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Publicado el 22 Diciembre, 2015 por Irene Izquierdo en Nacionales
 
 

Raúl Ferrer: el Maestro de la niña mala

Sobre la vida del poeta como maestro rural, vicecordinador de la campana de alfabetización, promotor del habito de lectura... Y más abajo el Romance de la niña mala
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Este año es el centenario de Raúl Ferrer

Este 2015 es el año del centenario de Raúl Ferrer. (Foto: cubahora.cu).

Si a muchas personas les contaran que, para borrar diferencias y desdeñar parte de las cosas feas del mundo, un profesor impartía sus clases descalzo, lo dudarían. Solo que este fue –y es- un maestro muy especial, alguien que hizo de la pedagogía su estandarte. Lo mejor de este cuento es que el maestro tenía zapatos; quienes carecían de ellos eran muchos de sus alumnos.

La historia tiene su origen en la Cuba de finales de 1937,  cuando el Maestro Cívico Rural, Raúl Ferrer Pérez, un joven de poco más de 20 años, llegó a la escuelita del batey del central Narcisa*, antigua provincia de Las Villas, en compañía de su coetáneo Onelio Jorge Cardoso –reconocido en las letras cubanas como el Cuentero Mayor-, con la encomienda más grande que se le puede plantear a ser humano: enseñar. Tenían muchos deseos de llenar el mundo de luces, porque conocían toda la oscuridad del campo, en especial, el lastre de la ignorancia.

Era el inicio del curso escolar, y el primer día el optimismo de Raúl tuvo una especie de desequilibrio, cuando apreció que una parte considerable de los muchachos estaban ausentes por falta de zapatos. Luego de pensar ágilmente qué hacer, encontró la solución: ¡todos descalzos!

Aquel gesto provocó que los niños asistieran, pero también que, frente a ese hombre nacido para el magisterio, se apreciaran menos las desigualdades que siempre ha generado la pobreza extrema, al decirles a todos  “las riquezas de la tierra penetran por los pies y ayudan a afianzar los conocimientos”.

De experiencias como esta –abundantes en los campos de la Cuba neocolonial- surgió el poema Romance de la niña mala. Un vecino del ingenio/dice que Dorita es mala. / Para probarlo me cuenta/que es arisca y malcriada/ y que cien veces al día/ todo el batey la regaña…

Fue esta una etapa en la que, a la par de sus responsabilidades como maestro, desarrollaba una intensa labor poética y cumplía sus compromisos políticos, porque su vida y su talento encontraron en aquella aulita la mayor motivación creativa.

Que surja al sol todo el oro de su naturaleza

Cuando se dijo que Cuba iba a liquidar el analfabetismo en el solo término de un año, aquello parecía una afirmación temeraria. Y lo fue. Resultaba muy difícil llegar hasta el más apartado rincón de Cuba a llevar las letras adonde nunca había llegado un maestro y hacer surgir, desde la oscuridad de la ignorancia y el olvido, el sol con todo el oro de su naturaleza.

La Comisión Nacional de Alfabetización, estuvo presidida por el Ministro de Educación, y se designó un Coordinador Nacional –Mario Díaz-, responsabilizado con el quehacer de cuatro secciones: técnica, de propaganda,  de finanzas y de publicaciones.

La cartilla “Venceremos”, y el manual “Alfabeticemos”, el farol, los uniformes y otros recursos materiales para más de 100 000 personas estuvieron garantizados.

Y en cada pedazo de la Isla, de Este a Oeste y de Norte a Sur, estuvo Raúl Ferrer, en su condición de vicecoordinador nacional de la Campaña de Alfabetización. Un acontecimiento de tal envergadura, lo enamoró y, como decenas de miles de cubanos trabajó intensamente; la mayoría de los maestros y alfabetizadores le conocieron y muchos guardan aún gratos recuerdos de sus dotes de poeta y comunicador.

