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Publicado el 21 Diciembre, 2015 por Liset García Rodríguez en Nacionales
 
 

Saber no tiene fronteras

La doctora María Dolores Ortiz es especialmente familiar para la población cubana por haberse mantenido durante más de cuatro décadas en el programa Escriba y Lea, que para ella ha representado seguir siendo maestra
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Ya jubilada, continúa trabajando.

Ya jubilada, continúa trabajando como asesora del Ministro de Educación Superior, al tiempo que se dedica a escribir y a compilar textos valiosos para los lectores. (Foto: GILBERTO RABASSA)

Por LISET GARCÍA

La cuarta María Dolores del árbol genealógico familiar, sabía casi desde el nacimiento que dedicaría su vida a dar clases. Por eso, participar como panelista en el espacio de televisión Escriba y Lea, durante 46 años, es un apreciable regalo para la doctora Ortiz. “Cada semana el programa es como una prolongación del aula, aunque falte el contacto personal con un auditorio de alumnos, que se subsana ante el encuentro cotidiano en la calle con todas las personas agradecidas del conocimiento recibido, y ávidas por saber más”.

Desde la primera vez que estuvo frente a un colectivo de estudiantes nada ha disfrutado más que trasmitir conocimientos. Entonces tenía solo 19 años, y muchos proyectos por cumplir. Muy fresca estaba la impronta que dejaron en ella sus maestros, respetados y queridos por sus discípulos en su Holguín natal. “Aunque de eso hace mucho tiempo, todavía puedo decir cómo se llamaban todos y cada uno de mis profesores”.

-¿Qué le aportó a su vida aquella etapa de estudiante?

-Esos docentes, que lo eran en todo el sentido del término, dejaron tal huella en mí que sin dudarlo puedo decir que en aquellas etapas fue cuando fundamentalmente completé mi formación como ser humano, lo que soy hoy. Al colegio donde estudié desde la enseñanza primaria hasta el bachillerato, no solo se iba a aprender, sino a llevar una intensa vida cultural y deportiva. Participábamos en muchas actividades, desde un coro hasta una obra de teatro, y en excursiones a diversos sitios del país. Abundaban los concursos de ortografía, de redacción, de conocimientos…; era tan activa nuestra vida que no faltaban las motivaciones para estudiar.

La llegada a la capital del país en 1953 para su ingreso en la Universidad de La Habana le proporcionó el encuentro con nuevos aprendizajes. Son años que bien recuerda a pesar de lo tumultuosos que fueron. “Conocer a José Antonio Echeverría, el líder querido de los estudiantes, a otros revolucionarios como Fructuoso Rodríguez, y vivir de cerca la represión del gobierno de Batista, cada día más cruel, me involucró en las protestas y el debate”.

Con el uniforme de la campaña de alfabetización, en 1961.

Esta imagen y el uniforme que usó durante la campaña de alfabetización en 1961 son reliquias que guarda con cariño María Dolores Ortiz, quien aparece a la izquierda junto a Virtudes Barroso, ya fallecida, alfabetizadoras de la Brigada Conrado Benítez. (Foto: Cortesía de la entrevistada)

Su verbo y su acción se foguearon en la misión de hacer entender a unas cuantas estudiantes, hijas de las clases media y alta de aquella sociedad, la necesidad de ir a la huelga estudiantil y cerrar las aulas. “Casi no dimos ningún curso completo, y tras el cierre de la Universidad de La Habana regresé a Holguín. En 1959 volví a las aulas y logré graduarme. Fue en mis primeros años de universitaria cuando me inicié como maestra, en el Candler College, un colegio privado, ubicado en Marianao”.

Aunque ha impartido varias materias como Historia, Geografía y Literatura, su asignatura es el Español. La pasión por nuestra lengua, tan amplia y de una riqueza ilimitada, le hacen preguntarse por qué se ha extraviado la cultura del buen decir. “A veces no se entiende lo que hablan algunos. No solo por ese lenguaje que llega a ser incomprensible en ocasiones, sino porque no articulan bien y mascullan las palabras, más que pronunciarlas”.

Y no quiere hablar mucho de las malas palabras, tan usadas hoy, sin distinción de hablantes, lo mismo si es un estudiante universitario, que un chofer de guagua, que un empleado de cualquier oficina. “Desgraciadamente algunas terminarán deslexicalizándose, y formarán parte cotidiana de la lengua, que como se sabe no es estática”.

Tampoco desea abundar acerca de las faltas de ortografía que como aquellas proliferan, “incluso aparecen publicadas, algo que unos cuantos lamentamos”. Lo afirma con palabras que no puede evitar y pronuncia con énfasis para remarcar su desaprobación.

Escriba y Lea

No se equivoca quien califica a Escriba y Lea como una clase magistral. De los inicios de ese programa televisivo, y sus peripecias en más de cuatro décadas y media de existencia, habla con toda propiedad la doctora Ortiz –como la conocen todos–, por ser una de sus fundadoras.

