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Publicado el 8 Diciembre, 2015 por Delia Reyes Garcia en Nacionales
 
 

Casitas de amor

Modesta Márquez Román, amor infinito para estos niños.

La seño Modesta Márquez Román lleva unas dos décadas cuidando a los lactantes como a sus propios hijos.

Por DELIA REYES GARCÍA

Fotos: MARTHA VECINO ULLOA

En el cunero duerme Angelita, una nena de siete meses. En la diminuta cabeza resalta un pelo negro, ensortijado. Cerca de ella, su hermano gemelo Marcos, está inquieto. Mueve sus frágiles piernas y manos, mientras emite un ligero llanto de socorro.

Pronta, la seño Modesta lo arrulla con cariño. “Drume/ drume negrito/ que yo va’a comprar una cunita/ que tendrá cascabel/ y tendrá oropel/…”, le susurra al oído. Es hora de sueño en la sala de lactantes del hogar que lleva el nombre de Lu Xun, considerado padre de la literatura moderna de China.

Dicen más que las palabras: el hermoso jardín de la entrada, los amplios ventanales, las paredes pintadas de colores claros, los pisos lustrados; las camitas adornadas con muñecos de peluche, y sábanas blancas como la espuma; los closets perfectamente arreglados en su interior, cocina y baños impecables.

Esmero y belleza pueden apreciarse a simple vista en este lugar, clasificado por las autoridades educativas “para niños sin amparo filial”, en el municipio de Arroyo Naranjo.

Mientras los pequeñines descansan, en el salón del primer piso, aquellos mayores de un añito realizan diferentes actividades. Dibujan, miran muñequitos, o juegan en la amplia terraza. Entre ellos destaca la enérgica Anabella, quien encima de una pelota inflable hace piruetas como si se tratara de un gran colchón de hojas. “Nene, te puedes caer”, alerta la seño Lidia en tono maternal.

Auxiliares y educadoras siguen atentas cada movimiento de los infantes. “No podemos dejarlos solos ni un minuto, porque al igual que cualquier otro niño, no tienen noción del peligro. Pero necesitan mucho más afecto, en su mayoría provienen de hogares disfuncionales.

En la sala de lactantes se siguen los horarios de los bebés

En la sala de lactantes se siguen los horarios de los bebés.

“Además, por las propias características de la casita, estamos obligados a extremar el cuidado, solo recibimos las edades más pequeñas”, dice Silvia María Plata Zequeira, directora del centro y una larga hoja de servicio a favor de la niñez.

Detrás de cada chicuelo hay múltiples tramas. Las causas de la incorporación a estos hogares suelen ser variopintas. Así lo reconoce Mary Carmen Rojas Torres, metodóloga principal de la Dirección de Preescolar del Ministerio de Educación (Mined).

“En menor medida llegan los que son abandonados por la madre, y no son reclamados por ningún otro familiar. Entre los casos más recurrentes están los niños cuya mamá cumple prisión, y tampoco la familia asume su protección; asimismo hay núcleos afectados por un evento climatológico que provocó derrumbe de la vivienda y deciden internar al hijo durante algún tiempo, hasta que logren solucionar esa situación; otras causales guardan relación con madres impedidas por enfermedad”, explica la también máster en Educación Preescolar.

En el país existen 49 centros destinados al cuidado de unos 400 niños, con edades entre 0 y 18 años. La capital destaca por poseer el mayor número de hogares, nueve en total, y una matrícula de 150 infantes, superior al resto de los territorios. En Lu Xun se albergan 24.

Estas casitas, como también se les conoce, son atendidas desde la provincia, aun cuando administrativamente radiquen en los municipios. Una buena parte del aseguramiento material, las indicaciones organizativas, el seguimiento a los niños y los vínculos familiares, los procesos de entrada a los hogares, e incluso las solicitudes de adopción, son controlados desde la dirección provincial de educación.

Buen respaldo

De este modo comienza la vocación por la escritura.

La educadora combina líneas y trazos para estimular el pensamiento lógico.

Greter está absorta, crayola en mano, coloreando las velas de un barco. “Hay que dibujar despachio”, repite la niña de cuatro años. “Parece que tendremos una buena artista en casa”, comenta risueña la seño Danay.

Dos copiosas trenzas recogen el castaño pelo de Greter, adornadas con hebillas y felpas; viste una saya de mezclilla y pulóver, calza frescas sandalias. “Todas esas cositas pudimos comprárselas en divisa. A cada uno de los niños, sin tener en cuenta el tiempo de permanencia, se les asigna un monto de 150 CUC anuales, empleados en adquirir parte de lo que necesitan”, sostiene Silvia María.

