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Publicado el 29 Septiembre, 2021 por Prensa Latina en Mundo
 
 

Hambre y desperdicio de alimentos, macabra paradoja

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Por Silvia Martínez

Hambre y desperdicio de alimentos. Unos botan a la basura y otros recogen de ella para comer

Foto en Prensa Latina

Roma, 29 sep (Prensa Latina) Cuando más de 800 millones de personas sufren hambre crónica en el mundo, un tercio de los alimentos producidos son arrojados a la basura con el consecuente daño económico, social y ambiental.

El 14 por ciento de las cosechas se pierden antes de llegar al mercado, reveló el informe Índice de desperdicio de alimentos en 2021, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), según el cual el volumen de comida pérdida por ese concepto ascendió a 931 millones de toneladas en 2019.

Ello quiere decir que el 17 por ciento de la producción total nunca cumplió el objetivo para el cual fue concebido, en el 61 por ciento de los casos por situaciones en los hogares, 26 por ciento en los servicios de restauración alimentaria y el 13 por ciento restante en el comercio y pequeños almacenes.

La investigación realizada por el organismo de la ONU, en base a una muestra de 54 países, comprobó que la proporción de residuos en el ámbito doméstico son similares en naciones con ingresos alto, medio alto y medio bajo.

‘Detenga la pérdida y el desperdicio de alimentos. Para la gente. Por el planeta’ es el tema central de la celebración este año liderada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Pnuma.

Una oportunidad, indican ambas instituciones, de llamar a la acción tanto al público como al sector privado, para priorizar acciones y avanzar con innovación con vistas a reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos como forma de restaurar y reconstruir sistemas alimentarios mejores y preparados para la resiliencia.

La celebración tiene este 29 de septiembre la particularidad de su cercanía con la 26 conferencia de las partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), del 1 al 12 de noviembre en la ciudad de Glasgow, Escocia, enfocada a promover acciones asociadas al cambio climático y la urgencia de transformar los sistemas alimentarios.

Los alimentos se dilapidan en toda la cadena de suministros, desde la producción inicial hasta el consumo final en los hogares y llevan aparejadas pérdidas de mano de obra, energía, tierra y hasta otros importantes insumos del proceso de elaboración.

Investigaciones de ONU indican que ese derroche es responsable del siete por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y casi el 30 por ciento de la tierra son destinadas a producir alimentos que nunca serán consumidos.

Datos del Programa Mundial de Alimentos señalan, asimismo, que las tasas más altas de pérdidas corresponden a frutas y hortalizas, raíces y tubérculos, entre 40 y 50 por ciento de la producción; los cereales 30 por ciento; cárnicos y productos lácteos con 20 y 35 por ciento del pescado.

Para esa institución, ello ocurre tanto en países subdesarrollados como en industrializados, durante procesos y causas diferentes, pero también comunes.

En los primeros el derroche sucede básicamente en las primeras etapas y en la fase intermedia de la cadena de suministros, marcado tanto por ausencia de tecnología y de conocimientos como por los castigos constantes del cambio climático.

Mientras, en las naciones ricas o de renta apreciable el derroche transcurre en la última etapa del proceso e incluso en momentos cuando todavía los alimentos son adecuados para el consumo humano.

En uno y otro por igual sucede con cierta frecuencia que cultivadores e intermediarios se abstienen de distribuir la cosecha para asegurar precios altos, en tanto distribuidores mayoristas y transportadores de igual modo manejan con regularidad a su antojo el flujo de la oferta y la demanda.

Ello acontece también cuando el lugar de la cosecha o la producción está muy distante del mercado, lo cual encarece notablemente la mercancía y es más difícil para las personas de bajos ingresos acceder a ellas.

Algunos estudios de la ONU indican cómo los acuerdos de venta entre agricultores y compradores contribuyen al desperdicio de numerosos cultivos agrícolas, pues algunos alimentos se desechan ante estándares de calidad que los rechazan cuando carecen de una forma o apariencia perfectas.

Los desperdicios se originan también por la falta de planificación al hacer las compras, por el conocido ‘consumir antes de’, en referencia a la fecha de vencimiento, además de la actitud de determinadas personas que pueden darse el lujo de tirar la comida.

Entre las muchas propuestas en torno al tema está la de sancionar a quienes en la cadena de suministros lucran con las pérdidas, por el desabastecimiento o el acaparamiento como maneras de manejar el mercado a su conveniencia.

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