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Publicado el 24 Mayo, 2021 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

ÁFRICA

Un lugar a donde va a parar todo lo viejo

Décadas de ajustes estructurales han dejado a los países africanos vulnerables a los “regalos” llegados de afuera, incluso si estos fueran basura. China ofrece otro trato
En Ghana, por trabajar con la basura tecnológica se obtienen unos 3.5 dólares diarios. (Foto en elmundo.uecdn.es)

En Ghana, por trabajar con la basura tecnológica se obtienen unos 3.5 dólares diarios. (Foto en elmundo.uecdn.es)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Hace rato que el mundo se juega la existencia, pero hay algunos lugares de la Tierra más perjudicados que otros. Antes de abordar la denuncia central de este artículo, quisiera ilustrar con una situación general que por derivación sirve para la región africana. Desde el 21 de febrero, los lectores ávidos de conmociones fuertes tienen una nueva oportunidad: CountDown, que en español se traduce como Cuenta Regresiva. La autora del libro es una destacada epidemióloga y profesora de medicina ambiental de los Estados Unidos, Shanna Swann. En sus casi 300 páginas brinda elementos científicos sobre un nefasto escenario: ¡para 2045 el planeta puede llegar a ser infértil!

Lecturas escépticas hay más de una; sin embargo, la doctora sostiene que los niveles de espermatozoides disminuirán, habrá una insuficiencia ovárica prematura y hasta puede haber abortos

espontáneos. ¿Por qué? Simple. Por los productos químicos que cada día utilizamos sin miramientos e in crescendo. Su investigación gira alrededor de los ftalatos, usados en la industria del plástico para aumentar su flexibilidad. “Están en todo el mundo y probablemente estemos expuestos a través de los alimentos, ya que utilizamos plástico blando en la fabricación, procesamiento y envasado de alimentos”, señaló la Swann al diario inglés The Guardian.

Tal afirmación me recordó otro tipo de denuncia con casi similar implicación catastrófica. En las redes sociales, la italiana Jelena Bosnjakovic dejaba su huella sensible por lo visto en Agbogbloshie, el vertedero de basura electrónica más grande del mundo, ubicado en el centro de Accra, la capital de Ghana. Esta joven activista llamaba a la Unión Europea (UE) a sacudirse los antiguos hábitos colonialistas y dejar de exportar ilegalmente cosas inservibles al continente africano y a que, además, los gobiernos locales asuman mayores responsabilidades para con sus pueblos. “En esa llanura desolada donde el cielo de repente es gris y no crece nada, hay personas, incluidos menores, que trabajan allí y queman todo el tiempo la basura para recuperar los materiales valiosos o los objetos que se podrían reutilizar. Viven de eso”.

Semejante fenómeno no pasa inadvertido. A tal punto que la Universidad Central de Ghana efectuó un estudio social, liderado por el profesor Martin Oteng-Ababio, el cual corroboró la percepción de la activista italiana. En el país africano la recuperación de metales valiosos genera individualmente ingresos de unos 3.5 dólares diarios, casi dos veces y medio el sueldo diario de un trabajador medio allí. Por su parte, Lovelace Sarpong, miembro de la Agencia de Protección del Medio Ambiente ghanesa, afirma que “la basura tecnológica no está oficialmente aceptada por el Gobierno, que intenta prevenir que la chatarra venga a través de los contenedores, pero abrirlos todos y sacar cada cosa para verificarlo es difícil porque desde la UE salen hacia África cada año 352 000 toneladas de residuos tóxicos”.

Así que por lo pronto se trata de buscar un paliativo: la agencia alemana de desarrollo GIZ y el Ministerio de Medio Ambiente de Ghana han unido empeños para mejorar las condiciones de trabajo de los recolectores de residuos y proteger el medioambiente. Por fortuna, una pléyade de dirigentes africanos intentan dejar atrás el

pasado y ahora diseñan un mejor horizonte, asociados con la República Popular China (RPCH). Otros han decidido luchar por que sus “socios” les respeten y no les envíen más baratijas.

De momento este problema se prolonga en el tiempo, y lo que la italiana Jelena denunció sobre Agbogbloshie continúa tomándose como referencia, ya que su dimensión es colosal (equivalente a la de once campos de fútbol), con un elevado nivel de materiales concentrados, a los que se les saca el mayor valor posible. Luego se queman en fogatas, liberando polvo y humos contaminantes, sobre todo el cloruro de polivinilo, más conocido como PVC. También se ha comprobado que la concentración de plomo en el suelo llega a sobrepasar mil veces la cota máxima de tolerancia. El costo ambiental ha sido inmenso: la contaminación del agua y la tierra exterminó en menos de una década toda la biodiversidad de la zona. Y qué decir de los seres humanos, atacados por enfermedades respiratorias agudas y hasta cancerígenas.

Evidencias sobre residuos inutilizables
Mujer africana, ciencia. África necesita inversiones en la ciencia. Las Naciones Unidas ofrecen capacitación. (Foto en www.un.org)

África necesita inversiones en la ciencia. Las Naciones Unidas ofrecen capacitación. (Foto en www.un.org)

No obstante, tampoco hay que llamarse a engaño, la nueva relación entre africanos y chinos dista de resultar idílica, ya que muchos empresarios privados del gigante asiático incurren en la condenada fechoría de también enviar materiales medianamente utilizables, a pesar de que la voluntad política del Gobierno sea la de promover una cooperación sana y provechosa para las partes. De cualquier manera, hay organizaciones no gubernamentales ecologistas que indican que la chatarra depurada por los africanos procede mayoritariamente de los Estados Unidos y de la Unión Europea. Estos grupos vienen exigiendo un cambio de paradigma, porque aseguran que esos vertidos pueden dejar huellas en la sangre, lo que ha quedado demostrado después de una serie de estudios científicos publicados por investigadores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, y difundidos por Internet.