Diferentes etapas y panelistas del Programa Escriba y Lea.

Con los siempre recordados Humberto Galis-Menéndez, Gustavo Dubouchet, José Antonio Cepero Brito, Enrique Sosa y Alfredo Calderón, quien fue su alumno. Y actualmente con Ángel Pérez Herrero y Félix Julio Alfonso. (Foto: Cortesía de la entrevistada)

E-y-L---“El 5 de diciembre de 1969 hicimos el primer programa con la intención mantenida hasta hoy de despertar interés por la cultura, y, en especial, cultivar el deseo de leer. Algunos pensaron que el programa duraría un corto tiempo, pues parecía dedicado a intelectuales y no a las grandes mayorías. La vida se ha encargado de desmentir ese criterio superficial, que en cierto sentido menospreciaba las inquietudes y las ansias de aprender de las personas.

“Todas las dudas se despejaron el día que recibimos una carta remitida por los ordeñadores de una vaquería. Ellos solicitaron que adelantaran el horario de salida del programa al aire, porque debían levantarse muy temprano a realizar su labor y no querían irse a dormir antes de verlo. Fue una carta sorprendente, que nos dio la medida de a cuántos televidentes podría llegar nuestro mensaje. Nos dio fuerza para seguir adelante con el objetivo que el equipo se trazó: ampliar la información cultural y los conocimientos a partir de abundar en cada tema, en la medida en que el reducido tiempo de que disponemos nos lo permite”.

-¿Cuál personaje o hecho no descubierto le ha provocado algún disgusto?

-No podría decir porque han sido muchos. A veces las preguntas más fáciles suelen ser más difíciles de responder. Depende también de la forma de preguntar y hasta de los gestos del moderador.

“En ocasiones las personas nos dicen que adivinamos los hechos de la Edad Media o Antigua con más facilidad que los de la época actual. Entonces les pregunto el nombre de un soldado muerto en la batalla de Waterloo. No pueden decir.

“Es que para los cubanos, todos los caídos durante nuestra larga lucha son héroes y por tanto tienen un lugar en nuestra historia; son personajes históricos. Por otra parte, sucede que la historia de la Revolución no ha sido contada en su totalidad. Se han escrito muchos libros, pero de determinada personalidad o pasaje, o de un sitio en particular. A veces damos con el personaje de que se trata porque se menciona en algunos de esos textos, pero hay ocasiones en que no es posible”.

Cualquiera se preguntaría por qué sobrevive tantos años un programa como ese en momentos en que abunda tanta banalidad. Quienes lo agradecen, felicitarán a María Dolores por haber persistido en ese empeño y por su afán de contribuir al conocimiento, como lo ha hecho de cara a sus alumnos, o en el Movimiento de Amigos del Libro, que preside, o en sus incursiones editoriales. Ahora ha decidido sumergirse en las memorias de Escriba y Lea, y contar lo que el espectador no vio, propuesta que será también motivación para escribir y leer.

Seguramente ampliará detalles de cómo se atrevió a hacerlo, luego de su negativa inicial. “Finalmente accedí aunque era un reto grande”.

Entonces impartía clases de Español a un grupo de locutores de la radio y la televisión, entre quienes estaba José Antonio Cepero Brito. “Él me propuso, insistió y probé. Era el moderador. Se preparaba muy bien para cada emisión. Una vez me confesó que de todos los programas que hacía, ese era el que más le gustaba. Daba placer trabajar con él, no solo porque era un hombre culto, sino por su sencillez y delicadeza. Le gustaba decir que había sido mi descubridor”.

-¡La única mujer en Escriba y Lea! ¿Un suceso?

-No soy solo la única mujer, sino la única sobreviviente entre los fundadores. Cuando el programa comenzó, la Revolución recién se estrenaba y nosotras no habíamos ganado el espacio de hoy. Por eso creo que de no ser por Cepero no me hubieran escogido. Primaba el criterio de que las mujeres no éramos capaces de hacer muchas cosas, a la par de los hombres. Por suerte, y con sacrificio, hemos demostrado que es posible.

 


En su transitar como docente durante más de 50 años, María Dolores Ortiz Díaz ha merecido la condición de Heroína del Trabajo y de Doctor Honoris Causa en Ciencias Humanísticas de la Universidad de Holguín. Recibió los títulos de Doctora en Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana, en 1959, y allí mismo más tarde, el de Doctora en Ciencias Filológicas. En 2007 le otorgaron el Premio Nacional de Pedagogía.

La doctora Ortiz recibe diploma.

“No sé si podré hablar”, dijo la doctora Ortiz al recibir en diciembre de 2003 la categoría docente especial Profesora de Mérito, entregada por el entonces rector del Pedagógico Varona. Así lo reseñó la periodista Nidia Díaz en Granma en aquella fecha, sorprendida por quien tiene el don de la palabra. (Foto: ROBERTO SUÁREZ)

Ocupan un lugar especial en su historia de vida los 12 años que dedicó al Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, donde fue la Jefa del Departamento de Español. Sentía que sus energías se multiplicaban en cada uno de los profesores a quienes contribuyó a formar. Allí la distinguieron como Profesora de Mérito.

