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Publicado el 2 Septiembre, 2021 por Prensa Latina en Mundo
 
 

La bomba de Afganistán le explotó en las manos a Biden

La imagen de eficacia del gobierno demócrata se fue al traste con la retirada atropellada y a la carrera del país centroasiático, donde dejaron en el poder a los mismos que fueron a derrocar 20 años atrás en nombre de la cruzada contra el terror
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Biden angustiado

Foto en Prensa Latina

Washington, 2 sep (Prensa Latina) Afganistán es una bomba que en pleno agosto le explotó a Joe Biden en las manos y las esquirlas lesionan hoy su aún incipiente presidencia en Estados Unidos.

La imagen de eficacia del gobierno demócrata se fue al traste con la retirada atropellada y a la carrera del país centroasiático, donde dejaron en el poder a los mismos que fueron a derrocar 20 años atrás en nombre de la cruzada contra el terror.

El fin de la guerra más larga no acabó con la gloria para su agenda de política exterior como esperaba el mandatario, y sí resultó un fracaso en todos los sentidos, no solo por la forma en que humillantemente salieron las tropas del suelo afgano, similar a la huida de Saigón en 1975 cuando Estados Unidos perdió la guerra en Vietnam.

Tampoco lograron la gobernabilidad que pretendió imponer Washington ni pudieron reconstruir aquella nación, objetivo en el cual dilapidaron miles de millones de dólares de los contribuyentes estadounidenses.

Además el costo humano de dos décadas de conflicto que cegó unas 240 mil vidas entre los afganos, en su mayoría civiles, provocó millones de personas desplazadas o refugiadas, y causó la muerte a dos mil 400 efectivos del Pentágono, sin contar las bajas de la fuerzas aliadas.

El repliegue deja además un país devastado y en ruinas, con una crisis humanitaria de la que hablan los organismos de la ONU y la incertidumbre sobre qué futuro depara a ese pueblo, en particular a las mujeres, quienes sufrieron el fundamentalismo extremo que caracterizó el gobierno de los talibanes entre 1996-2001.

Aunque la partida de Afganistán estaba planteada ya en 2014 por el entonces presidente Barack Obama y luego pactada por Donald Trump en un acuerdo concretado con los talibanes en Doha, Qatar, es cierto que Biden no pasará la guerra a un quinto ocupante de la Oficina Oval, pero sí será el rostro del desastre.

A principios del año pasado, el representante Kevin McCarthy de California, líder de la minoría de la Cámara de Representantes, elogió el acuerdo de Trump como ‘un paso positivo’, recordó el diario The New York Times.

Como secretario de Estado, Mike Pompeo, ayudó a negociar ese pacto con los talibanes y el senador Josh Hawley, de Missouri, presionó en noviembre para que el retorno fuera lo antes posible.

Pero cuando los últimos días de los estadounidenses en suelo afgano se transformaron en una frenética carrera contra el tiempo para sacar a más de 125 mil personas y un bombazo suicida en las afueras del aeropuerto de Kabul trajo de vuelta a 13 soldados en féretros las opiniones variaron.

McCarthy, Pompeo y Hawley se encuentran ahora entre las voces de prominentes republicanos que quieren que la cabeza de Biden ruede incluso cuando no hizo más que cumplir la promesa de Trump.

Apenas el pasado 8 de julio, Biden afirmó que la salida de Afganistán se estaba haciendo de forma ‘segura y ordenada’ y, afortunadamente, sin bajas, y mostró confianza en que el gobierno de Kabul, ahora en el exilio, y su ejército entrenado por los militares del Pentágono, podrían frenar a los insurgentes.

Al gobernante no le quedó más que admitir públicamente a mediados de agosto, cuando ya era evidente el triunfo del grupo armado, que los acontecimientos se precipitaron ‘más rápido de lo que anticipamos’.

‘Todos vimos esas estimaciones de plazos -en julio- de que el gobierno afgano duraría entre seis y nueve meses después de la retirada, pero a principios de agosto, pasó a ser de 30 a 90 días después del 31 de agosto. Ni siquiera llegamos al 15 de agosto’, expresó a modo de crítica el representante Peter Meijer, republicano de Michigan.

De hecho, algunos demócratas en estados y distritos indecisos toman distancia de esa partida ‘caótica y a la carrera’ y se están reuniendo con asesores de campaña para ver cómo manejar lo que consideran un revés.

La representante Susan Wild (demócrata de Pensilvania) dijo en un comunicado que ‘hace mucho tiempo’ era necesario poner fin a la presencia militar de Estados Unidos en Afganistán, pero ‘parece que el proceso de evacuación ha sido atrozmente mal gestionado’.

También en una carta abierta, 90 militares retirados de alto rango demandaron este lunes la dimisión del secretario de Defensa Lloyd Austin y del jefe del Estado Mayor Conjunto, Mark Milley, por la ‘catastrófica retirada’.

Consecuencia de Afganistán y otros fantasmas, a Biden lo azotan ahora las bajas notas. Su popularidad se desplomó 10 puntos porcentuales, está sobre el 41 por ciento, según reveló una encuesta de USAToday/ Universidad de Suffolk y esas grietas podrían suponer un problema para los demócratas en las elecciones de mitad de mandato de 2022.

Aunque, Biden, un veterano en Washington –cuando iba a cumplir los 30 años fue elegido como senador- calcula que es en lo doméstico donde se juegan el prestigio y los votos.

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