hacia los palestinos en primer lugar, luego contra los árabes vecinos, y mucho menos contra los persas, tenidos como archienemigos de Israel. Acá la cuestión sería de matices: si una arremetida definitiva contra la franja de Gaza, o no, si una inminencia de la anexión del valle del Jordán o no, o si más sistematicidad contra Siria, o no. Igual graduación de intenciones contra la República Islámica de Irán.

Verdad es que hay diferencias en las posturas políticas sobre la vida doméstica, sumamente hastiada de la liviandad moral de sus gobernantes, como es el caso del propio Netanyahu, quien será citado, en octubre, a una serie de indagatorias por los cargos de corrupción, soborno y abuso de poder en tres distintos expedientes. De modo que restaurar la confianza en ese ámbito representa un reto mayúsculo. Tanto como superar las discriminaciones que testimonian sufrir los laicos y también los árabes israelíes de parte de los ultrarreligiosos judíos. No obstante estos asuntos para nada menores (y que ameritarían mayor profundización), el denominador común de todos ellos está muy bien delineado: el terrorismo de Estado. El mismo utilizado durante las campañas electorales de ambos partidos, que buscaban agenciarse las simpatías de los sectores más extremistas. La política agresiva contra sus vecinos en el Oriente Medio fue por tanto la fruta ofrecida a cambio de lealtades.

El analista Gideon Levy lo ejemplificó magistralmente: “Se podría pensar que hay un abismo ideológico entre el primer ministro Benjamín Netanyahu y el líder de Kahol Lavan, Benny Gantz. Hemos tenido dos oportunidades de oro en los últimos días para conocer que no es el caso. Netanyahu propuso la anexión de partes estratégicas de Cisjordania, y Gantz dijo que Netanyahu no cumpliría su promesa, mientras que él, Gantz, permanecería en el valle del Jordán para siempre”.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda