0
Publicado el 10 Mayo, 2021 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

Sin dejar a nadie atrás

Caricatura mujer india y coronavirus

(Caricatura de Jorge Sánchez de Armas)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

“Los países en vías de desarrollo por sí solos no pueden enfrentarse a esta pandemia, por lo tanto la responsabilidad fundamental está en aquellos que pueden cooperar por su desarrollo. La propagación del virus a esos países debilitará aún más un panorama macroeconómico ya frágil (…) Además, en algunos de esos países es difícil aplicar las normas de higiene y saneamiento necesarias y las medidas de distanciamiento social (…)”. En www.alainet.org puede encontrarse este artículo, del doctor Mario Padilla Torres, del 30 de junio del año pasado pero todavía con plena vigencia.

Los más pobres sufren la crudeza del capitalismo y la avaricia actual es pasmosa, aunque data del mismo momento en que el propio ser humano se convirtió en mercancía. Después de eso todo fue posible. No es de extrañar, entonces, la guerra por las vacunas, ni que a los boletos de avión en la India las empresas privadas les hayan aumentado el precio tras el último y trágico repunte de covid-19, haciendo posible su compra únicamente para los privilegiados del ascenso económico del país asiático. Y mucho menos asombra la racista política de Tel Aviv contra los palestinos, en contraste con el alabado programa israelí de inmunización.

La principal enseñanza de esta pandemia es que la vacunación no puede circunscribirse a cotos cerrados de países pudientes porque nadie estará a salvo, debido a la interconexión comercial, económica, tecnológica y hasta política del siglo XXI, similar a un divertido juego de niños: cuando se colocan levantadas las fichas de dominó una tras otra en una larga fila y con el dedo se empuja a la primera, toda la serie cae completa.

Desde el siglo XVIII floreció el pensamiento teórico socialista, iniciado por Saint-Simón. Tras años de luchas sociales de intelectuales revolucionarios y comunistas, el socialismo prendió en el ánimo popular haciéndose cuerpo, lo cual lleva a pensar que eso obligó y motivó a la humanidad a revaluar la supuesta sostenibilidad de la idea de que todo es vendible. Hay que admitir entonces nuevos cambios, asociados primeramente a la comunidad científica, que en labor admirable ha tenido listas en tiempo récord varias vacunas. Después, los organismos internacionales, con la ONU al frente y varios “filántropos”, han aunado esfuerzos para impulsar masivas campañas solidarias de vacunación.

En esta época horrorosa también “florecen” propuestas bienhechoras: ahí está COVAX, mancomunada entre la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI), la Alianza Global para la Vacunación e Inmunización (GAVI) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Su objetivo es inmunizar al 20 por ciento de la población mundial en 2021, incluyendo a los de recursos medios y escasos. Lo va logrando, pero con excesivas trabas. Tantas que, en abril, Tedros Adhanom Ghebreyesus, director General de la OMS, en la Reunión Ministerial Extraordinaria “Una vacuna para todos”, alentó a la comunidad planetaria a colaborar en el empeño y a combinar medidas adaptadas, ágiles y basadas en la evidencia, con vigilancia, realización de pruebas, el rastreo de contactos, la cuarentena solidaria y la atención compasiva. Asimismo, dijo: “y debemos seguir animando a las personas a tomar precauciones personales para mantenerse a salvo a sí mismas y a los demás: distanciamiento físico, mascarillas, higiene de manos y ventilación. La respuesta en su conjunto debe ser cosa de todos”.

Caso India

Llamamiento nada fácil en todos lados. Tal como lo planteó el especialista cubano del Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI) Padilla Torres: “en algunos de esos países es difícil aplicar las normas de higiene y saneamiento necesarias y las medidas de distanciamiento social”. Esa es la India. La recesión por covid-19 disparó allí la pobreza en 75 millones de personas.

Vacunación estatal hay, mas aun así el pueblo indio afronta una aceleración descontrolada de contagios diarios, de hasta tres mil. Lo de principios de mayo ha sido apoteósico. El Ministerio de Salud y Bienestar Familiar informó que desde el inicio del coronavirus han muerto más de 200 mil personas y se han infestado más de 19 millones, con lo que la nación se coloca en segundo puesto a nivel global. El Gobierno de Nueva Delhi ha asegurado que se disponen de 18 millones de vacunas y otras están en camino (The Times of India). Ahora el problema de gran magnitud es la falta de balones de oxígeno medicinal. Adquiridos incluso a través de las redes sociales por la propia gente, debido al colapso del sistema sanitario. Pero la esperanza y ayuda también llegan del extranjero: la vecina Pakistán, a pesar de las rivalidades históricas, ha hecho donativos. Del Reino Unido, al cierre de esta edición, llegaban 60 ventiladores pulmonares. Desde Italia se envió una planta de producción de oxígeno y 20 ventiladores.

Caso palestino
El colonialismo israelí lanza a los palestinos a la calle. (www.unocha.org)

El colonialismo israelí lanza a los palestinos a la calle. (Foto en unocha.org)

Al régimen sionista israelí le importa muy poco si la covid golpea fuerte al pueblo palestino. La Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) ha mostrado preocupación por las amenazas de desahucio sobre más de 70 familias de Jerusalén Este, traslados estrictamente prohibidos bajo el Derecho Internacional. Este 2 de mayo se repitió similar orden sin considerar la exposición al contagio. Y eso vulnera la seguridad sanitaria de los palestinos. Sin dudas el académico británico Hellyer tiene razón al decir que la nación agredida sufre “apartheid”.

La llamada “ola”, en febrero de 2021, tuvo 20 mil casos activos, que laceró todavía más a los 80 hospitales de Cisjordania, tan pobremente equipados. La franja de Gaza no lo tiene mejor con sus 1, 7 camas por cada mil habitantes. No obstante la práctica genocida, culpable de esas necesidades, la solidaridad se impone: 10 mil dosis de Sputnik V llegaron de Rusia y dos millones de AstraZeneca de Gran Bretaña. Por otra parte, COVAX aseguró, en marzo, que 20 por ciento de los palestinos serían vacunados.

En aquel momento, el sitio web El Orden Mundial, apoyándose en otros medios de prensa, planteó una duda razonable: la de si Israel iba a colaborar, ya que las vacunas llegarían a sus aeropuertos, “lo cual puede retrasar aún más su distribución en los territorios palestinos”. Más recientemente EiTB Medias reportó 500 contagios diarios, lo cual contrasta con la vida en Israel, cuyos ciudadanos ya pueden andar sin mascarillas al aire libre, gracias a un programa de inmunización beneficioso incluso para los 120 mil trabajadores palestinos empleados en el Estado sionista o en las tierras adueñadas ilegalmente. Tel Aviv tiene responsabilidades como potencia ocupante de una mayor contribución a la vacunación de palestinos. Lo exige la ONU. Y lo hace, sí, muy, muy lentamente.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda