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Publicado el 30 Marzo, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

LA PANDEMIA DEL NUEVO CORONA VIRUS

Cerrar filas por la vida

En un escenario aparentemente insalvable, Cuba y China salvan. En contraste, los Estados Unidos arrecian bloqueos y el capitalismo hace agua

 

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

En la actual etapa, donde la disyuntiva consiste en enclaustrarse en el país a cal y canto o esgrimir el salvoconducto de la solidaridad, la pandemia de la COVID-19 ha colocado a la especie ante sus propias debilidades y fortalezas insospechadas de hacer el bien. Esta contingencia sanitaria mundial era ese denominador común que se necesitaba para asumir por entero la noción de que estamos más interconectados de lo que suponíamos.

Con esa responsabilidad para con los demás, la República Popular China comparte sus experiencias de cómo actuar, teniendo en cuenta que, al cierre de esta edición, el 90 por ciento de los pacientes había rebasado la enfermedad. En medio de difamaciones en su contra de parte de Washington, ha enviado allende sus fronteras personal médico, kits de análisis y utensilios sanitarios a al menos una decena de naciones. En ese escenario aparentemente insalvable, vuelve Cuba y su principio del internacionalismo a activar a su famoso contingente Henry Reeve hacia Caracas, pero también hacia Italia, entre otros territorios; y lo hará con cualquier necesitado, ya que no nos mueven únicamente las afinidades ideológicas, sino esencialmente las humanas.

A pesar de las buenas acciones a nivel planetario, los Estados Unidos, sin embargo, no han mermado en su hostilidad hacia aquellos pueblos y gobiernos que considera, le son hostiles. En ese sentido, Rusia condenó sanciones que califica de antihumanas. La Casa Blanca se muestra inmune al altruismo que también “infecta” a todos. De modo que este 23 de marzo aplicó nuevas medidas intimidatorias contra Irán. Asimismo, nuestra hermana República Bolivariana de Venezuela, en voz de su ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Arreaza, denunció que las sanciones coercitivas ilegales y unilaterales yanquis son una forma de castigo colectivo que, de acuerdo con la Convención de Ginebra, de 1949, representa una política que daña a toda una población, siendo por tanto un crimen de guerra, al acarrerar dificultades para la adquisición oportuna de medicamentos.

¿Adiós a las armas?

Personal de salud y pacientes: héroes del momento. (dla.cdncimeco.com

La urgencia del momento exige pensarnos como un solo organismo, pero ¿llegará a los oídos necesarios el pedido del cese del fuego inmediato con que el secretario general de la ONU, António Guterres, se dirigió a todas las partes en conflicto en el orbe? Su preocupación recae en el impacto que las hostilidades bélicas tienen en la población civil, muchas veces obligada a desplazarse hacia territorios vecinos, e incluso intentar llegar, a como dé lugar, a otros continentes. Habló en nombre de los sin voz, de los más vulnerables: los minusválidos, los niños, los ancianos y las mujeres. Exhortó a “poner fin a la enfermedad de la guerra” para poder enfrentar el mayúsculo reto actual, porque “el virus no toma en cuenta nacionalidad o etnia, facción o creencia. Ataca a todos implacablemente”.

La esencia de la crisis sanitaria

Conmueven las noticias sobre las iniciativas culturales, impulsadas por muchos artistas en todo el planeta, así como otras de los propios gobiernos –en especial los europeos– para que la gente afronte de la manera más equilibrada el debido aislamiento, decretado casuísticamente por cada Estado soberano del planeta. Pero, una pregunta no deja de rondarme: ¿acaso no nos estamos percatando de que el fallo en el sistema de salud capitalista esconde la esencia del sistema en general? Las consecuencias se perfilan espeluznantes, advertencias que no llegan únicamente de los foros alternativos y de izquierda.

Las alarmas se han disparado en el mismo corazón de Wall Street. Por ejemplo, la agencia financiera noticiosa Bloomberg se hizo eco de las consideraciones de los expertos de Morgan Stanley y Goldman Sachs Group Inc. que vaticinan mayores sufrimientos económicos por el coronavirus de los esperados.

Además, calcularon una caída del PIB estadounidense en 30.1 por ciento en los meses inmediatos, lo cual supondría un desempleo del 12.8 por ciento. La nación norteña, paradójicamente y a pesar de su gran poderío, es de las que están en las peores condiciones para asumir la sanidad de sus 327 millones de habitantes. Y de seguir las esquivas y disparatadas políticas de Donald Trump, el pueblo norteamericano verá morir a muchos de sus integrantes.

España ha tenido que tomar medidas excepcionales ante la crisis en la salud pública. Foto: estaticos.elperiodico.com

Ahora, no soslayemos lo primordial: ¿por qué esta crisis sanitaria? Las respuestas varían, aunque hay una línea que puede conducirnos a la clarificación del colapso en los sistemas capitalistas de salud: desde 1973 se fueron imponiendo las doctrinas de la Escuela de Chicago, con su “triunvirato neoliberal de privatización, desregulación-libre mercado y recortes drásticos del gasto público”, tal como nos lo recuerda Naomi Klein en su libro La Doctrina del Shock. La codiciosa estrategia no tuvo piedad ni con los hospitales, las farmacias, o las investigaciones científicas.

Mucho antes de que la emergencia sanitaria nos involucrara a todos, los pueblos chileno y francés, por citar solo dos, ya venían reclamando transformaciones radicales a un vivir deshonroso y asfixiante. Algunos analistas confían en que los países europeos retomen el llamado “Estado de bienestar”, de lo cual dudo, porque el capitalismo de hoy está montado sobre otras bases a las posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Los ricos, arropados en el traje que le ha servido a la medida para enriquecerse a una dimensión descomunal y absurdamente indigna, no van a ceder de buena fe. Tanto es así, que la primera medida anunciada en Chile para combatir la pandemia fue informar que el examen de detección del virus costaría 20 mil pesos (25 dólares), y se permitieron precios abusivos y sin control a las farmacéuticas.

Mas, como somos espacios estancos, el análisis de economistas sobre una recesión planetaria nos coloca ante perspectivas nada halagüeñas. De lo que se trata es de estar impuestos de la realidad para transformarla, incluso desde el bando de quienes dictan las leyes del mundo moderno. Porque de suscribir el enfoque de la periodista Cecilia Zamudio veremos que “la nueva enfermedad le viene de perlas a los grandes capitalistas para […] ocultar las verdaderas causas del colapso económico, colapso que cíclicamente genera el capitalismo dadas las características inherentes a su misma lógica depredadora”.

Hay además un peligro latente: no es del todo improbable una vuelta de tuerca a la “terapia de shock” al peor estilo de los Chicago Boys, pues, como excelentemente advierte Ángel Maestro en Red Roja, “el coronavirus es el chivo expiatorio de los nuevos recortes y privatizaciones”, dadas las pésimas condiciones de los sistemas de sanidad actuales. De privatizarse, ¿sería en beneficio de la gente común? Seguro que no. Mucho dependerá de la movilización popular y de la activación real de la democracia para situar en primer plano las esencias. La batalla no será fácil, aunque no puede anticiparse la derrota si no se emprende.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda