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Publicado el 23 Julio, 2020 por Maryam Camejo en Mundo
 
 

BRASIL

 Cómo ser un pésimo presidente

Se agudiza la crisis multidimensional, coronada por el resultado positivo de Bolsonaro a la COVID-19.
Brasil, fora Bolsonaro

Protesta contra el presidente en Porto Alegre. (Foto: diariocordoba.com)

Por MARYAM CAMEJO

“¿Qué quieren que haga?, así es la vida, voy a hacer carne asada para 30 personas este sábado”. Esta es una de las frases de Jair Bolsonaro que han causado polémica en medio de la pandemia. Hoy, enfermo de COVID-19, figura entre los presidentes que peor han manejado esta crisis sanitaria. En Brasil ha contribuido a una crisis más grande, multidimensional.

El Palacio de Planalto encarna la manifestación física de un espacio de dirección política de entrada y salida. Los ministros renuncian, son despedidos, ponen otros acompañados de correspondientes escándalos, etc. Más que un Gobierno irrisorio, resulta un Gobierno trágico. Las muertes y los infectados por el nuevo coronavirus aumentan, y con pareja velocidad lo hace la pobreza.

Bolsonaro es el vivo ejemplo de un pésimo mandatario. ¿Podrá realizarse la esperanza de los que exigen “fora Bolsonaro”? Solamente en abril el Congreso registró 24 solicitudes de impeachment; hoy sobrepasan las 40. Pero el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, aún no le ha dado apertura a alguno de estos procesos. No obstante, sobre Bolsonaro canturrea un pájaro de mal agüero: el proceso judicial contra su familia por corrupción.

Pese a que algunos analistas consideran que se acerca su fin, “ha construido una relativa alianza con los partidos políticos localizados en el centro conservador del espectro político mediante la compra de sus almas con cargos en el aparato estatal, por lo que no será fácil para que pierda la mayoría y se apruebe su destitución, aunque la profundización de las investigaciones y la difusión de las mismas podrían dar un nuevo giro en la Cámara”, explica José Luis Ríos Vera en Rebelión.

En plena pandemia, con la salida de varios funcionarios de su administración, también el ministerio de Educación ha echado leña al fuego de lo que significa esta administración para Brasil. El recién nombrado, Milton Ribeiro, además de doctor en Educación por la Universidad de Sao Paulo es también pastor evangélico de la Iglesia Presbiteriana, evidencia de las pugnas por el poder que respiran las élites.

Tratando de vislumbrar los entresijos de esta crisis el periodista Ríos Vera, aludiendo a la última década, rememora que el programa económico del Gobierno de Michel Temer, conocido como “puente para el futuro” representó -entre otros elementos- la postración a la financiarización con el pago de la deuda y el ajuste fiscal y el congelamiento del gasto público en salud y educación para los próximos 20 años (proyecto aprobado por el Congreso en 2017). Esto aceleró los planes de privatización de la educación pública, “destacando la ofensiva contra las universidades liderada por el neofascista y hoy ex ministro de Educación, Abraham Weintraub, y tal y como estamos observando, con efectos destructivos en el sistema sanitario público, acelerados por el gobierno ultraliberal, marcado por su antagonismo estructural a las transferencias de renta y al gasto público”.

El actual nuevo ministro, Milton, estuvo antecedido por el intento de sustituir a Weintraub por Carlos Decotelli, quien presentó su renuncia pocos días después de ser anunciado como titular de esa Secretaría, al conocerse que falseó buena parte de su currículum académico. En consecuencia, Milton Ribeiro se convierte en el cuarto ministro de Educación en un año y medio de mandato de Bolsonaro. Sus principales retos serán gestionar la enseñanza a distancia y establecer las fechas del examen nacional de acceso a la universidad, aplazado por el Coronavirus.

Analistas afirman que la dificultad y la tardanza de Bolsonaro en nombrar un ministro de Educación se debió en gran medida a las diferentes corrientes internas que se disputan el poder: el ala militar, el ala de los evangélicos, y la llamada ala ideológica, con integrantes más radicalizados. Pues parece que esta vez ganaron los evangélicos.

Con todo, bien manchada está la imagen del mal-presidente. Un estudio de la consultoría Curado & Asociados analizó las publicaciones de siete medios de comunicación internacionales para mostrar la percepción negativa del país, la cual empeoró en el segundo trimestre, como consecuencia de una “crisis ética y falta de gestión” del Gobierno. La pandemia representa el 68 por ciento de todas las noticias negativas sobre Brasil en el segundo trimestre, seguido de la dimisión del ministro de Justicia, Sergio Moro, y la devastación de la Amazonía.

La investigación mostró también que la cobertura de la gestión brasileña de la COVID-19 por la prensa internacional creció 146 por ciento en el segundo trimestre. Dentro del país, la imagen del mandatario también se ha deteriorado mucho. El politólogo Emir Sader advierte de que muchas personas están en contra de Bolsonaro -el 70%, según las encuestas-, sin estar en contra del neoliberalismo. Incluso aceptan que no viven una democracia plena, porque el gobernante comete todos los delitos de responsabilidad, él y sus hijos están involucrados en casos de corrupción, pero las instituciones no trabajan para expulsarlo de la presidencia. Los medios son frontalmente renuentes al estadista, y algunos incluso se pronuncian por la necesidad de sacarlo del puesto, pero, insistamos, sin oponerse a la política económica neoliberal.

“Sin embargo -sentencia Sader-, no se dan cuenta de que solo sin democracia, solo con un estado de excepción, es posible tener un Gobierno que implemente una política económica contra las necesidades de la gran mayoría de las personas. Una política económica que solo favorece a los bancos privados y al capital especulativo, promoviendo la recesión y la depresión económica, así como el desempleo y la precariedad a los que la gran mayoría de los brasileños están condenados”.

Al parecer, no existen muchas puertas de salida de la crisis actual, y que Bolsoro abandone la presidencia no resultaría precisamente el santo grial para resolver el estado de cosas actual.

“El presidente de la República es un ignorante”, ha dicho Luiz Inácio Lula da Silva. “Si no lo es, le gusta ser ignorante…habla con los fanáticos… tiene un círculo de personas que son así, son los milicianos, a los que ha estado alimentando durante más de 30 años”, manifestó a propósito del aniversario 30 de la fundación de la Confederación Nacional de Trabajadores del Comercio y los Servicios de la Central Unitaria de Trabajadores. El expresidente alertó sobre lo que todos ya saben, que Bolsonaro no está en condiciones de dirigir el país ante la crisis sanitaria, y lamentó que no pudiera ni siquiera reunir un equipo para hacerlo.

Para Lula, debido a la falta de personal competente, el mandatario “escucha a sus hijos y llama a los militares. Es como si los militares fueran semidioses, como si resolvieran algo” El verdadero líder -afirmó- es aquel capaz de escuchar al pueblo, incluyendo a los gobernadores y secretarios de Salud, para discutir juntos las soluciones.

 Continúa en Brasil aumento cifras de infectados y fallecidos por coronavirus (france24.com)

Continúa en Brasil aumento cifras de infectados y fallecidos por coronavirus (Foto: france24.com)


Maryam Camejo

 
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