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Publicado el 4 Octubre, 2021 por Ernesto Eimil Reigosa en Mundo
 
 

Francia-EE.UU.

Juegos de fuerza en el Pacífico

El fallido acuerdo de París para proveer de submarinos convencionales a Australia levanta en el país galo cuestionamientos sobre si todavía se consideran una potencia mundial, cuando la correlación de poder y las alianzas entre naciones han llegado a una nueva etapa
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Presidentes del Aukus (siglas en inglés de Australia, Reino Unido y Estados Unidos); en la foto se lee: “Acuerdo de Seguridad Trilateral” (www.jagranjosh.com)

Presidentes del Aukus (siglas en inglés de Australia, Reino Unido y Estados Unidos); en la foto se lee: “Acuerdo de Seguridad Trilateral” (www.jagranjosh.com)

Por Ernesto Eimil Reigosa

Sylvie Kauffmann, directora editorial de Le Monde, quizá avizoró un conflicto diplomático de proporciones imprevistas cuando escribió en un artículo de opinión, hace algunos días, que la disputa entre los Estados Unidos y Francia por los submarinos nucleares no era simple berrinche, sino una crisis con todas las letras. El silencio y aparente conformismo de París ante el tema, luego de una respuesta inicial airada, hace cuestionable el argumento de Kauffmann. Sin embargo, lo cierto es que las formas de la política no suelen ser evidentes, mucho menos cuando los hechos ponen en duda la unidad de Occidente.

Todo comenzó el 15 de septiembre, cuando se dio a conocer un nuevo acuerdo entre EE.UU., el Reino Unido y Australia, que proporcionaría a este último país submarinos nucleares. Dicho contrato dejó a las autoridades francesas molestas y sorprendidas. No solo porque los australianos cancelaran el que tenían firmado con los franceses desde 2016: la construcción de 12 de estas máquinas eléctricas de propulsión con diésel, que incluía la transferencia de tecnología, causándoles pérdidas millonarias a los galos.

Submarino francés (www.france24.com)

Submarino francés (www.france24.com)

Políticos de ese país han afirmado sentirse atónitos. Aducen que aliados cercanos no han sido del todo honestos con su país al negociar a sus espaldas. “El sentimiento de traición”, escribe Kauffmann, “es tan agudo que el presidente Macron, de forma sorprendente, ha decidido no dar declaraciones, dejando la manifestación de la rabia colectiva en su usualmente callado ministro de Relaciones Exteriores, Jean-Yves Le Drian. Este, al ser preguntado en televisión acerca de si el comportamiento del presidente Biden le recordaba al de su predecesor, dijo que sí, pero “sin los tweets”.

El enfrentamiento, asegura la editora jefa de Le Monde, no tiene tanto que ver con humillación ni con los dañados egos franceses. “Esta bomba diplomática ha expuesto las reglas no escritas de los juegos de poder entre naciones, en los cuales Francia no puede participar a no ser que cuente con el respaldo de la Unión Europea. Lo sucedido demuestra cómo se define la geopolítica del siglo XXI y el brutal ajuste de viejas alianzas a nuevas realidades”.

La respuesta administrativa de los galos fue retirar a sus embajadores de Washington y Canberra, canceló eventos y llamó a sus socios europeos a invertir en defensa. En respuesta, Biden prometió hacerle una llamada telefónica mientras que el primer ministro británico, Boris Johnson, expresó su inerradicable amor por Francia y el viceprimer ministro australiano Barnaby Joyce mencionó la cantidad de compatriotas suyos muertos en el Viejo Continente durante la II Guerra Mundial.

A pesar de todo esto, el silencio ensordecedor del resto de países del bloque en el asunto solo confirma que la furia francesa es más simbólica que otra cosa. En el centro del continente, Alemania ha estado envuelta en elecciones generales y los candidatos más importantes no se pronunciaron sobre los submarinos ni sobre geopolítica. Por su parte, el primer ministro de Países Bajos, Mark Rutte, promovió su visita a Londres como una prueba del fortalecimiento de la relación con una de las naciones del llamado “Aukus” (pacto de seguridad entre los Estados Unidos, Reino Unido y Australia, que dejó en entredicho el Tratado del Atlántico Norte).

La posición que han tomado los miembros de la UE tiende a ignorar el alto valor estratégico que históricamente París ha otorgado a lo que se llamó “el contrato del siglo”. El acuerdo ponía a Australia junto a la India como los mayores socios franceses en una región muy importante para ellos, donde pensaban convertirse en un factor estabilizador y en donde tienen más de 7 mil soldados y 1,5 millones de ciudadanos en territorios de ultramar. No es un hecho casual: a principios de año, Francia envió un submarino al Mar del Sur de China, describiendo la misión como un ejemplo de fuerza y colaboración entre aliados.

En juego está un reordenamiento de las fuerzas en la región. Según el ensayista Lionel Laurent, la política exterior norteamericana ha irrumpido en la zona con la misma consideración por sus aliados como la que tuvo en la “desastrosa retirada de Afganistán. El orden mundial está cambiando. Los países de habla inglesa, apoyados en Five Eyes (red de cooperación e intercambio de inteligencia entre Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Nueva Zelanda y Australia), se está reagrupando en el Pacífico Sur”. Eso, de acuerdo con Laurent, no deja espacio a los europeos continentales, por mucho que todos tengan los mismos intereses.

Con dudas sobre el compromiso de algunos de sus compañeros en la UE, los franceses tratarán de proponer una Europa más autónoma y soberana, un bloque con mayor capacidad militar y diplomática. La ilusión de que la relación de los galos con EE.UU. sea más balanceada y equitativa bajo la administración de Biden probablemente ya está perdida. “Aliados, pero no alineados”, puntualiza Sylvie Kauffmann.

Lo más probable es que las negociaciones francesas con Australia se hayan golpeado contra un muro, como también un acuerdo tecnológico entre los Estados Unidos y la UE. No se debe olvidar tampoco las crecientes tensiones que ha traído el Brexit, las cuales, mirando los recientes problemas de desabastecimiento en el Reino Unido, probablemente aumenten. Aunque lo cierto es que nada de esto hará que la Casa Blanca pierda el sueño, pues sus inquilinos están más concentrados, según Laurent, en “concebir una política exterior que le puedan vender a la clase media estadounidense”.

El factor China será una prueba importante de si Francia tiene realmente la voluntad y la habilidad para agrupar aliados a su candidatura de potencia mundial renovada. La Unión se ha caracterizado en los últimos tiempos por ser más ambigua con respecto a Pekín que los Estados Unidos. Un análisis del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores descubrió que varios de los países más importantes del bloque, en lo relacionado con la región Indo-Pacífico, han considerado al gigante asiático más como un socio que como un rival.

Parece que fue hace mucho tiempo aquella publicitada reunión de Biden con sus aliados de la OTAN en junio, en Bruselas, donde todo fue sonrisas y calidez de cara a la prensa. Entonces, a petición del mandatario estadounidense, varios líderes estuvieron de acuerdo en declarar a China un “riesgo de seguridad”, a pesar de la objeción de alemanes y franceses de que el asunto chino no era parte de la agenda de la reunión. Ahora, con el interés de responder aquel gesto, Francia ha sido echada a un lado, donde espera recuperar una importancia que probablemente no vuelva a tener.

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Ernesto Eimil Reigosa

 
Ernesto Eimil Reigosa