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Publicado el 3 Diciembre, 2015 por Marieta Cabrera en Nacionales
 
 

CIÉNAGA DE ZAPATA

Latidos desde lo más profundo

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Por MARIETA CABRERA

Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

La doctora Maybelis conversa con un lugareño.

La doctora Maybelis García concede mucho valor al diálogo permanente con la población que atiende en el consultorio de La Ceiba. Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

El majá de Santa María cruzó con su andar lento y ondulante el desolado terraplén que conduce hasta Guasasa, poblado de la Ciénaga de Zapata. Ni la proximidad del vehículo en que viajaba el equipo de reporteros de BOHEMIA logró sacarlo del paso. Solo cuando el fotógrafo se le acercó para hacerle algunas instantáneas sintió temor ante tanto fisgoneo y se escabulló, en un santiamén, entre el marabú que crece a ambos lados del camino.

Poco después, el ronroneo de un riquimbili conducido por un hombre y con una pasajera a bordo nos indicó la presencia de otros viajeros en la vía, los únicos con que nos toparíamos durante los 18 kilómetros que es preciso recorrer para llegar al caserío.

Eran poco más de las nueve de la mañana y en Guasasa no se sentía ni el zumbido de los mosquitos que abundan allí. “Muchos hombres y mujeres que trabajan en la empresa forestal están en el monte chapeando, o cortando leña para hacer carbón”, explicó a los recién llegados un lugareño desde el portal de su casa, sin dejar de acariciar a su perro y en espera de mejor tiempo para salir a pescar.

En la entrada del pueblo –con el verde de las uvas caletas y el azul del mar al fondo– sobresale la blanca edificación de dos plantas que cualquiera en Cuba identifica como el consultorio del médico de la familia. El doctor Dael García Rodríguez, residente de segundo año en la especialidad de Medicina General Integral, llegó allí en septiembre último y está todavía “aclimatándose”.

Luego de graduarse en 2014, laboró en un consultorio de Los Arabos, en la provincia de Matanzas, donde nació. Pero su deseo era venir para la Ciénaga de Zapata. “Pasé muchas vacaciones en Playa Larga y me gusta la naturaleza de la zona, por eso cuando tuve la oportunidad cambié mi dirección para acá. Al llegar, el director de salud del municipio me preguntó si podía trabajar en Guasasa y le dije que sí, aun cuando no conocía el sitio.

“Cada vez que le comentaba a alguien que venía para este poblado, me decía: ‘¡Pa’ Guasasa!’, sobre todo porque está lejos –a unos 28 kilómetros de Playa Girón– y tiene una planta que proporciona electricidad solo en algunas horas del día. Sin embargo, cuando puse un pie aquí vi que era como lo imaginé; quizás me lo pintaron muy complicado y después no me causó tan mala impresión”, confiesa el joven de 27 años.

Cuenta que atiende una población de 212 personas, 49 de las cuales viven en Cocodrilo, un batey cercano. “A esta comunidad voy los miércoles. Como el transporte para allá se dificulta aún más, hablo con quienes tienen riquimbilis y alguno me traslada.

“En Guasasa, como norma, unos pocos pacientes acuden al consultorio por la mañana para ser atendidos porque presentan un estado gripal u otra dolencia leve. La población es bastante saludable, a pesar de que la mayoría sobrepasa los 60 años de edad. Hay 14 hipertensos, tres diabéticos y un número reducido tiene el colesterol elevado. Mucha gente de aquí se dedica a la pesca y la dieta, en sentido general, es sana”, expresa el doctor Dael García.

Desde su llegada al pueblo no ha tenido que atender  casos graves, comenta. De ocurrir alguno, él debe estabilizar al paciente hasta la llegada de la ambulancia  -vehículo adaptado con ese fin que permanece en el policlínico de Cayo Ramona- que lo traslade a la institución de salud donde pueda recibir la atención médica que necesita.

