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Publicado el 14 Mayo, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

GUERRA Y PAZ

Asunto muy serio

Se presume que de 1945 acá han muerto más de 100 millones de personas como consecuencia de diferentes conflictos. ¿Es esto la paz?
El Guernica y la Paloma de la Paz, de Pablo Picasso, son dos contrapunteos necesarios a la hora de optar por una visión futura del mundo. (Ilustración: F.Blanco)

El Guernica y la Paloma de la Paz, de Pablo Picasso, son dos contrapunteos necesarios a la hora de optar por una visión futura del mundo. (Ilustración: F.Blanco)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Existe la falsa creencia de que en el mundo reina la concordia, porque la humanidad en su conjunto, desde la Segunda Guerra Mundial, ha hecho grandes esfuerzos para que una gran conflagración no nos involucre a todos. Sin embargo, después de 1945 se han originado como nunca antes sucesivos conflictos que, calculados los daños y las pérdidas humanas asociados, seguramente nos obligarían a concluir que no lo hemos hecho todo bien. Ahora mismo, mientras se escriben estas líneas, según cifras de la ONU alrededor de cinco millones de sirios han debido refugiarse en países vecinos, porque su país lleva 10 años combatiendo el terror, que, aunque no se admita, contó en un momento determinado con la connivencia –y hasta el apoyo logístico– de Occidente.

Puede ser que las batallas de Damasco o las que también se libran en Yemen o en Libia no clasifiquen técnicamente como guerra, lo cual disfraza lo realmente importante: la devastación no tolera espacios estancos de clasificaciones doctorales, ni la vida humana puede medirse en cuotas; ¿cuántos cadáveres son necesarios para que consideremos que el planeta sigue en peligro? Pero vayamos por partes.

Sun Tzu, filósofo de la antigua China, sabedor de la fragilidad y finitud de la existencia, alerta de que “la guerra es un asunto serio, da miedo pensar cómo los hombres puedan emprenderla sin dedicar la reflexión requerida”. El también estratega elaboró pautas para minimizar daños y lograr la victoria. Su manual El Arte de la Guerra, escrito 500 años antes de nuestra era, evidencia –sin planteárselo conscientemente– una cierta preocupación por establecer la línea divisoria entre emprenderla o evitarla.

Sin importar costos humanos

En el siglo XX y lo que va del XXI ha habido más de 150 contiendas, con el lastre de más de 100 millones de muertos. De entre los recuerdos más funestos sobresale el de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y la emblemática Guerra de Vietnam (1957-1975). En la primera cayeron 70 millones de personas, con más de 20 millones de soviéticos, mientras que la agresión yanqui a Indochina significó la pérdida de tres millones de vietnamitas y 58 000 estadounidenses, un gasto diario de 66 millones de dólares y secuelas perdurables por la química mortífera del agente naranja.

Preocupado tras la evaluación del curso de las recientes invasiones a Afganistán e Irak, el Instituto Watson para Estudios Internacionales de la Universidad de Brown, que aglutinó a más de 20 expertos alrededor del Proyecto “Costos de Guerra”, calculó hasta la fecha un gasto de cuatro “millardos” (miles de millones) de dólares. Por su parte, The Washington Post reveló que en 2011 el desembolso en la esfera bélica de los Estados Unidos sobrepasó los 700 000 millones de dólares, y que la norteña nación tiene el mayor gasto militar, con una partida del 43 por ciento del presupuesto mundial. Desmesura muy asociada a la pregunta de cuánto bien se podría hacer con todo ese derroche. El Instituto Internacional de Investigación de la Paz, de Estocolmo, tiene algunas claves: solamente una porción de 16 000 millones de dólares serían más que suficientes para eliminar el déficit de la ayuda financiera internacional a la educación mundial.

Algo de definición

La palabra “guerra procede de la germánica “werra”, que significa pelea, discordia, tumulto, donde el elemento violencia es inherente. Considerada por algunos expertos como incalificable, la guerra es provocada por distintas causas interrelacionadas entre sí, donde las económicas subyacen bajo distintas circunstancias desencadenantes. El territorio como razón primigenia de expansión sedentaria quedó parcialmente relegado, apareciendo otras motivaciones de carácter histórico, étnico, racial, religioso, y social. Y, a partir de la primera década de esta centuria, se ha reforzado la voracidad a cuenta de los recursos naturales, que en el futuro cercano podrían ser por el agua, por la biodiversidad o por el ciberespacio.

No obstante, el posicionamiento geoestratégico y el comercial siguen siendo causa-consecuencia, con la marcada incidencia de un notable cambio en la economía mundial, cada vez más globalizada, con actores decisivos, China a la vanguardia, que introducen nuevas dimensiones en el tablero planetario, para el cual el Tío Sam no estaba preparado; de ahí su desconcierto y reactivación del único lenguaje que conoce: el ataque “preventivo”. No por gusto refuerza por doquier sus bases militares, ahora con esquemas de gestión modernos.

Sudán del Sur ha visto morir a 2.5 millones de sus hijos. La guerra interna ha provocado, además, dos millones de refugiados, de los cuales el 63 por ciento son menores. (publico.es)

Sudán del Sur ha visto morir a 2.5 millones de sus hijos. La guerra interna ha provocado, además, dos millones de refugiados, de los cuales el 63 por ciento son menores. (publico.es)

El imperialismo yanqui, tan astuto y mañoso, a fin de contrarrestar presiones públicas y de conciencia, ha introducido en las relaciones internacionales su concepto de “guerra total” (acuñado por Ludendorff). Según esta estrategia, se utilizan todos los medios posibles –incluido el mediático– para arremeter a fondo, lo mismo contra un ejército enemigo que contra cualquier pueblo identificado con un proyecto nacional (el caso de Siria). Pero no se escapa del delito. Aquí es preciso recordar que Washington, a cuenta de sus medidas coercitivas y unilaterales, está infligiendo crímenes de guerra, tal como estipula la Convención de Ginebra de 1949, a través del bloqueo, su castigo preferido contra Cuba, Venezuela o Irán, por “caprichos” ideológicos que les hacen ser intolerable frente a la voluntad soberana con que nuestros pueblos y gobiernos han decidido caminar por la vida.