Para estos infantes el país prioriza una alimentación balanceada, productos de aseo personal, atención médica permanente, transporte para asistir al círculo externo; y mensualmente se entrega un estipendio entre 50 y 180 pesos, que varía en cantidad de acuerdo con las edades. Estos financiamientos son custodiados y controlados por la directora.

También reciben regalos y donaciones de organismos e instituciones radicadas en el territorio. Desde el punto de vista constructivo, asegura la metodóloga del Mined, para los hogares existe un riguroso programa de mantenimiento.

Los costos totales empleados en el cuidado de estos infantes son elevados, pero “nunca se ha puesto en una balanza que entre un niño, o represente más gastos para el país. Es todo lo contrario. Una niñez segura es lo importante. Somos deudores de la sensibilidad de Celia Sánchez ante estos casos desprotegidos por la familia”, reconoce Mary Carmen.

A diferencia de un hogar común, donde generalmente los padres centran las principales labores, en este, un pequeño enjambre laborioso distribuye tareas. De los 52 trabajadores, 16 son docentes y dos enfermeras, encargadas directamente de los pequeños; y el resto, del área de servicios, ocupado en las labores de cocina, fregado, limpieza, lavado, costuras, protección.

Afectos repartidos por igual

En las actividades de juego los pequeños también desarrollan habilidades motoras.

En las actividades de juego los pequeños también desarrollan habilidades motoras.

“En una palangana vieja/ sembré violetas para ti/…” los niños siguen el estribillo de la canción que muestra el video. Frente al televisor hacen un círculo guiados por la auxiliar pedagógica.

Estas actividades con fines lúdicos, permiten mejorar el lenguaje y coordinar acciones intelectuales con las físicas. “Generalmente tratamos de que quienes laboran en estos lugares sean licenciados o máster en Preescolar. Porque estas casitas tienen doble responsabilidad. Por un lado, establecer las condiciones afectivas parecidas a las del hogar. Por el otro, educar integralmente al menor”, precisa la metodóloga del Mined.

A partir de un proyecto de colaboración con Unicef han logrado capacitar anualmente a todos los directores de hogares, para que reciban también conocimientos jurídicos, dada la complejidad de representar legalmente a los menores.

La mayor satisfacción de Silvia es que los niños estén saludables. “Si alguno enferma, y hay que hospitalizarlo, casi ni duermo”. Por eso, y porque no admite ningún tipo de privilegios de las educadoras hacia los pequeños, allí le apodan Madre Teresa de Calcuta.

“Todos tienen los mismos derechos. Y deben ser tratados con el mismo amor. Ninguna seño tiene autoridad para maltratar a un pequeño. Si eso sucediera, automáticamente deja de ser trabajadora de Lu Xun. Y sin apelación”, sentencia enfáticamente.

¿Qué mejorar?

La directora Silvia, con más de tres décadas en Educación Preescolar, tiene muchas razones para sentirse feliz y orgullosa del trabajo que realizan allí. Mas, no todo fluye como quisieran y debiera ser. Aunque a las casitas se les suministra un stock de medicamentos mensualmente, “¿qué hacer cuando un bebé enferma y lo prescrito por el médico no está en el botiquín?

Ante estos casos, advierte Mary Carmen, “siempre se busca una solución, pues lo más importante es preservar la salud de los niños, aunque se estudian los mecanismos para hacer más expedita la compra de fármacos ante enfermedades eventuales”.

Tanto Mary Carmen como Silvia María coinciden en que uno de los mayores retos, de cara al porvenir, es consolidar el Programa de familia solidaria.

“Ha faltado divulgación, y muchos los confunden con la adopción. Pero no es eso. Es brindarle también cariño a ese niño que seguirá bajo la custodia del Estado, pero requiere llenar afectivamente el vacío que no suple la familia. Y para eso todos podemos poner un granito de arena. Estamos abiertos a los seres humanos de buena voluntad”, resume Mary Carmen.

Por su parte, la experimentada directora de Lu Xun cree tener buenas razones para soñar con que mejore la calificación del personal, incluidas las veladoras que permanecen durante las horas nocturnas con los niños.

Por eso sugiere Silvia María: “Es cierto que no hacen los turnos solas, porque siempre hay una educadora de guardia y la enfermera. Pero sería mucho mejor si fueran graduadas de Enseñanza Preescolar”.

En el área de lactantes los bebés ya despertaron. La seño Modesta juega con los más grandes en el portal. Los gemelos Ángela y Marcos, sujetan la madera de la baranda. Tratan de dar pasitos. Patricia y Ania también se aventuran, apoyadas en la pared. Los rostros de los niños parecen felices.


Delia Reyes Garcia

 
Delia Reyes Garcia