Raúl se sentía muy identificado con aquella cruzada contra la ignorancia. Y de su andar entre los jóvenes de aquel ejército de educadores y de las familias que los recibían en sus hogares, surgió el poema Alfabetización: Voy a aprender a escribir/ guajirita desdeñosa/para ponerte una cosa/que me da pena decir. / Qué doloroso sentir/ que llevo dentro un jilguero/ cantándome: —Compañero,/ toma lápiz y papel/ y escribe: “Guajira cruel,/ si no me quieres me muero”.

Conquistar con la lectura

Homenaje por el 70 cumpleaños de Raúl Ferrer.

En el homenaje de la Uneac por su 70 cumpleaños. Le acompañan, de izquierda a derecha, Ángel Augier, Onelio Jorge Cardoso, Joaquín G. Santana y Hugo Chinea. (Foto: HÉCTOR DELGADO/Archivo de BOHEMIA)

“La lectura no es una simple asignatura, es una facultad para dominar todos los conocimientos.” Era un apotegma que enarbolaba. Se le veía intranquilo cuando alguien echaba a un lado un libro, porque éste es en su criterio, “un gimnasio intelectual donde el cerebro se entrena en sus complejas operaciones mentales que profundizan las cuestiones del pensamiento y del talento”. Las páginas de BOHEMIA son testigos de tales afirmaciones.

Y es que con la misma pasión que puso en cada acto de su vida, presidió la Comisión Nacional del Programa de Fomento de los Hábitos de Lectura y Promoción del Libro, desarrollada en Cuba en los años 80; lo mismo se le veía en un aula, que en una base campesina, un centro de trabajo o consultorio médico.

Iba hasta esos lugares a conquistar con sapiencia, impecable oratoria y amor a la máxima martiana de ser cultos para ser libres. Y fue un combatiente del saber, un súbdito del Maestro, siempre con la certeza de que  “se han de reclutar soldados para el ejército y maestros para los pobres: […], preparar un pueblo para defenderse, y para vivir con honor, es el mejor modo de defenderlo”.

*Declarado desde 1993 Sitio Histórico Monumento Local



Romance de la niña mala

Niña triste

(whotalking.com)

Un vecino del ingenio

dice que Dorita es mala.

Para probarlo me cuenta

que es arisca y malcriada

y que cien veces al día

todo el batey la regaña.

Que a la hija de un colono

le dio ayer una pedrada,

y que a la del mayoral

le puso roja la cara

quién sabe con qué razones

por nosotros ignoradas.

Que si la visten de limpio

al poco rato su bata

está rota o está sucia,

que va siempre despeinada,

que no estudia una lección

y nunca sabe la tabla.

Que el sábado y el domingo

se pierde en las guardarrayas

persiguiendo tomeguines

y recogiendo guayabas.

Y yo pregunto: – Vecino,

vecino de mala entraña,

¿quién puede decir que sea

por eso mi niña mala?

Si hubieras visto lo íntimo

de su vida y de su alma

como lo ha visto el maestro,

¡qué diferente pensaras!…

Verdad que siempre está ausente,

pero si viene, no falta

entre sus manitas breves

un ramo de rosas blancas

para poner al Martí

que tengo a mitad del aula.

Con quien no traiga merienda

parte a gusto su naranja;

si cantamos al salir

se oye su voz la más alta,

su voz que es limpia y alegre

como arpegio de guitarra.

Y cuando explico Aritmética

le resulta tan abstracta

que de flores y banderas  

me llena toda la página.

Y prefiere en los recreos,

cuando juegan a las casas,

jugar con Luisa: la única

niña negra de mi aula.

A veces le llama: -Luisa,

y a veces le dice: ¡Hermana!

Y cuentan los que lo saben

que en aquella tarde amarga

en que no vino el maestro,

¡era la que más lloraba!

Cuando se premie el cariño

y lo rebelde del alma,

cuando se entienda la risa

y se le cante a la gracia;

cuando la justicia rompa

entre mi pueblo su marcha

y el tierno botón de un niño

sea una flor en la esperanza,

habrá que poner al pecho

de mi niña una medalla

aunque el batey, malicioso,

me le dé tan mala fama,

y tú –mi pobre vecino-

no entiendas una palabra.

 

Raúl Ferrer Pérez (1941)



 

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Irene Izquierdo

 
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