El reto de prevenir

Anaydi Román Zayas es una de las dos embarazadas que hay en la comunidad. Tiene 26 semanas de gestación y afirma que en ese proceso no ha tenido ningún contratiempo. “El médico de la familia me atiende periódicamente y cuando debo hacerme análisis o ultrasonido voy en la guagua hasta Playa Girón y continúo en otra para el policlínico de Playa Larga.

“Son tramos largos, además el transporte que sale del batey da un solo viaje diario a Girón (excepto el miércoles que incluye otro al mediodía) y para regresar hay que esperar hasta las siete de la noche”, detalla Anaydi. No obstante, aclara, cuando a una embarazada hay que realizarle algún análisis complementario urgente la trasladan al lugar indicado en la ambulancia.

Así sucede también con los ancianos u otras personas con estado de salud delicado, amplía el médico. “Si tienen turno con algún especialista en Matanzas, la ambulancia viene a buscarlos al pueblo y después en otro vehículo de salud pública los transportan hasta allá”.

En una rutina inviolable, Yoania Gómez Leyva viaja todos los miércoles a Cayo Ramona y los viernes a Playa Girón, donde se prepara como rehabilitadora. Hace seis años conjuga ese quehacer con su otra labor en la sala de televisión y video, donde exhibe películas. “En otros momentos, visito a los adultos mayores que viven un poco lejos para tomarles la presión y darles algún masaje”, refiere.

El doctor Dael atiende a una embarazada en el domicilio de esta.

Seguir de cerca la evolución de las embarazadas que hay en Guasasa es una de las prioridades del joven médico. Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

Es mediodía y dos hombres conversan en el círculo social, sentados en el piso, frente a una botella de ron. Para el doctor Dael García, “el alcoholismo es el problema principal que sale a relucir en los análisis de la situación de salud de la población de Guasasa. Muchos hombres beben y un porcentaje elevado de ellos padece la enfermedad.

“El médico que estaba antes aquí me contó que conversó regularmente con estas personas sobre el daño que provoca en el organismo el consumo excesivo de alcohol y las remitió a la consulta especializada en Playa Girón. Yo he indicado a varios que asistan a ese servicio. Unos van, otros no, pero si logro al menos que alguno admita que necesita atención médica es un paso importante.

“La misión esencial del médico de la familia es trabajar en el control de los factores de riesgo que causan enfermedades y evitar la aparición de estas. Ese es el reto que tenemos”, reconoce.

Al indagar sobre las causas del consumo desmedido de alcohol en el poblado costero, unos lo atribuyen a que las personas realizan trabajos rudos, otros consideran que es una tradición y hay quienes alegan la escasez de actividades recreativas: “aquí no hay nada más que hacer”, dicen. Sería oportuno y necesario que los especialistas ahondaran en el fenómeno a fin de que las acciones educativas que se proponen sean efectivas.

En opinión del doctor Francisco Ferrer Sánchez, subdirector general de la Dirección Municipal de Salud de Ciénaga de Zapata, los programas de rehabilitación en el territorio incluyen la consulta de alcoholismo. “Pero lo primero es que el individuo reconozca que está enfermo y participe conscientemente en este tipo de terapia. En eso el médico tiene que hacer más hincapié porque hoy a ese servicio no asiste la cantidad de personas que debiera ir.

“El alcoholismo es un factor de riesgo de enfermedades hepáticas y cardiovasculares y en la Ciénaga hay un índice elevado de ambas”, subraya el doctor Ferrer.

Caminos visitados por el tiempo

Un día, Adalberto Gutiérrez Jorge vino de pesquería a Guasasa, pero se enamoró de una cienaguera y atracó definitivamente su bote en la orilla de la playa.

Hace 20 años que reside en la zona y le agradan sobre todo la tranquilidad y la naturaleza del lugar. “Cuando voy a Aguada de Pasajeros para visitar a mis familiares y amigos paso mucha sed porque ya me adapté hasta al agua salobre de aquí”, confiesa.

