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Publicado el 23 Mayo, 2021 por Ernesto Eimil Reigosa en Mundo
 
 

ESPAÑA

Pablo Iglesias, Stalin y una broma “seria”

La polémica con la foto de Iglesias ha reavivado el debate sobre la difamación de las figuras políticas en el país ibérico y el valor noticia de algunos medios de comunicación.
Fotos de Pablo Iglesias y Stalin joven, objeto de bulos

La fotografía que ha causado tanto revuelo en España (En elespanol.com)

Por Ernesto Eimil Reigosa

El último caso de manipulación política en España ocurrió hace unos días, cuando varios medios compararon el corte de pelo y la pose del exvicepresidente del gobierno Pablo Iglesias con un cuadro del joven Stalin. Todo comenzó por una foto de Dani Gago en la que Iglesias sostenía en sus manos un libro sobre cine. Un usuario de Twitter compartió la imagen y bromeó sobre el parecido entre ambos políticos, pero su chiste fue presentado como noticia seria para desacreditar al antiguo líder del partido Unidas Podemos.

Esta no es la primera ocasión en que un bulo es utilizado en ese sentido, ni tampoco será la última. Es una práctica más sofisticada con el paso del tiempo y ampliamente empleada en el mundo. Por ello cada vez menos personas confían en los medios y en su misión de ofrecer noticias equilibradas y contrastadas. Medidas para combatir la desinformación y las fake news son exigidas desde hace tiempo por gente común e instituciones por igual. Una mejor regulación de contenidos que presenten discursos de odio podría impedir que la polarización se adueñe definitivamente del planeta.

Michael J. Abramowitz propone que en el caso de Estados Unidos, por ejemplo, se compruebe por una entidad independiente la financiación de los anuncios políticos que la ciudadanía ve en internet. La propaganda que está online, según el conocido analista estadounidense, debería decir claramente quién pagó por ella para que fuera vista y las compañías de redes sociales están en la obligación ética de exigir a los anunciantes su fuente para que así pueda ser consultada.

Pero las cosas no siempre son tan sencillas como preguntar de dónde viene el dinero. Bots, productores de propaganda y sitios de bulos explotan los algoritmos de búsqueda de las redes sociales para integrarse con información verificada y así confundir al público. Los malos usos de las herramientas tecnológicas constituyen una amenaza a la democracia y a la libertad de expresión, y sus efectos pueden variar: desde afectar el resultado de unas elecciones hasta predisponer el debate político, tal como pasó ahora en España con Iglesias, quien recientemente se retiró luego de participar en los comicios regionales de Madrid.

El supuesto mensaje oculto en la foto no resulta un hecho aislado en las polémicas que se crean alrededor de Iglesias. Según un artículo de la revista Jacobin dedicado a su abandono de la política, desde que alcanzó notoriedad pública ha sido cuestionado por fuerzas conservadoras que ven en él y lo que representa una amenaza a sus intereses personales.

Sabemos que el problema se volverá más complejo con los años. Más y más información es recolectada todos los días sobre cada persona que usa internet. Sus gustos, su información financiera, su estado de salud, sus opiniones políticas. Todo está al alcance de grupos de poder o de quien tenga las habilidades para conseguirlos. Somos más susceptibles de caer en la manipulación política y la desinformación. La libertad del futuro en gran parte podría depender de nuestra capaciadad para diferenciar los hechos de lo que es falso.


Ernesto Eimil Reigosa

 
Ernesto Eimil Reigosa