La invitación a impartir clases que desde variadas instituciones y universidades del mundo le han hecho llegar, ella la incluye entre los premios recibidos: profesora invitada del Pedagógico de Moscú, conferencista de la Unesco, en su sede de París; y en varios centros de altos estudios de Brasil, Egipto, Nueva York, Tel Aviv, y otros. Así también ha participado en diversos congresos en países de Europa y América Latina. Por su contribución a la enseñanza fue declarada Ciudadana Honoraria de la ciudad brasileña de Belo Horizonte.

En su actividad editorial destaca un texto recientemente publicado: Desde sueños y realidades: la Mujer, de Ediciones Extramuros; y la editorial Félix Varela en 2002 publicó En mitad de cien caminos, en los cuales se recopilan textos suyos. También es autora de La educación superior en Cuba (1984), y Colección Camila Henríquez Ureña, obras y apuntes (2004), entre otros.


-¿Satisfacciones?

-Muchas. ¡Conocer a tantas personas!

“Guardo un recuerdo especial de uno de los panelistas: el doctor Humberto Galis-Menéndez, un modelo de esfuerzo y de cultura. Él era veterinario, trabajaba como juez en las ferias agropecuarias. Es la demostración tácita de que el saber no tiene fronteras”.

-¿Cada programa lo toma como una apuesta, un juego o un examen?

-Ninguna de esas opciones. Lo asumo como algo muy serio. Nunca hemos establecido competencia entre nosotros, ni nos creemos mejores o peores por dar con el personaje o el hecho. Trabajamos en equipo, y lo que aporta uno le sirve al otro.

-Acumular tantos saberes, ¿depende solo del talento?

-Hace falta tener algunas aptitudes. Sin duda se necesita talento, una buena memoria, determinado grado de agilidad mental, estar atento al moderador, en alerta constante. Como sucede en la vida, debemos estar atentos y alertas en cada búsqueda que emprendemos. Lo que sí no pueden faltar son altas dosis de constancia y perseverancia para estudiar y leer mucho. Y es una lectura que incluye memorizar, retener lo que se lee, sea cual sea el libro.

-Y el tiempo para leer, ¿cuál es y cómo se las arregla para compartirlo con otras tareas, incluidas las domésticas?

-Creo que hace falta aprender a organizar el tiempo. Hay determinadas etapas de la vida, sobre todo en la juventud, en que se debe dar atención a los hijos y a otras cosas; entonces el tiempo está limitado. Es cuando hay que planificarse mejor. Mis dos hijas se acostaban siempre a las ocho de la noche. A partir de esa hora estaba libre para hacer lo demás, incluida la lectura. Para las tareas domésticas, que detesto, cuento con la ayuda de mi esposo; más bien, las compartimos, como debería suceder siempre. Ahora estamos los dos en la tercera edad, somos una especie de retaguardia para la familia, por lo que tenemos casi todo el tiempo para nosotros.

Hablar de su pasión por los libros y la lectura remite a una pregunta insoslayable. ¿Cuáles recomienda leer? “Todos”, responde al instante. “Ojalá una vida alcanzara para eso. Algunos recomiendan desechar la mala literatura. En realidad la hay. Pero cuando descubrí a Gabriel García Márquez diciendo que la lectura de la mala poesía conduce indefectiblemente a la buena, fui feliz.

“Aunque la producción literaria es infinita, la lectura también depende del gusto de las personas. Hay quien prefiere la temática histórica o la ciencia ficción o los policíacos, o la poesía. Lo importante es adquirir el hábito de leer y convertirlo en algo agradable. Poco a poco el gusto se va refinando y sin que la persona se dé cuenta busca los libros verdaderos”.

-¿Algún libro o autor que en especial usted aconseje no dejar atrás?

-Para un cubano es imprescindible leer a José Martí, no solo porque es un deber. Aparte de los valores patrióticos, históricos y la vasta cultura que abarca, nos proporciona un gran placer. Aunque a veces sea difícil leer sus textos, la riqueza de su prosa, su ensayística, su poesía, invitan.

-Cuando puede elegir, ¿qué literatura prefiere?

-La narrativa. En especial la novela; los cuentos se me acaban muy rápido. Uno llega a encariñarse con los personajes y no quiere que terminen.

-¿Qué personaje le ha simpatizado más?

-La Sofía de El siglo de las luces. Fue una adelantada a su tiempo. Una mujer rebelde, inteligente, audaz, decidida, capaz en muchos sentidos. Si hubiera sido nuestra contemporánea, se habría ido a la Sierra a pelear, y quién sabe hasta dónde hubiera llegado.

-¿Qué le ha proporcionado ser profesora durante tantos años?

-Sentir que he hecho lo que me gusta hacer.

“Espero que mis alumnos recuerden mi nombre como yo recuerdo los de todos mis maestros”.

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Liset García Rodríguez

 
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