Primero vivía en una casita de madera y guano que, como muchas otras de su tipo, fue derribada por el huracán Michelle a su paso por la Ciénaga en 2001. Ahora tiene una de mampostería que construyó en el centro del batey con los materiales entregados a los afectados por el ciclón.

Relata que siempre se ha dedicado a la pesca artesanal. “Tenemos contrato con el Estado, que nos paga un buen precio por el kilogramo de pescado, y el excedente se lo vendemos a los particulares”.

Para aliviar la nostalgia del doctor Dael por sus seres más allegados –a quienes visita en Los Arabos cada 21 días–, Adalberto lo invita de vez en cuando a degustar los platos que prepara su esposa. “Aquí todos somos como familia”, declara el pescador.

Anclado en ese pedazo de costa está también el corazón de Domingo Ceoanes Turnes, un cenaguero de 69 años, quien para sumar algún dinero más al de su pensión acepta a veces viajar a Playa Girón en su riquimbili alquilado. “Aunque a algunos los llevo gratis. Por ejemplo, al médico no se le cobra”, dice rotundo.

Trabajó durante años en la empresa forestal, pero lo que más disfruta es subirse a su embarcación El Castero y salir al mar. “Cuando era un muchacho empataba los cordones de las alpargatas, les ponía delante un pedacito de pita hecha de corojo y con eso pescaba. En aquel tiempo los pobladores de la zona vivíamos metí´os en los montes, en casas de guano, sin médico, ni transporte para ningún lugar”, rememora Domingo.

El enfermero Orelvis aplica aerosol a un paciente en el consultorio.

Orelvis Pérez Fernández, enfermero, trabaja hace diez años en el consultorio de La Ceiba. Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

Bajo la tenue luz de las chismosas, muchas historias estremecedoras acontecieron entonces en los bosques y pantanos de la ciénaga. La que contó Julio Castillo hace dos años a la emisora matancera Radio 26 es una de esas: “Como a un kilómetro de aquí vivía un matrimonio. Dicen que la mujer murió de parto, botaíta ahí. Y a una pariente mía le pasó algo similar, porque cuando fueron a sacarla ya no había remedio y murió en el camino”.

Por fortuna, Maydelis Zayas Turner –al igual que sus padres– abrió los ojos al mundo en un entorno muy distinto al de los abuelos. Pero sabe lo que sucedía en aquella época por las anécdotas de los más viejos. A ellos también les ha oído decir que el nombre original del pueblo era Caleta de la Guasa “porque una vez alguien pescó aquí uno de esos peces y era muy grande”. Luego, quizás por asociación, empezaron a llamarlo Guasasa y este prevaleció.

La muchacha es una de las dos maestras que tiene la escuela primaria Emilio Daudinot Pineda, con una matrícula de 10 alumnos. Ella enseña a tres niños, uno de segundo grado y dos de tercero, mientras la otra educadora se ocupa de los de primero y cuarto grados.

“Además, una vez a la semana imparto clases a cuatro que cursan el prescolar. Me gusta mi profesión”, expresa la joven de 25 años y asegura que echará raíces en esta comunidad. “Mi esposo y yo estamos construyendo nuestra casa. Pedí un subsidio y me lo aprobaron; ahora solo tenemos que ir a Playa Girón y buscar los materiales”, dice resuelta Maydelis.

Quien a buen árbol se arrima…

La Ceiba es otro poblado de la geografía cenaguera. Se halla –igual que Guasasa– a unos 28 kilómetros de Playa Girón, pero en este caso la vía de acceso es una carretera completamente asfaltada. Al llegar al pueblo se aprecian de una ojeada varias casas de mampostería, el consultorio, la sala de televisión y video, la tienda y la escuela primaria Crescencio Valdés Ruiz.

