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Publicado el 29 Marzo, 2016 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL: Norma, no campaña

Mantener la limpieza del barrio, de la ciudad, del país es garantía de bienestar
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Por estos días de intensa ofensiva nacional para reducir los índices de infestación de mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus, muchas personas –incluyendo funcionarios de salud pública y trabajadores de la campaña antivectorial– admiten apreciar mayor percepción de riesgo en la población ante la posibilidad de contraer alguna de las enfermedades transmitidas por esos insectos.

Individuos habitualmente reacios a que les fumiguen sus viviendas han abierto ahora las puertas, sobre todo luego de conocer la amplia diseminación en la región de las Américas del virus del Zika, y la presencia en Cuba (hasta el 21 de marzo) de cuatro casos importados y uno de transmisión autóctona.

La asociación de esta arbovirosis con la aparición de microcefalia en recién nacidos de madres infectadas por el virus, y con la probabilidad de contraer el síndrome neurológico de Guillain-Barré, son poderosas razones para involucrarse en la lucha contra estos mosquitos, transmisores también de chikungunya y dengue. El último de los mencionados considerado como el virus que cursa con más gravedad.

Los perjuicios que durante años ha ocasionado el dengue a la salud de los cubanos –aun cuando no alcanza la dimensión que tiene en otras naciones, gracias a la atención médica oportuna, calificada y gratuita– son lecciones humanas dolorosas que debieran abrir, más que puertas, las conciencias de muchos en cada rincón de la Isla.

Altos índices de infestación del mosquito del género Aedes detectados en 55 municipios del país confirman que la mayor cantidad de criaderos del vector está en el interior de las viviendas y centros laborales. Aunque estos insectos pululan también en los salideros de agua, vertimientos de albañales, y basureros.

Como mismo los desechos se han amontonado en espacios públicos, las deficiencias de Servicios Comunales, entidad encargada de recogerlos, se acumulan en el tiempo. El análisis periódico del tema en la Comisión de Salud y Deportes del Parlamento cubano, ha definido lo que entorpece la labor de higienización por parte de esa entidad. Entre los obstáculos se mencionan: insuficiente equipamiento y baja disponibilidad técnica de los medios existentes; dificultades organizativas y escasez de personal, sobre todo calificado para ocupar cargos de dirección.

Pero destrabar el asunto requiere, además, cambios en la estructura de dichos servicios, como el traspaso a otros organismos de algunas de las múltiples tareas asumidas por Comunales, que hacen más complejo su trabajo.

Aun cuando el diagnóstico está hecho, es lenta la solución definitiva de una situación que pone en peligro la salud de las personas, deteriora la imagen de las ciudades –como ocurre en La Habana– y echa por tierra cualquier acción por fomentar la cultura sobre la necesidad de preservar la higiene y el cuidado del medioambiente.

El pasado 22 de febrero, el compañero Raúl, en su llamamiento al pueblo acerca de las medidas para prevenir la entrada y propagación del zika en Cuba, exhortó a que esta campaña no se convierta en una más y precisó que luego de la etapa intensiva se debe implementar un plan de sostenibilidad en el tiempo, de forma que frene los índices de infestación.

La magnitud de los problemas acumulados, y la no disponibilidad de recursos para resolverlos en su totalidad en un breve período, obliga a los organismos y ministerios implicados en dicho plan a definir prioridades, a fin de solucionar cuanto antes las dificultades más acuciantes. A la par, es vital que cada persona cumpla con las más elementales normas de cultura y civilidad, y haga lo necesario para preservar la higiene ambiental.

Mantener la limpieza del barrio, de la ciudad, del país es garantía de bienestar. Es, también, expresión de amor y respeto por el sitio donde uno nació, donde vive. Es la manera de poder mostrar a los visitantes urbes hermosas y apreciadas por sus moradores; de permitirnos el placer de caminar por nuestras calles, respirar aire limpio, y que orden e higiene en los espacios públicos sea lo común y no el resultado de campañas.

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Redacción Digital

 
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