El asunto es como para asustarse y actuar en consecuencia: el informe de Global E-waste Monitor 2017, de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU), de conjunto con el International Telecommunication Union (ITU) y el International Solid Waste Association (ISWA), llegó a la conclusión de que el mundo debía pensar qué hacer con los 45 millones de toneladas de basura electrónica, a los que se les añadirían exponencialmente más y más. Para este año calcularon unos 50 millones. Según la UNU, el paradero de casi 80 por ciento de los residuos electrónicos producidos en todo el mundo en 2016 quedó desconocido o no

reportado. Y entonces ¿desapareció solo ese volumen? No, viajó a África. Y he aquí un problema irresuelto: la Universidad de la ONU explica que, en el caso de los residuos electrónicos, la distinción entre si algo es basura o un objeto de segunda mano es un debate de larga data. Lo cual considero es muy conveniente para “aliviar” conciencias y así poder regalar o vender a precio de ganga “cositas” viejas al Tercer Mundo. Al estilo de feria de barrio.

Vanessa Forti, coautora del informe de la UNU, afirma que esta indeterminación favorece tráficos ilegales de residuos electrónicos, exportados bajo la etiqueta de “reutilizables” cuando en realidad no lo son. Tan temprano como 2012, un grupo de científicos ambientalistas de la Unión Europea estimó que desde allí se mandaron hacia África, de forma indocumentada, 1.3 millones de toneladas de productos electrónicos desechados y, de ellos, el 30 por ciento fueron residuos inservibles, sin una segunda oportunidad.

Más recientemente, el 29 de junio de 2020, la Agencia Española de Noticias EFE informó que en las Islas de Tenerife y Gran Canaria un operativo de la Guardia Civil desarticuló una red que durante años había logrado introducir en África casi 2 500

toneladas de basura tecnológica y otros residuos catalogados como peligrosos. Esta organización delictiva había logrado en 2019 hacer 138 traslados de “mercancías” a distintos países del continente africano, como Senegal, Ghana, Gambia, Togo, Benín, Guinea Conakry, Sierra Leona y Nigeria, amparados en varios tipos de certificados falsos, expendidos por funcionarios corruptos.

Asociación de nuevo tipo
En la actualidad hay 1 673 proyectos chinos en el continente africano. (asianews.it)

En la actualidad hay 1 673 proyectos chinos en el continente africano. (asianews.it)

Cuando a alguien se les “regalan cositas viejas” que contaminan y matan es precisamente porque se le considera inferior. Aun independiente y soberana, África padece todavía de ese estigma. Por eso es explicable el éxito de la política exterior de la República Popular China en todo el continente. El gigante asiático ha reorientado y reforzado la relación Sur-Sur, basada en la solidaridad de acuerdo con la filosofía del tricontinentalismo (África, Asia y América Latina), que inspiró la Conferencia de Bandung, en 1955.

Y si bien es cierto que sus intereses están claramente definidos alrededor de la inestimable materia prima de la región, en especial del área subsahariana, ha proporcionado enormes oportunidades económicas, siendo así que sus inversiones ayudan a diversificar

sueños y posibilidades de pueblos avasallados y engañados. Si bien se registran críticas en torno a este modo de proceder, al que ciertos expertos llaman “deslocalización del capital” o “nuevo neocolonialismo”, lo cierto es que para África ha significado mucho. Por ejemplo, en Nigeria ha establecido dos zonas de libre comercio, donde el ramo textil emplea a un número elevado de mujeres. Mientras que en Angola ha desarrollado plantas de fabricación de automóviles. Sus apuestas por la producción de biocombustibles en el Congo y en Zambia están contribuyendo a diversificar la producción agrícola africana.

El despliegue solidario redunda en mejor calidad de vida y pudiera evitar que esos países vayan a estar tan desesperados como para aceptar trastos viejos que contaminan. Por el contrario, Beijing ha establecido una serie de institutos Confucio, no solo con fines culturales, sino también formativos con vistas a los recursos humanos y a la tan necesaria transferencia de tecnología. Aquí se destaca la Huawei Technologies, tan perseguida por los yanquis y por Donald Trump. Tras el suministro de equipos digitales de China, los costos de telefonía fija han disminuido y la telefonía móvil se ha vuelto más accesible. Además, el financiamiento

proveniente de la milenaria nación ha contribuido a cerrar el déficit de infraestructura, reduciendo los costos de hacer negocios y facilitando el comercio y contribuyendo a que los bienes y servicios locales sean más baratos.

Cuando reciben asistencia, cuando son tratados como iguales, cuando no se les engaña y, por el contrario, se les habla claro en el esquema ganar-ganar, los pueblos valoran lo que valen. La realidad es un poliedro y no una moneda de dos caras, por eso subsisten asuntos sumamente álgidos, como el basurero electrónico de Agbogbloshie: la falta de una definición legal sobre qué es contaminante y la ausencia de una moralidad que trace una frontera entre “regalar” algo reutilizable y productos de alta toxicidad. Ajustemos el reloj despojándonos del complejo de superioridad hacia África, cuna de la humanidad, no vertedero del mundo. Estamos en cuenta regresiva: ¡2045 no está tan lejos!


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda