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Publicado el 3 Marzo, 2016 por Irene Izquierdo en Nacionales
 
 

En la agricultura, trabajar como un reloj

Es preciso multiplicar la eficiencia en la comercialización de los productos del sector, porque los altos precios prevalecientes hoy deben tener una solución que se refleje en la mesa de los cubanos
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Por IRENE IZQUIERDO

Los cubanos quieren que los agromercados están así de surtidos, pero con precios asequibles a sus bolsillos. (radiorebelde.cu).

Ya es cotidiano que cuatro tomates de baja calidad nos hagan desembolsar 15 pesos, que algunos pimientos, sin la más mínima presencia como para invitar adquirirlos, cuesten 12 pesos, y el precio de la cebolla esté en correspondencia con el lugar donde la persona vaya a comprarla. Justas y lógicas son las quejas de una población que siente en sus bolsillos los efectos de un alza en los precios, que parece no tener fin.

Un pregonero por aquí; un carretillero por allá. Con las correspondientes licencias unos; de manera furtiva, otros, y con mercancías que muchas veces no aparecen en el agro, adornan el panorama cotidiano. Si bien sabemos que la sequía ha hecho de las suyas en todo el territorio nacional, no se justifica que productos sin la calidad necesaria tengan precios tan elevados, aunque prevalezca el mercado de oferta y demanda.

Un imperativo de los tiempos que vivimos es producir más, algo que ahora se respalda por la decisión de que el Estado acopie todo cuanto el campesino esté en condiciones de producir, como resultado de un programa de evaluación de las potencialidades de cada provincia.

En mayo del pasado año se celebró el XI Congreso de la ANAP. Durante todo el proceso de la importante cita, los debates se centraron en el aprovechamiento de las reservas productivas y de eficiencia, en el papel social de la cooperativa, la capacitación y el máximo uso de la ciencia y la técnica, como principales puntos.

Desde entonces, ha llovido poco –habida cuenta de la sequía-, pero ha transcurrido un tiempo considerable para la adopción de medidas organizativas que garanticen la elevación de entregasde viandas, hortalizas, granos, cárnicos y otros renglones al Estado, que como una medida cardinal, ya no quedará solo en el 30 por ciento, como sucedía antes.

Es preciso que el resultado de este trabajo se traduzca en satisfacción de las necesidades del pueblo. (Foto: juventudrebelde.cu).

¿Quiere esto decir que, de inmediato se verán los resultados? Está claro que no, pero paulatinamente permitirá ir rebajando los precios de los alimentos -no cuento a los que ofertan los usureros en las calles, entes que no desaparecerán de hoy para mañana- en los agromercados y otras unidades destinadas a la comercialización.

Con tal decisión, es probable que en los meses venideros sea evidente cambio –para bien- en las entregas de productos a los centros de acopio y beneficio, donde deben estar creadas las condiciones para recepcionar, volúmenes muy superiores a los que hoy reciben, y estar en condiciones de entregarlos a los centros para su adquisición.

Nadie desconoce el reto que ello impone. Recepcionar, beneficiar y comercializar todo lo que nuestros campesinos son capaces de producir –reservas notables tienen- demanda agilidad y, sobre todo, mucha eficiencia. No hay derecho a permitir que grandes cantidades de alimentos se pierdan porque falló el transporte, no había fuerza de trabajo para manipularla o el combustible para su traslado no se planificó adecuadamente. Planificación y organización, deben dejar de ser palabras para convertirse en instrumentos imprescindibles; los contratos han de hacer valer su carácter de ley, porque la alimentación del pueblo deviene asunto de seguridad nacional.

En todo viene como anillo al dedo la frase popular de que existe un lugar para cada cosa y cada cosa debe estar en su lugar, en virtud de que nuestra agricultura se realice donde tiene que realizarse: en la mesa de los cubanos. ¿Qué es preciso para ello? Que cada detalle funcione con la precisión de un reloj.

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Irene Izquierdo

 
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