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Publicado el 12 Febrero, 2016 por Igor Guilarte Fong en Nacionales
 
 

El amor que a diario

Los cubanos somos enamorados por naturaleza. Por eso canto en esta fecha al valor de aquellos que por encima de cualquier adversidad defienden como idiosincrasia el amor a sí mismos, a la pareja, a los hijos, a la familia, a la patria: a la vida
Un día para el amor a uno mismo, a la pareja, a los hijos, a la familia, a la patria: a la vida

(Foto: informativo-de-hoy.info).

Por IGOR GUILARTE FONG

Aunque nunca me he creído el mejor o el peor, mucho menos “el último romántico” –título indiscutible de Álvaro Torres y de otros melancólicos cantores–, sí me considero sensible y amoroso. O eso creo, aunque no lo aparente. También soy de los que piensan que el amor es cosa de todos los días y no de uno específico, por lo que trato de dar a familiares y demás allegados el cariño y la simpatía “correspondientes a cada instancia”, más allá de la fecha fijada para fin tan especial.

No obstante, de nada vale otorgarle individualmente mucha o poca importancia al asunto. Aunque uno quiera borrar el número del calendario, intente hacerse el sueco con el rito del regalo, o no goce todavía la fortuna de haber encontrado a su media naranja; de cualquier forma, el cumplido a San Valentín, va. Sin duda, en casa, es la “efeméride central” del segundo mes del año.

Claro, como mismo existen días para las madres, los padres, los trabajadores, en fin, días para todo, hay uno para reverenciar la fe del corazón.

De ahí que la conmemoración del 14 de febrero –cuyo origen se vincula a la cultura anglosajona– fuera establecida en memoria del sacerdote Valentín de Terni, santo mártir romano cuya existencia se discute, pero que trascendió por desafiar las leyes antimatrimoniales del emperador Claudio II. Algunos, menos devotos y quizá más pragmáticos, señalan que el homenaje fue ideado como puro plan comercial, por aquello de las ventas “rosas” que genera.

A diferencia de otros lares, en Cuba no solo se toma como día del amor, sino además de la amistad y, obviamente, cada cual lo disfruta a su manera. Con más o menos ostentación, inspiración o euforia se decoran las casas con poemas y dibujos de corazones, se establecen buzones del amor en escuelas; en centros laborales se organizan a voces intercambios de amigos secretos; si la congestión de las redes lo permite, se envían sms y correos a propósito de la celebración.

Muchos van por la calle prodigándose besos y felicitaciones. Flores, postales, peluches, perfumes y bombones se obsequian “a pululu”. No falta quien espera al ser amado bajo el halo de velas aromáticas, con un plato, trago y ajuar sugerentes para la ocasión. ¡Cuánta palpitación! Incluso por dejar el salario en el empeño. Sin duda, los protocolos sociales a veces nos envuelven y empujan.

Por eso supongo, como de seguro diría el singular sofista en cuestiones de la existencia, el Cabo Pantera: ¡Quien no celebra un 14 de febrero, no sabe lo que es la vida!

Puede ser también –no soslayemos– un día gris para quien no esté “herido” por los dardos de Cupido, y quizá lo pase entre la nostalgia y el abatimiento, pero aun en las sombras se ve mejor el rayo de luz. Vale también quererse a sí mismo.

Porque soy amante de la realidad cotidiana, en tiempos de amores intempestivos y difíciles, de amores de alquiler, desamores y trivialidades, prefiero pensar el 14 de febrero como ocasión para la búsqueda y el descubrimiento íntimos; para repasar valores, necesidades y sentimientos individuales de amor y paz hacia los demás y el mundo; para renovar todas las pasiones y las esperanzas de felicidad.

Los cubanos, en general, somos enamorados por naturaleza. Y eso forma parte también del orgullo y la identidad que debemos preservar. Por eso canto en esta fecha al valor de aquellos –cubanos todos– que por encima de cualquier adversidad defienden como idiosincrasia el amor a sí mismos, a la pareja, a los hijos, a la familia, a la patria, a la vida.

Ejemplos de quienes supieron y saben amar en todas esas dimensiones hay muchos: desde Hatuey y Guarina, hasta Adriana y Gerardo, con su pequeña Gema; o como el de Rogelio y Norma, mis viejos vecinos de los altos.

Aún no sé si en esta ocasión, que cae domingo, lo pase en casa como otro habitual día de ocio, o lo celebre con pompas inusuales para mi ideal. De cualquier modo estoy seguro de que será uno de los más especiales en mi vida, pues en maternal vientre crece el fruto de la unión en pareja. Dicho en dos palabras: el regalo más perfecto para un 14 de febrero y una nueva forma de aprender a sentir y disfrutar el amor.


Igor Guilarte Fong

 
Igor Guilarte Fong