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Publicado el 6 Mayo, 2021 por Pastor Batista en Mundo
 
 

Katrien sabe por qué adora a Cuba

En un entorno cada vez más complicado por el SARS-Cov-2, una mujer europea se sienta frente al teclado para volver a reconocer la obra humana de este pequeño país antillano cuyas enseñanzas lleva al lado izquierdo de su pecho

Texto y fotos: PASTOR BATISTA VALDÉS

Katrien, durante una visita a Las Tunas, junto al entonces niño Andy Daniel: gran amigo de Gerardo Hernández.

Katrien, durante una visita a Las Tunas, junto al entonces niño Andy Daniel: gran amigo de Gerardo Hernández.La belga Katrien Demuynck no es solo una de esas amigas, hermanas, que un buen día la vida se saca de su vientre y te entrega, personalmente, en perpetuo usufructo de sentimientos. Es mucho má: es la hija que Cuba tuvo un buen día también, allá por el viejo continente.

Acerca de ella y de su esposo pudiera escribir un racimo de cuartillas, sobre todo relacionadas con su colosal aporte, en toda Europa, para dar a conocer la verdad en torno a Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René, demostrar la inocencia de los Cinco y exigir la libertad de ellos, como verdadero ejemplo de héroes antiterroristas dentro del mismo territorio donde habían sido injustamente encarcelados: Estados Unidos.

Pero no me extenderé, al menos en esta ocasión, por los vericuetos del recuerdo, ni siquiera para detallar los abrazos, estrechones de mano, besos, sonrisas, lágrimas y otras formas hipersensibles de afecto y de reconocimiento, oficiales, gremiales, humanas, sociales, familiares… que, seguro estoy, conserva en el más cálido remanso de su inmenso pecho de mujer.

Acerca de esto último y de su permanente amor por Cuba, me obsequió, tal vez sin saberlo, una evidencia más recientemente, a bordo de uno de esos mensajes que llegan hasta tu pupila y puedes pasar el día entero sin necesidad de probar alimento alguno.

“Si no escribo -me dijo de inicio- no es porque no piense en ustedes. Les queremos mucho. Hace poco el pinareño Félix Témeres habló conmigo en Messenger. Simplemente intentando y… qué bien funcionó”.

 

Katrien sabe que Cuba sitúa al ser humano en lo más alto.

Katrien sabe que Cuba sitúa al ser humano en lo más alto.

Sin embargo, por el modo en que conozco a esa incansable activista por la paz mundial, sé que no solo se sentó frente al teclado para expresar lo anterior. Las líneas que siguieron inmediatamente a su mensaje no dejan la menor duda. Mezcla de profunda preocupación por el entorno que la envuelve allá, de inevitable comparación con la realidad cubana, de admiración hacia nuestro país y de sano orgullo, escribe:

“Felizmente me ponen la vacuna el próximo jueves y al mes, aproximadamente, la segunda. Es terrible aquí, ya vamos por 23.000 muertos en una población del tamaño de la cubana… Es horrible. Hoy tenemos casi mil pacientes en cuidados intensivos. 30% no sobrevivirán. Parece que no se trata de vidas humanas.

“Por suerte, mi familia está bien. Mis padres de 87 años recibieron hace poco la primera dosis. La segunda no será hasta junio. Mientras tanto las empresas farmacéuticas aumentan precios como si fuera nada; no cumplen los acuerdos… Ellas mandan.

¡Cuántoeur mejor están ustedes en la Revolución! Felicidades por la manera en que llevan las medidas y protegen a la población. Felicidades por las vacunas, que seguramente van a salvar la vida de cientos de miles de personas”.

No sé cuántas veces he leído desde entonces el mensaje de Katrien y siempre hallo una enseñanza nueva en su interior. No viene desde Haití, Guatemala, Honduras, Burundi, Gambia, Malawi u otro país pobre, sino de Bélgica: nación con un desarrollo y una cultura de siglos.

Solo que, esta pandemia de alcance mundial no cree en fronteras, del mismo modo que, para desgracia de la humanidad, el modo de vida capitalista no cree ni valoriza las mismas cosas que minuto a minuto sí priorizan proyectos sociales como el que desde enero de 1959 cargamos en hombro y hacemos andar los cubanos.


Pastor Batista

 
Pastor Batista