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Publicado el 31 Mayo, 2021 por Elsa Claro en Mundo
 
 

Indignante jugarreta

Por Elsa Claro

Israel no solo destruye edificios y caminos. También somete por inseguridad y carencias. (Foto en elpais.com)

Israel no solo destruye edificios y caminos. También somete por inseguridad y carencias. (Foto en elpais.com)

Ante hechos consumados una se pregunta si transitamos por una postmodernidad fatal o si nunca salieron de la charca los gusarapos portadores de un belicismo interesado, partiendo de lo económico, y concluyendo en lo ideológico. O las dos cosas. La reflexión parte de las acciones de Estados Unidos que borran las distancias entre negocio y política. Tanto y tantísimo, que en esta última ofensiva de Israel contra los palestinos se echa a ver –otra vez– no solo que cada día Washington entregue 10 millones de dólares  al Estado hebreo en una contribución de dudosa moralidad, sino cómo retorna la cínica contribución.

En Gaza están arrinconados, sin salidas, ni siquiera por el mar, pues esa franja costera también está controlada por Tel Aviv, que en este último sangriento episodio lanzó  desde sus buques abundante artillería  Made in USA, diezmando a los eternamente agredidos. Sí, proceden del lejano padrino los “atildados” medios de matar y con la ropa seca, porque la Casa Blanca bloquea todo intento de condena a Israel en Naciones Unidas y le sigue prodigando recursos bélicos. Ese es uno de los quid de esta cuestión.

Existe un acuerdo que concita a los sionistas a gastar esos fondos que Washington les da, adquiriendo solo equipamiento militar estadounidense. O sea, el enorme dispendio, aunque proceda de los contribuyentes norteamericanos, favorece a la industria de la guerra, e Israel, por su parte, aparte de obtener modernísimos recursos, usa una cuarta parte de los montos que EE.UU. le regala, haciendo compras a su propia industria militar.

He ahí el teorema negocio-política, o la teomanía imperial que les hace creerse inmunes e impunes. Washington propicia a los sionistas una ventaja táctica cualitativa, tanto material como de orden subjetivo.

Las administraciones judías procuraron mantener separados los  emplazamientos que, en Cisjordania y parte  de Jerusalén, no se conectan Gaza. Con ese aislamiento disgregan las fuerzas de los palestinos, y acrecientan la superioridad en recursos militares y hasta el mayor influjo sobre la vida –o la muerte– de civiles, pues arbitran desde el agua potable hasta el ingreso de un lápiz en territorios de la Palestina histórica.

Divide y…

Otra argucia de los sionistas y sus patrocinadores  ha sido mantener otro tipo de distanciamiento. Fueron la CIA y el Mosad, el Pentágono norteamericano y el Chin Beth judío quienes le dieron vida a Hamas, movimiento usado para obstaculizar a Al Fathah, o en los hechos creando un desajuste al pueblo palestino. Hamas evoluciona por su cuenta posteriormente, pero se queda como evidencia de los empeños del plan para un Nuevo Oriente Medio enunciado por George W. Bush en el 2006, y para conseguirlo establecieron el mal afamado caos constructivo que mantiene a la zona en permanente torbellino, buscando hacerla manejable.

Ambivalencia, parcialidad, asimetría, conviven en la prepotente alianza israelí-norteamericana. (Foto en huffpost.com)

Ambivalencia, parcialidad, asimetría, conviven en la prepotente alianza israelí-norteamericana. (Foto en huffpost.com)

El proyecto explica más de un hecho focalizado en diversos procesos en el Líbano, los daños a Iraq, invadido y ocupado, la Libia destrozada, el descomunal esfuerzo por someter a Siria, o la inestabilidad casi permanente en el golfo Pérsico, contra Irán sobre todo, y en similar medida el posible uso de Afganistán como emplazamiento estratégico de la OTAN –digo, de EE.UU., ¿o no?– en varias direcciones. En las esencias del designio ha estado y está la intención de remodelar las fronteras en toda la zona, quitándole a unos y añadiéndole a otros, según intereses estadounidense-israelíes y de algún otro de sus socios.

Fuera de los ángulos de orden ideopolíticos, para no olvidar, toda vez que en parte el proyecto se dirige ofensivamente contra Irán, Rusia y Turquía subyacen intereses económicos, y no solo con respecto al petróleo, en ese extendido reservorio energético. Hay otros afanes geoestratégicos en marcha, enlazados con los deseos hebreos de continuar su expansión.

¿Entelequia o substancia?

Aquí vuelve a surgir la duplicidad entre negocio y otros intereses de mayor techo. En ese orden se inscribe el Proyecto Sinaí-Gaza, mediante el cual Israel y Egipto, el primero sobre todo, conciben crear un enorme complejo turístico que abarcaría, como sugiere su nombre, el rico territorio desértico de la península y la costera Franja.

A los palestinos no les preguntaron si estarían dispuestos a ceder sus hogares luego de una usurpación monstruosa y estar sometidos a un apartheid no menos brutal. Tampoco parecen darle voz a los beduinos que habitan el Sinaí, por igual destinados al éxodo desde su hábitat, área que ya Tel Aviv conquistó primero en los años 50 y una década y media después nuevamente, cuando se apodera también del Golán sirio y otros espacios dentro de la Palestina tradicional. Si se mantiene, el extravagante movimiento prevé desplazar a los palestinos hacia el Sinaí y sacar de él a sus actuales habitantes.

Grandes hoteles y bloques residenciales, con una infraestructura de gran monto, contando con inversiones de empresas trasnacionales, es la aspiración, teniendo de centro gestor a Israel. Algo de tanta envergadura y recursos, haría suponer “ofertas irresistibles” de los sionistas, para que los palestinos accedieran al reacomodo, pero en su lugar optan por métodos como los antes practicados: dilatar sus límites geofísicos por la fuerza.

Esta última confrontación de mayo 2021 surge, precisamente, como consecuencia de avanzar en la captura plena de la Ciudad Santa, y para ello proceden a desalojar de sus hogares a un grupo de familias palestinas que vivieron en ellos durante varias generaciones. Auspician la animadversión promovida hacia los ciudadanos judíos con el malvado mantra de merecer todo en virtud de un holocausto lamentable, pero sobreexplotado y base de otros sacrilegios. Injustificable el absurdo, pero hasta aquí adoptado con vil ventaja.

La embestida y su tenebroso saldo se vinculan con la situación interna de Israel. Los ataques se inician cuando se le encargó a Yair Lapid formar un nuevo gabinete tras el fracaso de Benjamín Netanyahu, quien emerge ahora fortalecido, incluso si se precisa realizar unas quintas elecciones generales en solo un año. Los daños no se reducen a edificios, hospitales y escuelas palestinos, sino que medran en la intensidad del odio fabricado para impedir entendimiento entre los dos pueblos y tener pretextos para no darle a quien le pertenece ni siquiera un poco de lo mucho robado. Por eso, y por la anemia internacional ante el tema, este drama no tiene cerrojos fiables con un simple y renegado cese del fuego.


Elsa Claro

 
Elsa Claro