Dicha actitud, y la de alguno de sus aliados regionales o planetarios, se edulcora con llamados anticipatorios frente a supuestas amenazas nucleares, terroristas o antidemocráticas. Algo muy distinto a las “guerras necesarias”, por ejemplo, las de Martí y Lenin, nacidas porque las desigualdades sociales imponen un camino violento como único recurso. Y, aun así, las fuerzas progresistas de un mundo hoy sumamente complejo e interconectado, abogan cada día más por estrategias políticas dentro de los marcos legales establecidos en resonancia con las reivindicaciones populares.

Perseverar en la Paz

Mentes lúcidas han apostado desde siempre por la concordia: desde el Manifiesto Inaugural de la Primera Internacional Socialista, Carlos Marx alerta sobre las características indisolubles del sistema burgués, que alienta tratados secretos favorables a la política guerrerista del poder, en contraposición al deseo de paz de las grandes masas. Con posterioridad, en el II Congreso de la Segunda Internacional, Bruselas 1891, el problema de la guerra y la paz suscitó mención especial al enarbolarse el lema “Frente a la Guerra, la huelga y la insurrección”, como fiel continuador de la corriente redentora de 1815, contraria al influjo depredador de la soberanía nacional gestado por Napoleón, gran traidor de los ideales fraternos de la Revolución Francesa.

La primera conflagración mundial generó, asimismo, mucho rechazo, pero sería después de la derrota del fascismo alemán y del militarismo japonés cuando la Humanidad decide ver el tema de las confrontaciones en su doble carácter. “Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de paz”, expresa el preámbulo de la constitución de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

En la actualidad, hay un imperativo de paz mayúsculo: al transitar la supervivencia de nuestra especie por la cuerda floja de una eventual confrontación nuclear, ese mensaje adquiere plenitud y nos exige un compromiso común. En ese sentido, los prestigiosos y consecuentes premios Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, de Argentina, y Rigoberta Menchu, de Guatemala, se dirigieron en 2001 –al fragor de los ataques contra Afganistán– a las Naciones Unidas con un texto contundente: “Hemos llegado hasta aquí no solo para exigir una actitud reflexiva y firme, sino a ofrecer nuestro concurso para posibilitar que la paz sea impuesta”. ¡Marcada diferencia con la Casa Blanca, que insiste en la guerra como solución!

El buen sentido

Cuando la ONU declaró 1986 Año de la Paz no estaba pensando en una exaltación circunstancial de 12 meses; intentó propiciar una cultura de entendimiento duradero en el contexto de la conocida Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Y aunque en estos momentos el punto de partida es otro, la necesidad de armonía mundial mantiene su validez, máxime cuando la multilateralidad y la posibilidad real del ejercicio de la mayoría se enfrentan a la gendarmería yanqui. Esta sigue pretendiendo, con chantajes económicos y financieros, imponer su filosofía de muerte con justificaciones de vida y democracia.

El Ejército Árabe Sirio, constituido por el pueblo, va ganando la batalla por la soberanía nacional contra el terror. (almasdarnews.com)

El Ejército Árabe Sirio, constituido por el pueblo, va ganando la batalla por la soberanía nacional contra el terror. (almasdarnews.com)

Cuba nunca se ha dejado ni provocar ni embaucar. Alentada por el ejemplar magisterio de Fidel, a quien el Consejo Mundial por la Paz le concedió, en 2011, el merecido Olivo de la Paz, la Isla es paradigma constante a favor de la resolución de la justicia y la equidad. Por eso cuenta con un nutrido “ejército” internacionalista de médicos, que en estos momentos cruciales de la humanidad ayudan a otros pueblos a enfrentar la pandemia de la COVID-19.

Aprendizaje necesario

La cultura de paz se logra por medio de la educación y el acceso al conocimiento: cuánto daño hacen la venta de videojuegos, aparentemente inocuos, como el introducido en el mercado por la empresa Konani. Con el supuesto de entretener, “Seis días en Fallujah” (Irak), recrea y promociona un acontecimiento atroz, calando negativamente en la psiquis joven, condicionándola cultural y biológicamente a la lucha entre “machos”.

La paz como valor humano absoluto se adquiere al presuponer que las relaciones entre los hombres se levantan entre semejantes, sin atisbos de la más mínima diferenciación racista y excluyente. Asumir, sin embargo, la paz parcialmente desde el humanismo no resuelve el problema, pues se corre el riesgo de reducirla al campo de la filantropía. Luchar por ella, insisten los expertos, se traduce a la realidad con la adopción de acciones concretas, como puede ser la superación de la pobreza o el desarme. Vista como un proceso propiciador del desarrollo y la estabilidad, la paz quedaría en letra muerta sin el esfuerzo mancomunado.

El famoso dilema de Shakespeare, a estas alturas, solo puede apostar por la sensatez, de lo contrario un no ser eterno pudiera llegar a cubrir, con irreversible manto, toda la Tierra… Sí, el de la guerra y la paz es un asunto muy serio.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda