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Publicado el 31 Enero, 2020 por Prensa Latina en Mundo
 
 

¿Semana laboral de cuatro días en Finlandia?

El Ejecutivo aseguró que la idea no forma parte de sus planes a corto plazo, y un funcionario de la oficina de Marin dijo que se trataba de una visión de futuro, un posible objetivo para el Partido Socialdemócrata (SDP).
Saana Marín, primera ministra de Finlandia

Sanna Marín primera ministra de Finlandia es la más joven en ocupar ese cargo en el Mundo

Por Yanet Llanes Alemán*

La polémica posibilidad de una semana laboral de cuatro días o jornadas de 6 horas se reavivó en Finlandia a raiz de la elección de la primera ministra Sanna Marín, la de menor edad en el mundo.

Varios medios periodísticos europeos publicaron acerca de la supuesta implementación de la iniciativa -ya probada por algunas empresas-, sus pros y contras; y tal fue la reacción, que el Gobierno se vio obligado a pronunciarse.

El Ejecutivo aseguró que la idea no forma parte de sus planes a corto plazo, y un funcionario de la oficina de Marin dijo que se trataba de una visión de futuro, un posible objetivo para el Partido Socialdemócrata (SDP).

Aunque algunos diarios, como el británico The Guardian, reeditaron su artículo y aclararon que el origen de la historia estaba en un pronunciamiento de Marin en un espacio televisivo, cuatro meses antes de ser elegida, ya la duda estaba sembrada entre defensores y detractores.

‘Una semana laboral de cuatro días, una jornada laboral de seis horas. ¿Por qué no podría ser el siguiente paso? ¿Son realmente ocho horas la verdad definitiva?’, manifestó la jefa de Gobierno cuando fungía como ministra de Transporte y Comunicaciones.

‘Creo que las personas merecen pasar más tiempo con sus familias, seres queridos, pasatiempos y otros aspectos de la vida como la cultura. Puede ser una utopía hoy, pero puede ser cierto en el futuro’, aseveró.

La aspiración de Marin, que representa el ala más progresista y ecologista del SDP, provocó el rechazo de algunos políticos, como Arto Satonen (del Partido de la Coalición Nacional, centroderecha) que tuiteó en respuesta: ‘¿Vive el SDP en el mundo real?’

Del mismo modo, Antti Kurvinen, diputado por el Partido del Centro, consideró que no creía que una semana laboral más corta fuera una idea realista a corto o mediano plazo.

‘Se siente difícil financiar nuestro bienestar mientras se reduce el tiempo de trabajo. Nuestro problema es más bien que hay demasiado desempleo y el trabajo no cubre todas las necesidades’, argumentó al periódico finlandés Uusi Suomi.

Por otra parte, el eurodiputado británico Daniel Hannan, del Partido Conservador, opinó que ‘todos podríamos trabajar cuatro días a la semana, pero simplemente no queremos hacerlo’.

País más feliz, según la ONU

Este debate abierto, que ganará fuerza en los proximos años, tiene lugar en un país con 5,5 millones de habitantes, y por delante de otras naciones desarrolladas en cuanto a índices de satisfacción con la vida, salud, seguridad, gobierno, comunidad y progreso social.

Finlandia se encuentra entre las 36 naciones con más igualdad de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y gasta 31 por ciento de su Producto Interno Bruto en estado de bienestar, el segundo más alto entre los miembros del organismo.

Las estadísticas también lo ubican como el tercero con mayor igualdad de género a nivel global, mientras el Índice de Desarrollo Humano (IDH) para 2018 (0,925), lo coloca en la categoría de desarrollo humano muy alto, con el puesto 12 de 189 países y territorios.

El IDH es una medida resumida para evaluar el progreso a largo plazo en tres dimensiones básicas del desarrollo humano: una vida larga y saludable, acceso al conocimiento y un nivel de vida decente.

Por otro lado, Finlandia tiene un PIB per cápita de 42 mil 500 euros, aproximadamente, acorde con cifras de 2018, lo que lo sitúa en el número 17 del ranking que mide el nivel de vida de la población, respecto a este indicador.

En 2019, Finlandia resultó el país más feliz del mundo, por segundo año consecutivo, según el informe anual de Naciones Unidas, cuyos primeros puestos se disputan, precisamente, las naciones nórdicas: Noruega, Dinamarca, Islandia, junto a Suiza.

De igual modo, en Europa es donde están las jornadas laborales más cortas, en contraste con los países del sur y este de Asia, según la Organización Internacional del Trabajo. El límite legal de trabajo (excluyendo el tiempo extra), en la mayor parte de las economías avanzadas es de 40 horas semanales, mientras que en los países en vías de desarrollo es de 48.

Entre los miembros de la OCDE-que agrupa a algunas de las economías más avanzadas del mundo-el promedio semanal de horas efectivamente trabajadas es 37, un referente que no tiene relación con el límite fijado por las leyes de cada país, sino con resultados de encuestas.

Por ejemplo, en Corea del Sur, Turquía y Chile, cerca de la mitad de los empleados labora más de 48 horas, mientras que en la Unión Europea es el 15 por ciento y en Estados Unidos el 19 por ciento.

Desde la revolución industrial, el número de horas trabajadas a la semana ha disminuido. En 1919, cuando en el Reino Unido se redujeron de 54 a 48, no tuvo ningún efecto sobre la productividad y la competitividad, según The Guardian.

El diario argumentó que el paradigma no es nuevo, pues Kellogg’s, la compañía multinacional agroalimentaria estadounidense operó con éxito una política de jornada laboral de seis horas durante muchos años a mediados del siglo XX, y solo la abandonó porque la gerencia quería tener prácticas similares a las de otras empresas.

Beneficios y Riesgos

En agosto pasado, Microsoft Japón probó una semana laboral de cuatro días y las ventas por empleado aumentaron aproximadamente un 40 por ciento respecto al año anterior.

Según algunos análisis, esa medida también podría conducir a una reducción significativa en nuestra huella de carbono, ya que los empleados producen menos emisiones para llegar al trabajo, usan menos recursos en este y tienen más tiempo para cocinar y comprar, en lugar de depender de la comida para llevar, entregada en recipientes de plástico.

En Melbourne, Australia, una organización descubrió que una jornada de seis horas obligaba a los empleados a eliminar actividades improductivas, como enviar correos electrónicos sin sentido, sentarse en largas reuniones y perder el tiempo en Internet.

En cambio, en la ciudad de Gotemburgo en Suecia abandonaron un experimento similar con enfermeras por el aumento de los costos.

A algunos empleados también les preocupa parecer perezosos, mientras a los jefes les inquieta que los bienes y servicios no estén disponibles cuando los consumidores los requieran.

La Wellcome Trust, una organización benéfica de investigación biomédica con sede en Reino Unido, retrocedió en planes de ese tipo bajo el argumento de que sería ‘demasiado complejo desde el punto de vista operacional’.

Analistas advierten que en la tendencia decreciente de horas de trabajo en esos países influirá el avance de la tecnología, que permite producir más en menos tiempo, y los cambios culturales, por los que las personas sienten la necesidad de tener menos obligaciones y más espacios de ocio.

‘Si miramos hacia atrás 120 años, los obreros trabajaban 12 horas al día, seis días a la semana, sin muchas vacaciones. Probablemente, muchos sintieron entonces que sería arriesgado reducir el tiempo de trabajo’, explicó Pekka Ilmakunnas, profesor de la Escuela Superior de Ciencias Económicas y Empresariales de Helsinki.

‘Si ahora miramos 100 años hacia el futuro, ¿cuánto trabajará la gente entonces? Creo que no serán 40 horas a la semana’, afirmó.

*Periodista de la Redacción Internacional de Prensa Latina


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