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Publicado el 5 Octubre, 2021 por Prensa Latina en Mundo
 
 

Terrorismo contra Cuba y sus heridas abiertas

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Por Orlando Oramas León (*)

Cuba, crimen de Barbados

Fotos en Prensa Latina

El crimen de Barbados resulta de esas heridas abiertas por el terrorismo desatado contra Cuba desde Estados Unidos, cuyo gobierno tiene a la isla caribeña en una lista de países promotores de ese flagelo, cínica paradoja.

Así lo creen cubanos de varias generaciones, marcados por aquellas cuatro palabras que resonaron el 6 de octubre de 1976 en la cabina del vuelo 455 de Cubana de Aviación que despegó de Barbados rumbo a Jamaica.

áPégate al agua, Felo!, fue la apelación angustiosa mientras el piloto Wilfredo Pérez intentaba en vano sostener en vuelo al DC-8, herido de muerte por dos explosiones provocadas por manos mercenarias.

¡Tenemos una explosión a bordo, estamos descendiendo inmediatamente! áTenemos fuego a bordo! áSolicitamos aterrizar de inmediato!, clamaba el capitán Pérez a la torre del aeropuerto barbadense de Seawell, adonde no pudo retornar.

Murieron 73 personas, todos los que iban a bordo: cubanos, guyaneses y coreanos. Pero la de Barbados, hace hoy 45 años, no fue la más mortífera de las embestidas criminales contra la Cuba revolucionaria.

PRIMERAS ACCIONES TERRORISTAS

Una de las primeras acciones terroristas del Gobierno de Estados Unidos tuvo un carácter monstruoso. Agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) sabotearon el buque francés La Coubre que transportaba armamentos y municiones adquiridos por el Gobierno revolucionario.

Dos explosiones, que desataron el caos y la muerte en el puerto de La Habana. La segunda de las detonaciones ocurrió cuando decenas de personas acudían al rescate de las víctimas de la primera deflagración. Pasó en fecha tan temprana como el 4 de marzo de 1960.

Aquel día murieron 101 personas, entre ellas seis marinos franceses. Otros centenares resultaron heridos.

Ya para entonces el terrorismo formaba parte de las políticas de Estados Unidos. El propósito era doblegar al pueblo cubano, protagonista de la Revolución que triunfó el 1 de enero de 1959 bajo la conducción del líder Fidel Castro, quien sobrevivió a cientos de planes de atentados.

El Senado de Estados Unidos investigó y comprobó al menos ocho de esas conspiraciones, que según la Seguridad del Estado cubano sumaron más de 600 en al menos 40 años.

MODALIDADES PRINCIPALES

Las modalidades principales de la guerra terrorista contra Cuba fueron el sabotaje o destrucción de objetivos civiles; ataques piratas contra instalaciones costeras, naves mercantes y embarcaciones pesqueras; atentados contra instalaciones y personal cubano en el exterior, incluidas sedes diplomáticas, oficinas de aviación y aeronaves.

Para ello las autoridades estadounidenses, de forma encubierta o pública, financiaron la instigación constante a través de emisoras de radio y televisión para la ejecución de actos de tal naturaleza, incluidas las formas de realizarlos contra centros de producción y servicios.

Cuba también fue blanco del terrorismo biológico que tuvo en el colimador a cultivos e incluso a la población. Así ocurrió con la epidemia de dengue hemorrágico introducida en la isla en 1981 con saldo de 158 fallecidos, de ellos 101 niños.

El modus operandi fue aprobado el 17 de marzo de 1960 por el presidente Dwight D. Eisenhower (1953-1961), quien dio luz verde a un programa de acción encubierta contra Cuba, entonces secreto, y cuyo documento ya desclasificado precisaba:

‘El método para lograr este fin consistirá en incitar, apoyar y, en lo posible, dirigir la acción, dentro y fuera de Cuba, por parte de grupos selectos de cubanos que pudieran realizar cualquier misión por iniciativa propia’.

Tales’ grupos selectos’ fueron los que incendiaron el 13 de abril de 1961 El Encanto, la mayor tienda por departamentos del país y donde murió una de sus empleadas.

El 30 de noviembre de ese año el presidente John F. Kennedy (1961-1963) aprobó el denominado ‘Proyecto Cuba’. En los 14 meses posteriores la isla caribeña sufrió cinco mil 780 acciones terroristas, incluidos 716 sabotajes contra instalaciones industriales.

La CIA tuvo un rol protagónico en tales menesteres, enseñó a poner bombas a Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, los responsables principales del crimen de Barbados. Vivieron hasta el último de sus días en Miami y no pagaron por sus crímenes.

Posada incluso dirigió la ola de atentados explosivos que afectaron instalaciones turísticas en Cuba en 1997. Aquellos ataques, que provocaron la muerte del joven italiano Fabio Di Celmo, estaban ordenados y pagados por la Fundación Nacional Cubano Americana desde Miami.

En 1999 la justicia cubana encontró culpable al gobierno de Estados Unidos por la muerte de de tres mil 478 nacionales y provocar lesiones que incapacitaron a otros dos mil 99. Todos fueron víctimas de actos terroristas.

PARADOJA INACEPTABLE

Resulta toda una paradoja que hoy Washington tenga a Cuba en un listado de países a los que la Casa Blanca acusa de promover el terrorismo. Fue una decisión en los estertores de la administración de Donald Trump (2017-enero, 2021) que el presidente Joe Biden mantiene sin cortapisas.

‘El gobierno de Estados Unidos crea esta iniciativa de lista, le otorga contenido y alcance, al mismo tiempo es el escrutador de las acciones de otros Estados, compañías y entidades. Además decide si alguno de ellos califica para la inclusión en la lista, y por si fuera poco es el sancionador’.

Así opinó en entrevista con Prensa Latina la jurista Desiree Llaguno, profesora auxiliar de Derecho Internacional Público de la Universidad de La Habana. Es precisamente la implementación de las sanciones el objetivo de las listas, subrayó.

No es casual que numerosas empresas cubanas estén en listados negros con los que Estados Unidos pretende asfixiar la economía de la isla caribeña, ya sea por el corte de remesas, la prohibición de transacciones y la persecución de los embarques de combustibles, entre otras modalidades.

A ello no escapa el turismo, que hasta el azote de la pandemia de Covid-19 representaba una de las mayores y expeditas fuentes de ingreso para Cuba. Son cientos las instalaciones hoteleras y turísticas castigadas por Washington.

También crece el número de cubanos ‘especialmente designados’ (SDN por sus siglas en inglés), funcionarios gubernamentales y altos oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior a los que el gobierno estadounidense impuso sanciones de manera unilateral.

Resulta, otra vez, la combinación del terrorismo con la política que Estados Unidos aplica contra Cuba y que sustentan el bloqueo económico, financiero y comercial más largo de la historia.

orlando oramas

(*) Jefe de la Redacción Nacional de Prensa Latina

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