Seis estudiantes, dos de segundo grado y cuatro de cuarto, escuchan atentos a la maestra Diurna Romero Gómez cuando orienta a cada grupo el ejercicio de Matemáticas correspondiente. Muchos jóvenes de la localidad aprendieron las primeras letras con esta mujer que ejerce como profesora hace 24 años.

La doctora Maybelis García Fraguela es una de ellos. Recién llegada de Venezuela, donde trabajó un año, comenzó a laborar en el consultorio de La Ceiba. “Antes estuve en otro ubicado en El Helechal, también en la Ciénaga, y me agradó mucho porque es una atención más directa, íntima. El médico de la familia se adentra más en la comunidad, vive con esa población; conoce su forma de pensar, sus costumbres y sus problemas.

“Esa cercanía facilita la labor preventiva, lo cual se manifiesta, por ejemplo, en la pesquisa del cáncer de próstata. A todos los hombres que vienen a consulta, y tienen 45 años de edad o más, les indico hacerse la prueba para la detección de antígeno prostático específico, o PSA, en el policlínico de Playa Larga. Cuando trabajaba en El Helechal también logré que los pacientes se la realizaran y en algunos casos el resultado fue positivo”, revela.

Un total de 293 personas de este batey y de otros dos cercanos –San Blas y El Rincón– son atendidas por la doctora Maybelis y el enfermero Orelvis Pérez Fernández. “La gente de aquí es bastante saludable, a veces en el día vienen seis pacientes, hoy han llegado solo dos”, indica la muchacha cuando el reloj marca casi las 10 de la mañana.

El consultorio cuenta con los medios necesarios para brindar atención médica urgente. Si llega un paciente con dolor abdominal, crisis  hipertensiva, angina de pecho u otra patología grave, la doctora lo compensa y, al igual que en Guasasa, pide la ambulancia de Cayo Ramona para trasladarlo al policlínico o donde se decida.

Satisfacciones e inconformidades

Bajo el furor de la construcción de consultorios médicos en los años 80 del siglo pasado, se levantó el que todavía brinda servicios en La Ceiba, recuerda Cristina García Sierra, vecina del lugar. “Siempre hemos tenido médico y todos son muy buenos. Tratan a las personas con cariño y demuestran que tienen conocimientos. Visitan las casas y si se presenta alguna urgencia por la noche también van a ver al enfermo”.

La doctora Maybelis ausculta a un pequeñín en la vivienda del niño.

La presencia del médico en la comunidad es una garantía para los cubanos y cubanas de cualquier parte del país. Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

Sin embargo, Cristina lamenta que en el policlínico de Cayo Ramona, el más cercano, “ya no se hagan ultrasonidos y sea necesario ir a Playa Larga o a Jagüey Grande”.

A propósito, el doctor Francisco Ferrer explica que el estudio hecho en el municipio, como parte del reordenamiento en el sector, arrojó que debido a la poca población del territorio, en algunos sitios existían equipos subutilizados, pues se hacían pocos exámenes.

“Ahora contamos con un policlínico principal en Playa Larga y una extensión de este en Cayo Ramona. El servicio de Ultrasonografía que poseían ambos centros se conserva solo en el primero. El de Laboratorio Clínico que era de 24 horas en los dos, se mantiene durante ese tiempo en Playa Larga y en Cayo Ramona es de 12 horas. Igual ocurre con el servicio de Rayos X. No obstante, si en este último lugar hace falta realizar un examen de laboratorio o una radiografía de urgencia, se realiza porque los técnicos están localizables.

“También teníamos un saloncito de terapia intensiva en los dos lugares, y se decidió preservar la sala de cuidados intensivos en el policlínico de Playa Larga y ubicar solo allí equipos como el desfibrilador”, refiere el doctor Francisco Ferrer.

El entrevistado admite que tales reajustes han ocasionado malestar en la población teniendo en cuenta que las distancias en el municipio son largas. “Los habitantes de Guasasa que requieren un ultrasonido, en vez de trasladarse 40 kilómetros hasta Cayo Ramona, ahora tienen que recorrer alrededor de 60 kilómetros para llegar a Playa Larga”. Pero, agrega, no es sostenible mantener equipos y servicios tan costosos en todas partes, lo que obliga a la racionalización.

No obstante, precisa que cuando el estado de salud del paciente le impide trasladarse en el transporte público, se emplea la ambulancia para llevarlo a la institución de salud.

Sin olvidar las raíces

Cada año, Yoania Gómez disfruta la llegada a Guasasa del Conjunto Artístico Comunitario Korimakao. Como ella, los moradores de La Ceiba, Bermejas, Soplillar, y del resto de los poblados del municipio, viven gratos momentos en cada una de las presentaciones de ese colectivo. Algo similar ocurre cuando participan en las propuestas que, con infinita creatividad, concibe el Proyecto Sociocultural Ksimba en defensa de lo más autóctono de la región.

Para una cenaguera de pura cepa como Suleydi Plasencia Mejía, presidenta de la Asamblea Municipal del Poder Popular de Ciénaga de Zapata, es imprescindible aprovechar cada espacio para dar a conocer la historia, la cultura y la belleza natural del territorio, más aún con el auge del turismo en la zona, que ha traído entre otros beneficios un crecimiento del trabajo en el sector no estatal.

“En el año 2011, había en el municipio 41 hostales (viviendas que son rentadas al turismo) y hoy existen 184. Un poblado tan pequeño como Pálpite cuenta con 19 paladares, y la tendencia es que esta modalidad de trabajo aumente en esa localidad, así como en Playa Girón, Playa Larga y Caletón”, asevera.

A principios de este año, en la asamblea de balance de la Unión de Jóvenes Comunistas en la Ciénaga de Zapata, varios participantes coincidieron en que muchos turistas llegan a Cuba con ideas erróneas sobre la Isla, y hay que estar preparados para explicarles lo que era la ciénaga antes de 1959, y que todo lo que existe allí es obra de la Revolución.

De forma espontánea, algunos turistas transitan hoy por Guasasa con la intención de acortar el recorrido hasta Cienfuegos. En ese trayecto existen numerosos cenotes que se relacionan con una falla tectónica. “Se trata de cavernas inundadas en las que se aprecian aguas de diferentes colores: amarillas, azules, verdes… que  constituyen un paisaje único”, asegura la presidenta del gobierno.

Por eso avizora que en la ruta que conduce hacia el apartado pueblo e, incluso, en los predios de este, podría abrirse paso en el futuro el turismo rural y de naturaleza.

Tal vez el progreso de la localidad como resultado de la explotación sostenible de esos recursos naturales con fines turísticos, si se logra, contribuya a que un día la gente no se asombre cuando escuche que algunos más, como el doctor Dael García en su momento, digan que van a trabajar para Guasasa.

Entretanto, para el joven médico lo importante es realizar el mejor trabajo posible en esa comunidad. Todavía no sabe lo que hará luego de concluir el servicio social, pero de algo sí está convencido: “Me quedo en la Ciénaga”.


 

Otras piezas clave

El municipio de Ciénaga de Zapata tiene 4 520 kilómetros cuadrados y 9 163 habitantes (2.1 por kilómetro cuadrado). Para atender a esa población cuenta con 13 consultorios del médico de la familia. Existen, además, la unidad de higiene y epidemiología, el centro de lucha antivectorial, tres farmacias (en Playa Larga, Playa Girón y Cayo Ramona) y cinco farmacéuticas de la comunidad que expenden el medicamento en un local de cada poblado.

Dispone también de un laboratorio SUMA (Sistema Ultra Microanalítico) donde se realizan, entre otros, exámenes de VIH, hepatitis B y C; alfafetoproteína, sangre oculta en heces fecales para detectar precozmente el cáncer de colon, PSA, y microalbuminuria.


 

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Marieta Cabrera

 
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